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Cuando Oviedo tenía una fábrica de loza: 120 años de la fundación de la factoría de San Claudio

Aunque el complejo cerró hace doce años, sus vajillas siguen siendo codiciadas, convertidas incluso en piezas de museo

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Los tesoros en loza de San Claudio Franco Torre

Durante cerca de un siglo, Oviedo disfrutó de una fábrica de loza de referencia a nivel nacional. La factoría de San Claudio, que cerró sus puertas hace doce años, llevó sus distinguidos diseños a las mesas de toda España, incluso al palacio de la Zarzuela, donde la reina Letizia utiliza una de las más celebradas vajillas de San Claudio, la serie “Flores y frutas”. Este año, dentro de unas pocas semanas, se cumplirán 120 años de la fundación de esta empresa señera, cuyos diseños más singulares son, literalmente, piezas de museo.

El origen de la fábrica se sitúa el 22 de junio de 1901. Ese día se constituyó la Sociedad Senén María Ceñal y Compañía. Firmaron el acta de fundación diez socios, que se repartieron las 54 participaciones de la nueva empresa, a razón de 12.500 pesetas cada una: eran los hermanos Ramón, Esteban y Senén María Ceñal, la Sociedad Ramón Ceñal y hermano, Policarpo Herrero, Manuel Caicoya, José Suárez Valle, Ramón Blanco Quesada, Pedro González-Quirós y Graíño, y Gerardo Berjano y Escolar.

En septiembre, el Ayuntamiento de Oviedo recibió la autorización desde Madrid para que la Sociedad pudiese abrir una fábrica de loza en la conocida como Huerta de Abajo, en San Claudio. Acto seguido, durante 20 meses, un grupo de 50 hombres edificaron la factoría, lo que requirió de una inversión de un millón de pesetas de la época. El complejo contaba con diez pabellones y un amplio sótano. Su disposición discurría en torno a un eje que iba de este a oeste, siguiendo la línea de ferrocarril Trubia-Oviedo, que servía tanto para llevar suministros y materias primas a la fábrica como para poder sacar los productos ya acabados. La factoría, con unos 150 empleados, comenzó a funcionar en junio de 1903, y entre agosto y septiembre de ese año salieron las primeras piezas.

Un plato de la serie “Vistas de Jardín”. Museo de Bellas Artes de Asturias

En esa primera fase de la historia de la fábrica de loza, hay una figura fundamental: Luis Vázquez Sandoval. Sevillano de nacimiento, Vázquez Sandoval llegó a Oviedo en 1902, con 27 años, y se cree que por iniciativa del propio Senén María Ceñal. “Don Luis”, como era conocido en la factoría, dotó a la fábrica de métodos de trabajo comunes a las fábricas de loza de la época, e impulsó los primeros diseños decorados, que en ese momento alcanzaban apenas a un 10% de una producción estimada en unas 100.000 piezas al mes. La etapa de Vázquez Sandoval duró cuatro años, hasta que el sevillano firmó por la fábrica barcelonesa de Montgat. Senén María Ceñal intentó impedir la salida de su “hombre fuerte” dándole incluso participaciones en la compañía, pero todo fue en vano. En cualquier caso, los métodos de producción impulsados por Vázquez Sandoval se mantuvieron, y la fábrica funcionó bien en los años siguientes, logrando incluso un hito como fue la Medalla de Oro de la Exposición de Buenos Aires de 1910.

La Familia Real, comiendo en la vajilla “Flores y frutas”. | Casa de S. M. el Rey

Con la “Gran Guerra” llegaron los problemas para la fábrica ovetense. Las dificultades para acceder a la materia prima para fabricar la loza china opaca, precipitaron a la factoría a una profunda crisis, que propició la venta del complejo con todas sus pertenencias, ya en 1920, a José Fuente y Díaz-Estébanez, un empresario trubieco que pagó 1.875.000 pesetas.

Fuente se asoció con Luis Pérez Lozana, Marcelino Fernández-Suárez, Fernando Fernández-Ladreda y Guillermo Fuente para dar un nuevo impulso a la factoría, denominada ya como Fábrica de loza de San Claudio. Con Fernández-Ladreda, capitán de artillería, como director técnico se modernizó la factoría, con el objetivo de agilizar la producción para lograr una mayor rentabilidad. Entre las grandes decisiones que se tomó en esta época destaca la electrificación de la factoría, que hasta ese momento funcionaba con vapor. En cuanto al problema de suministros, se solventó recurriendo a los caolines gallegos.

La sopera “Berlín”, con decoración de la serie “Molino”.

La sopera “Berlín”, con decoración de la serie “Molino”. Museo de Bellas Artes de Asturias

Durante la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) y en los primeros años de la Segunda República, la fábrica de loza vivió su primera etapa de esplendor, llegando a contar con 300 trabajadores en la fábrica. En esta época también se cambiaron las técnicas decorativas, incorporando el conocido como “pequeño fuego”, una técnica por la que la pintura se aplica sobre la cubierta de la loza, para después ser fijadas a menos de 900 grados.

Tras la Guerra Civil, la fábrica afrontó un período de normalización que se prolongó hasta 1950. En esos años, con la producción mermada, la acertada gerencia de José Fuente Fernández propició que la factoría afrontase un nuevo proceso de modernización e incrementase progresivamente la calidad de las piezas.

La cafetera "Oviedo".

La cafetera "Oviedo". Museo de Bellas Artes de Asturias

En 1950, se procedió a ampliar la fábrica, lo que motivó una ampliación de capital para poder instalar dos hornos Kerabedarf, importados de Alemania. Era el inicio de la etapa más próspera de la fábrica, con Luis Fumanal Otazo de director artístico. Durante sus 37 años al frente de la fábrica (1952-1989), Fumanal Otazo convirtió la fábrica de loza de San Claudio en un referente a nivel europeo, llegando a tener 600 empleados.

Tras la jubilación de Luis Fumanal Otazo, la fábrica entró en un progresivo declive, a consecuencia del incremento de los gastos y de la contracción de las ventas por la competencia asiática. Finalmente, la factoría cerró sus puertas en 2009, tras varios años de declive. Pero sus mejores piezas, auténticos “best sellers” como la cafetera “Oviedo”, la sopera “Berlín”, los platos decorados de la serie “Vistas de jardín” o la vajilla “Flores y frutas” –la misma que la reina Letizia utiliza para comer con su familia, como quedó de manifiesto en unas fotografías difundidas por la Casa Real en enero de 2018– aún son codiciadas, e incluso una importante selección se conserva en el Museo de Bellas Artes de Asturias, como parte fundamental de su colección de Artes Decorativas.

La fabrica de loza de San Claudio, en una imagen de 1959. LNE

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