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María Luz González Peña Directora del centro de documentación y archivo de la SGAE

“Se crean pocas zarzuelas nuevas, pero se puede hacer y hay que intentarlo”

“El archivo de la SGAE es inabarcable, pero después de treinta años al frente lo acabas conociendo un poco”

María Luz González Peña, ayer, en el RIDEA. | Irma Collín

María Luz González Peña, ayer, en el RIDEA. | Irma Collín

María Luz González Peña lleva casi treinta años trabajando entre las partituras guardadas en el madrileño Palacio de Longoria. Avilesina de nacimiento, González Peña pertenece a la primera promoción de musicólogos formados en Oviedo donde, en la tarde de ayer, dio una conferencia en la sede del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA). Desde su creación en 1993 el centro de documentación y archivo de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) ha estado en sus manos. En el archivo de la sociedad, centrado especialmente en el género lírico, gestionan tanto la parte comercial del mismo, tratando con teatros y autores que quieran explotar las partituras y libretos que se conservan, como la parte documental al servicio de los investigadores. La conferencia, titulada “10.000 zarzuelas y alguna cosa más”, trata justo de eso, de la inmensa colección de partituras y libretos custodiados “allí abajo” y, en especial, de la presencia de Asturias, en temática y autores, a lo largo de la historia de la lírica española.

–Diez mil zarzuelas ¿y qué más?

–Tenemos de todo, pero lo más importante es la zarzuela, nadie que quiera dedicarse a ella puede hacerlo sin contar con el archivo de la SGAE. Tenemos 10.000 materiales de orquesta de teatro lírico, 44.000 partituras de música de cámara y sinfónica, 40.000 de pop clásico, 15.000 textos teatrales, 63 legados personales... Es un archivo inmenso e inabarcable. Después de treinta años acabas sabiendo un poco, pero es imposible conocerlo del todo. Preparando la conferencia, por ejemplo, encontré varias zarzuelas de temática asturiana.

–En las últimas décadas no se habrá engrosado mucho el archivo.

–La creación es escasa. Realmente lo que hay de novedad suele ser lo que se recupera, no son obras nuevas. Hay alguna cosa, Guillermo Martínez estrenó “Maharajá” en 2017, que es una zarzuela sobre Oviedo, y el teatro de la Zarzuela organizó un concurso de zarzuelas de nueva creación, pero todavía no se ha estrenado. Zarzuelas nuevas hay pocas, pero no es algo imposible y hay que intentarlo.

–¿Cuál es la labor del archivo?

–Cuando, por ejemplo, el Campoamor programa “La del Manojo de Rosas” es porque nos alquila la partitura y los materiales. Esa es una parte, la custodia de las partituras, los documentos y su posterior gestión para la explotación. Por otra, aunque ahora está mermada por las restricciones del covid es poner a disposición del público todo nuestro archivo documental para su estudio y consulta.

–Diez mil zarzuelas no se juntan en dos días.

–La historia del archivo y de la SGAE es larga. Nace en 1899, el periodista Sinesio Delgado y el compositor Ruperto Chapí, que sabían cómo se gestionaba la obra de los autores en Francia siembran en los autores españoles la idea de la independencia. Hasta entonces, los editores compraban a los autores sus obras pasadas y futuras, y eso para alguien recién llegado a Madrid, podía estar bien, pero no volvía a ver una peseta. La idea era que los autores pudieran vivir de su creación. Y, desde 1993, todo ese archivo está a disposición del público.

–Asturias, con la programación de Oviedo, tiene su peso en la escena nacional del teatro lírico.

–Pero también en el plano histórico. Preparando la conferencia he encontrado auténticas maravillas. No solo autores asturianos, también obras de temática asturiana. “Miguelín”, de José Padilla, por ejemplo. Pero no solo guardamos historias asturianas de zarzuela en el archivo. De don Ramón de Campoamor, que es más poeta que autor dramático, conservamos alguna obra; lo mismo que de Clarín, que no es propiamente asturiano pero ya es como si fuese nuestro. Hay muchísimas curiosidades en el archivo de la SGAE y muchas muy desconocidas. Aunque por desconocido puede ser hasta que el teatro Campoamor se llama así por el poeta.

–Ese también es trabajo del archivo, colaborar porque estas cuestiones no sean desconocidas.

–Custodiamos los documentos y hacemos posible que se puedan volver a interpretar las partituras, si esas obras se graban, como ocurre en algunos casos, es un patrimonio que se conserva y se difunde. Además, yo hago otro trabajo, que es repetirle a todo aquel que me encuentro, por ejemplo, que este año se cumple el bicentenario del nacimiento de Emilio Arrieta, uno de los mejores compositores españoles. O que el año pasado se cumplieron cien años del nacimiento del dramaturgo Miguel de Palacios, otro que más asturiano no pudo ser: nació en Gijón y murió en Covadonga. Poca gente sabe que el libreto de la famosa zarzuela “La Corte de Faraón” está firmada por él, un asturiano, al igual que otras muchas obras del género.

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