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Juan Díaz-Faes Diseñador ovetense

“Para no salir de casa prefiero trabajar mirando al mar que pagar un pastizal en Madrid y ver autobuses pasar”

“Mi herramienta fundamental es el lápiz y no las redes sociales”

Conocemos al artista ovetense Juan Díaz-Faes: “Para no salir de casa prefiero trabajar mirando al mar que pagar un pastizal en Madrid y ver autobuses pasar” Elena Vélez

Juan Díaz-Faes (Oviedo, 1982) valora la calidad tanto en la vida como en el arte. Artista polifacético especializado en ilustración, deja su impronta personal en todas sus obras. La última, una colección de cinco piezas para la firma de joyas Suárez en las que el mundo del “skate” cobra protagonismo. Trabaja mirando al mar en la vecina Cantabria y colabora con artistas jóvenes y apasionados del surf en proyectos audiovisuales, como “Stuck in the north projects” o “Prohibido fijar carteles”. Discreto y generoso con los que empiezan, apenas comenta que su primera exposición individual fue el año pasado en París, en el centro cultural Point Ephemere y bajo el gracioso título: “Qu’est-ce que tu Faes?” (¿Qué estás haciendo?). Atiende a LA NUEVA ESPAÑA por la mañana mientras hace una pausa en el trabajo y vigila a su perro.

–¿Cómo surge la colaboración con la firma de joyas Suárez? A priori, parece una marca con un estilo opuesto al suyo.

–Porque suelo trabajar con el proyecto artístico internacional Colección Solo, que fomenta el arte contemporáneo y hace colaboraciones con firmas diversas como esa. Es también una forma de ver qué pasa si una marca relativamente clásica como Suárez trabaja con diseñadores con proyectos y diseños más moderninos. Nos lo propusieron a Sergio Mora, Ryan Heshka y a mí. La firma quería que investigáramos sobre el amor porque una parte importante de su público es gente que compra joyas para su pareja. Yo di una visión muy personal. En vez de amor humano plasmé el amor pasional por lo que me gusta: el skate, el surf... Hice cinco piezas: dos corazones, un anillo de hombre, un colgante con la palabra “Love” y un brazalete grande que es un tornillo.

–¿Cómo se define profesionalmente?

–Como un culo inquieto más que como artista. Me atrae todo lo que tiene que ver con la creación desde un punto de vista plástico o estético. Eso sí, si algo soy por encima de otras cosas es dibujante. Lo que dibujo en 2D lo aplico en objetos que tengan o no que ver con la gráfica. Por ejemplo, alguna escultura de madera que dejo abandonada por ahí en un bosque o tablas de surf.

–¿Siempre tuvo claro que quería dedicarse al arte?

–Sí. Estudié el Bachillerato Artístico en la Escuela de Arte de Oviedo y como en Asturias no hay Facultad de Bellas Artes me marché a Salamanca y luego hice un doctorado en Creatividad en Madrid. La vida de estudiante la acabé currando de muchas cosas relacionadas con el dibujo y la gráfica en Madrid. Tuve suerte y me fue bien.

–¿Se puede vivir del arte?

–Se puede. Es cierto que no es algo fácil porque es pasional y no tan rentable al principio. Tardas mucho tiempo en que se te tome en serio o incluso en saber qué es que lo que estás haciendo. Crear un lenguaje artístico propio es difícil. Ahora, la parte visual tiene mucha importancia. La gente tiene cada vez más cultura visual y valora la calidad y la originalidad. Hay mucho mercado, pero no es que cómodo ni fácil.

– ¿Cuál es su nicho de mercado?

– Trabajé 14 años como ilustrador. Entonces vivía más de la editorial y de la publicidad. Desde hace unos años intento hacer más proyectos personales relacionados con el arte; un trabajo más expositivo y menos funcional porque, para mí, la ilustración es mucho más funcional, y el arte, un consumible. El nicho de mercado ha cambiado pasando a ser más de coleccionistas o gente a la que le gusta tu trabajo. También es cierto que la publicidad valora la parte artística. Me muevo a caballo entre la publicidad, los proyectos personales, las exposiciones y los coleccionistas.

–¿Por qué cambió Madrid por el Norte?

–En Madrid empecé a trabajar y a conseguir clientes. La lógica es que cuando la rueda va sola no hace falta estar allí. Estás en tu casa encerrado trabajando, que es la parte interesante. Por eso, mi novia y yo decidimos que ya no necesitábamos Madrid. Para no salir de casa prefiero estar mirando el mar que pagar un pastizal en Madrid y ver autobuses pasar. Habíamos pensado en Asturias, pero salieron unas cosinas y llevamos en Cantabria tres años.

–¿Cómo le afectó el confinamiento?

–Se me cayeron bastantes trabajos internacionales, pero luego noté un pico de venta de arte. La gente invirtió más en arte para sus casas durante el confinamiento. No me puedo quejar, yo estaba mirando al mar mientras creaba. Yo trabajo en casa a mi ritmo, igual estoy cuatro días en pijama.

–¿Las redes sociales son un aliado del arte contemporáneo?

–Veo las redes con un poco de reticencia, pero sí. Soy consciente de que son una herramienta, aunque intento que no se conviertan en fundamentales. Mi herramienta fundamental es el lápiz y no las redes. Tengo muchos debates sobre eso con amigos y cervecina.

–No ha perdido el deje asturiano. “Cervecina”, “moderninos”...

–Puedo hablate más asturiano tovía. No he querido perder la capacidad de hacer proyectos más informales tipo camisetinas, por eso he hecho una marca o “leit motiv” que se llama “Only Rises” y muchas personas lo pronuncian: “Only Raises”. Una vez me escribió un cliente de Suiza pensando que la colección iba de amaneceres y le tuve que explicar el asturiano.

–¿Y cómo reaccionó?

–Esto es como cuando ves una película y haces tú propia interpretación de lo que quiere decir al final, pero luego sale el director diciendo otra cosa.

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