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Verónica Leuci Profesora de la Universidad Nacional de Mar del Plata (Argentina)

“Ángel González fascina a todos porque es un escritor cercano al hombre común”

“En Mar del Plata, muchos elegimos la obra del poeta ovetense para iniciar el camino académico”

Verónica Leuci. | V. L.

Verónica Leuci. | V. L.

Verónica Leuci, profesora de la Universidad Nacional de Mar del Plata, impartió ayer la conferencia telemática “ ‘¿Qué sería tu nombre sin ti?’ Poesía y nombre propio en Ángel González”, organizada por la Cátedra Ángel González. Antes de la charla, Leuci conversó, vía telefónica, con LA NUEVA ESPAÑA.

–¿Cómo llegó a Ángel González?

–Fue en 2004, acá, en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Cursé Literatura Española con la catedrática Laura Scarano, y me fascinó la poesía de Ángel González.

–¿Qué fue lo que más le impactó de su obra?

–Sobre todo el tema del uso del nombre propio, una inquietud que se alargó toda mi carrera. Continué trabajando con el equipo de Scarano e hice la tesis doctoral sobre el tema del nombre propio en la obra de Ángel González y Gloria Fuertes, en los que hay mucha carga semántica. Luego trabajé otras facetas de la obra de Ángel González, como el humor, la metapoesía... me parece una figura superinteresante sobre la que trabajar. Me gusta mucho su poesía, lo admiro, y disfruto mucho trabajando sobre Ángel González. Por eso, cuando me convocaron de la Cátedra Ángel González me produjo una gran alegría, porque es un poeta que me acompañará siempre y un autor poderoso, con una poética muy interesante y con muchas aristas sobre las que trabajar.

–Habla del tema del nombre propio, ¿cómo funciona en la obra de Ángel González?

–Ángel González crea un personaje en su poética y enfatiza esa construcción del personaje otorgándole su propio nombre. Lo hace ya en 1956, en ese poema: “Para que yo me llame Ángel González, / para que mi ser pese sobre el suelo, / fue necesario un ancho espacio / y un largo tiempo...”. Así, este nombre, este personaje con nombre propio, va a recorrer sus libros, apareciendo en unas pocas ocasiones pero en épocas distintas. Va a recorrer toda su poética, durante medio siglo, primero en consonancia con rasgos históricos y luego siguiendo la modulación propia de la estructura de los poemas, proponiendo un ejercicio más metapoético, enfatizando la idea de máscara.

–Esas apariciones de su nombre, ¿podría decirse que se producen cuando el poeta se enfrenta a una encrucijada?

–Puede ser como una apuesta más humanista, más social, pero es cierto que puede ser que lo use en momento críticos. Por ejemplo, en 1967, cuando empieza a dudar, cuando la poesía se tambalea. Ahí, en un poema clave como es “Preámbulo a un silencio”, postula el escepticismo mayor de su obra y eso lo cifra en su nombre, un nombre además sin apellido: “Ángel, / me dicen, / y yo me levanto / disciplinado y recto / con las alas mordidas...” escribe. Son de alguna manera poemas autoficcionales, en los que juega entre la autobiografía y la ficción, dentro de un camino metapoético.

–¿Cómo es que la obra de Ángel González tiene ese predicamento en Argentina?

–Acá, en Mar del Plata, es un poeta que se da, que se estudia, porque Laura Scarano y otras profesoras lo incluyen en los estudios. Y es un poeta que llega a los alumnos, que fascina y que es muy admirado, porque es un poeta que se presenta cercano al hombre común: sus problemas y percepciones son las de todos. Por eso es siempre bien aceptado, cuando se enseña su obra a los más jóvenes, y también por eso muchos, como yo misma, lo eligen para empezar su camino académico. Hay otras universidades en las que también se enseña su obra, como en Buenos Aires, pero aquí, en Mar del Plata, está el foco principal.

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