Antonio López (Tomelloso, Ciudad Real, 1936) llegó ayer a las ocho y veinte de la tarde a Oviedo en un tren procedente de Madrid. Mirada clara y divertida, ningún saludo de concejal ni ofrecimiento protocolario le hizo desprenderse de su maleta en la Estación del Norte. Sus primeras palabras fueron para su “querido amigo” Félix Alonso, con el que conoció Asturias, una tierra que le daría en el año 1985 -también lo recordaba ayer bien- el premio “Príncipe de Asturias” de las Artes y que hoy le invita a charlar con el artista Ricardo Mojardín en el teatro Filarmónica dentro de la programación de la Semana Profesional del Arte.

Llegada de Antonio López a la estación. | Irma Collín

Llegada de Antonio López a la estación. | Irma Collín

–¿Cómo está? ¿Cómo le ha afectado la pandemia?

–Vacunado desde hace tres meses. Y muy bien. A los que pintamos, a los que escribimos no nos ha influido. Es un trabajo muy solitario y no hemos notado casi diferencia. Algunos menos que yo, los que no necesitan trabajar del natural y pueden hacer el trabajo metidos en el estudio permanentemente. Esos han hecho como siempre. Yo he trabajo en menos cosas de las que acostumbro. Estaba muy metido en mi casa, así que he trabajo sobre los temas de mi casa.

–Ha sido una enfermedad cruel con la gente mayor.

–A mí no me ha tocado. En mi familia, gracias a dios, todos estamos bien. Mi mujer se murió hace un año, pero no fue de esto. Nosotros hemos tenido suerte y ninguna persona cercana se ha contagiado. Tampoco me ha obsesionado. Yo he ido, he venido y he salido cuando lo he necesitado, con prudencia, porque en Madrid tienes que salir.

¿No sintió ninguna angustia?

–No lo he sentido. Debe ser que he sido un inconsciente. He seguido trabajando y haciendo los temas y motivos que acostumbro. Hubo una nevada muy impresionante. Y de pronto Madrid era una ciudad desconocida. Duró una semana, yo tengo un jardín y se helaron muchas cosas. Fue muy llamativo.

Entiendo que haya gente para la que la pintura sea una dificultad y quieran abreviar y manifestarlo de otra manera. A mí me gusta mucho pintar; y lo que no está bien es que esa gente que no necesita la pintura arremeta contra los que hacen la pintura

–¿Trabajó con eso?

–No, porque no sabía lo que iba a durar. Esas cosas enseguida desaparecen. Pero era una ciudad distinta y un jardín distinto, en mi caso. Era un mundo soñado, muy extraordinario, muy llamativo, me impresionó mucho. Las nevadas las he visto muchas veces, pero así, como nevó, nunca había visto la ciudad sepultada en la nieve.

–También el confinamiento dejó imágenes de una Gran Vía vacía, muy suyas...

–No fue voluntad mía hacer una ciudad futurista. Es que los coches se mueven, las personas se mueven y las nubes se mueven, pero yo decidí que todo lo que se movía debía quedar fuera porque no quería recurrir a la fotografía, en este caso. Quería hacerlo todo al natural. Por eso quedaron reflejadas las cosas inmóviles.

Antonio López llegó ayer a las ocho y veinte de la tarde a Oviedo. A la estación fueron a recibirle Marta Fermín y el concejal José Luis Costillas. | Irma Collín

Antonio López llegó ayer a las ocho y veinte de la tarde a Oviedo. A la estación fueron a recibirle Marta Fermín y el concejal José Luis Costillas. | Irma Collín

–¿Usted se levanta por las mañanas y sigue pensando en el por qué o el para qué de la pintura?

–Para nada. Para mí es muy importante la pintura y lo sé desde hace muchos años. Empecé a los 13 años. Pero no es importante la que hago yo, lo es la que hacen los demás, la que han hecho los demás a través de los siglos, porque el arte es viejo como el hombre. Yo vivo entre libros y no puedo dejar de mirar esas maravillas que se han hecho. La pintura, la escultura, la literatura, el cine cuando llegó y, en general, el conocimiento de las cosas. La ciencia. Todo lo que hace al hombre más conocedor de las cosas es bueno. Yo no puedo dudar de eso. ¿Hasta dónde es necesario para los demás? Pues hay mucha diferencia entre unas personas y otras. Hay gente que está de espaldas a eso que nos importa tanto a otros y hay gente que le va la vida en verlo y que no se cansa nunca. Pero las cosas se hacen para la gente que las necesita. El que no lo necesita tampoco va a pasar nada. Pero hay gente que lo necesitamos mucho.

Es bueno que el arte tenga un valor económico, porque se ha destruido tanto arte grande por pensar que no tenía más valor que el ocasional de cada época que ha sido una desgracia

–Usted me habla del arte en general...

–Nos hace vivir mejor y nos va ayundando en esta vida tan difícil. Con tanta gente que hay ahora en la tierra hay que afinar mucho.

–Pero en el caso concrecto de la pintura, supongo que la crisis...

–¿A qué llama crisis?

–A lo que se los teóricos llaman la crisis de la pintura.

–Es que no sé lo que es

–La duda sobre si sigue siendo el medio más válido para llegar al conocimiento del que hablaba.

–Es que hay mucha diferencia. Hay gente, sobre todo si hablamos de la contemporánea, que está muy alejada de la pintura. Con la música pasará poco más o menos igual. Hay una música para consumir al que desea consumirla. Pero la música, si no es para unos, es para otros. La de Bach, Handel, Purcell, Beethoven, pues igual no. Pero a la gente le puede gustar otra música, porque la música es muy importante. La pintura, sin embargo, no hay una que valga para la gente que no puede llegar a la que tiene su dificultad. No hay una pintura fácil. Y sí hay un cine más fácil y uno más difícil, o al que se llega de forma más difícil.

–¿Y por qué sucede esto?

–Porque la música se puede bailar y el baile es necesario. Si no bailas una sinfonía de Beethoven, recurres al tango o a cualquier ritmo bailable. Tiene esa capacidad, va unida al baile y por eso es tan importante para la vida. El arte es muy importante, lo parezca o no, porque nos mejora la vida. Y si le mejora a uno, nos mejora a todos, porque el que no cuenta con ello va a encontrarse un mundo mejor gracias al arte.

–Me sorprende que diga que no hay una pintura fácil.

–La pintura es difícil en general, y la pintura que se hace fácil voluntariamente para que guste a todos, a los que saben menos no es buena, no es ejemplar. Hay que aspirar a un arte alto, siempre, se entienda más o se entienda menos. Como hizo Grecia, Egipto, Mesopotamia, Velázquez. El que llega, llega. Y al que no, algo le llegará. Pero lo malo es malo, y es venenoso, y hay que intentar no recurrir ahí como una solución, nunca es la solución.

En esos cuadros de Madrid no quise hacer una ciudad futurista. Decidí que todo lo que se movía debía quedar fuera, porque no quería recurrir a la fotografía. Por eso quedaron reflejadas las cosas inmóviles

–¿Hoy ha pintado algo?

–He lavado los pinceles. Y he pintado. He empezado un cuadro, Hoy es el cumpleaños de mi nieto pequeño, que se llama Martín, y he empezado la pintura de unas flores en estado de descomposición con el agua negra y las flores secas y lo he empezado esta mañana.

–¿Por qué?

–Porque quería hacerlo y era el momento de hacerlo. Ese tema va a durar mucho porque las flores ya están secas. El agua está un poco oscura y a la mitad del recipiente, pero la voy reponiendo conforme mengua. Y es muy interesante. He hecho ese mismo tema con esas flores frescas, con las flores en diferentes estados según el tiempo. Es un tema muy interesante que he encontrado al cabo de los años. Y para mí tiene relación con mi edad. Es algo que una persona joven a lo mejor no cae en lo interesante que puede ser: La descomposición de algo. Pienso yo eso. He llegado ahí, lo he encontrado muy recientemente: La belleza de la destrucción. De la flor, que es algo tan bello.

–¿Vive solo?

–Somos una familia que estamos muy juntos. Vivimos con una de las hijas y la otra está muy cerca. Así que no, no vivo solo.

–Supongo que pesará la ausencia de su mujer, la pintora María Moreno.

–Sí, claro que sí. Pero no estábamos solos entonces.

El arte nos hace vivir mejor y nos va ayudando en esta vida tan difícil. Con tanta gente que hay ahora en la Tierra hay que afinar mucho

–Vuelve la polémica sobre lo que cotiza el arte.

–Si eso sirve para que al arte se le respete, es bueno; para que no se tire, para que no se destruya, para que se piense que eso que se va a destruir cuesta mucho dinero. En ese sentido es bueno que tenga un valor económico. Porque se ha destruido tanto arte grande por pensar que no tenía más valor que el ocasional de cada época que ha sido una desgracia. El arte, al final, te llegará igual. Porque estará en al calle, en los museos, en los libros y porque, sobre todo, se va a hacer. Así que no me parece mal.

–¿Incluso que tenga valor el arte digital intangible?

–Está bien. Todo lo que va ocurriendo está bien.

–¿Y cuando David Hockney pinta con su iPad?

–Está bien. Es un artista. Él sabrá lo que hace.

Marta Fermín y Antonio López. | Irma Collín

Marta Fermín y Antonio López. | Irma Collín

Supongo que las herramientas no son tan importantes.

–Se puede incluso transmitir sentimientos a los demás sin pintura, a través de lenguajes que yo no uso pero que están ahí para los que lo necesitan. Al final, Hockney todavía está pintando. Hay gente que ha dejado de pintar y se considera que pertenecen al mundo de la pintura. A mí me gusta mucho pintar, y seguiré pintando. La pintura me gusta mucho, tanto lo que expresas con la pintura como la fisicidad del hecho de pintar. Me parece muy emocionante. Todo lo que encierra, lo que alberga como idea y todo el hecho de la construcción de la pintura me parece maravilloso. Me gusta mucho. Entiendo que haya gente para la que la pintura sea una dificultad y quieran abreviar y manifestarlo de otra manera. Lo que no está bien es que esa gente que no necesita la pintura arremeta contra los que hacen la pintura. Eso está muy mal.

–¿Por qué los niños pintan y los adultos dejan de hacerlo?

–Me lo he preguntado muchas veces y no lo sé. No lo entiendo, pero todo el mundo debería pintar. Si los niños lo hacen lo pueden hacer sus padres o sus abuelos. ¿Qué comparación con los profesionales les hace pensar que ya no pueden seguir haciéndolo? Habría que averiguarlo y animar a la gente a que se aficionara a la pintura. Que siguieran pintando como siguen cantando o bailando. Porque podrían hacerlo, y transmitir cosas y entretenerse. Es un entretenimiento barato que se hace con cualquier cosa.