Una gran ovación final despidió ayer la primera función de “La fiesta del Chivo”, versión teatral de la gran novela de Vargas Llosa que el Campoamor recibió con rendida admiración para su elenco.

En el reparto de lujo que levanta esta versión firmada por Natalio Grueso y dirigida por Carlos Saura, Juan Echanove destaca en primer lugar en su papel de General Trujillo. Pero también el resto del elenco son grandes profesionales que trabajaron muy bien ayer en Oviedo. Así, Lucía Quintana en el papel de Urania Cabral; Eugenio Villota en el de Johnnny Abbes, Eduardo Velasco como Manuel Alfonso; Gabriel Garbisu en la piel de Agustín Cabral y David Pinilla como Doctor Balaguer.

Es una propuesta sobria y convencional la que se vio ayer en el Campoamor, pero en la que sobresale de forma especial el trabajo de los intérpretes. De entre ellos, por la riqueza de matices, la capacidad y la valentía, destacó el trabajo de Echanove, ovacionado al final.

Todo el reparto fue despedido con muchos aplausos y ellos avanzaron, agradeciéndolo, hasta la boca del foso.

La escena, con un simple sillón, la arroparon unas proyecciones en las que se vieron fotografías de lugares y unos dibujos al pastel de ligera inspiración impresionista, muy adecuados para la versión dramática de la novela de Vargas Llosa.

Fue una buena respuesta para una apuesta de este tipo, fuerte y de gran cartelería, en la que se conjuga la literatura, el teatro y el cine, por la parte de Vargas Llosa, de Echanove y de Saura, respectivamente.

Era solo la primera función (hoy repetirán) pero las entradas, tanto para la función de ayer como la de hoy, hacía días que se habían agotado.

En “La fiesta del Chivo” se narran los últimos días del dictador Trujillo en la República Dominicana, el autor se vale para ello del personaje de Urania Cabral, una exitosa abogada que abandonó el país de forma misteriosa siendo una niña. Tres décadas después, regresa para visitar a su padre moribundo, el senador Agustín “Cerebrito” Cabral, un antiguo alto cargo del Régimen que cayó en desgracia. Durante ese viaje, se desvelará el secreto que la protagonista ha guardado celosamente desde su huida. ‘La fiesta del Chivo’ es una lección de vida, que nos recuerda que el valor y la dignidad son los únicos antídotos contra la maldad y la barbarie. En su adaptación, Natalio Grueso se ha servido solo de una de las líneas argumentales de la novela.