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El Padre Valdés, apóstol del deporte

Los antiguos alumnos del profesor y entrenador de hockey de los Dominicos recogen firmas para que el fraile figure en el callejero ovetense

De izquierda a derecha, Luis Miguel Suárez, el Padre Valdés y Chema Feito. | Miki López

De izquierda a derecha, Luis Miguel Suárez, el Padre Valdés y Chema Feito. | Miki López

“En vida, hermano, en vida...”, repite José Luis Álvarez Valdés (Figaredo, 1936), cada vez que alguien habla bien de un recién fallecido. Y predica, que algo queda. Tras 49 años de docencia en colegios de la orden de los Dominicos, primero en Oviedo y hasta junio de 2002 en La Felguera, los miles de alumnos –y jugadores de hockey– que pasaron por las manos del fraile quieren conseguir una calle para el legendario maestro y entrenador, que cumplió en abril 85 años. Luis Miguel Suárez, presidente de la asociación de antiguos alumnos del colegio Santo Domingo y Chema Feito se movilizaron para lograr que el nombre del Padre Valdés figurase en el callejero ovetense, y recogen firmas para lograrlo. Méritos no le faltan. No sólo por su labor en el campo de la enseñanza o en el púlpito, también por lo que hizo sobre la pista de patinaje. De ese hombre con sotana que se calzaba los patines se acuerdan generaciones. Y de sus enseñanzas en el terreno de juego nacieron ídolos y llegaron títulos a la ciudad.

El Padre Valdés, durante un entrenamiento en los Dominicos. | Vélez

Valdés repite de memoria los años en los que sus equipos se alzaron con la victoria en campeonatos autonómicos y nacionales. Cuenta de un tirón los resultados, los jugadores que anotaron y las anécdotas que rodearon aquellos años en los que hizo nacer el hockey en Oviedo y aquellos en los que fue el deporte rey. El Padre Valdés señala que su primer encuentro con el stick fue en el monasterio de Corias (Cangas de Narcea). Pero entonces, explica, “jugábamos en el patio con madreñas”. Años más tarde, al trasladarse a Salamanca, cambió las madreñas por los patines y se terminó de enamorar de aquel deporte que marcaría su vida. Y, al llegar a Oviedo en 1963, no perdió el hábito. Literalmente. Hizo germinar la afición por el hockey sobre patines y, cuentan los alumnos, que, al salir de clase, siempre veían aquella sotana remangada mientras Valdés lanzaba disparos al portero.

Su éxito no fue solo contagiar su amor por el deporte a los jóvenes. Montó el equipo Santo Domingo y de allí salieron grandes jugadores. Profesionales de primer nivel e internacionales con la selección. Pero el camino, aunque plagado de victorias, no siempre fue sobre ruedas. Lo que también supuso una enseñanza. Valdés recuerda con cariño cómo su jugador Juan Alberto Fernández salió de la pista llorando tras una gran derrota contra un equipo de Barcelona en su primer campeonato de España. “No sé patinar”, cuenta Valdés que se lamentaba Juan Alberto entre lágrimas. Se pusieron las pilas y “tras patinar kilómetros y kilómetros” volvieron al año siguiente al torneo nacional y vencieron a aquel equipo que les había ganado 9-1. Aquel niño que decía no saber patinar terminó siendo el primer jugador de fuera de Cataluña que fue internacional.

En total, Valdés levantó ocho campeonatos de España y más de una decena de sus jugadores terminaron siendo convocados para representar a España. Y es que el legado de Valdés no es solo el deporte, también está la enseñanza. “El aprender a levantarse tras un fracaso”, explica. Como él, que siempre se levantó, como cuando le quitaron el hockey en el colegio y se inventó un equipo. Y es que el Padre Valdés, dicen sus alumnos, se merece más de una calle. El fraile ayudó a despertar a la ciudad.

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