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Parada en Oviedo de Joe Fischer, el alemán que recorre Europa en bici en busca de trabajo en hoteles

“Llevo 77.500 kilómetros en bici. Me duele el culo y tengo hambre”, reza el cartel con el que el cicloturista pide ayuda para sobrevivir a la espera de la resurrección del sector turístico

Joe Fischer, ayer, pidiendo ayuda en la calle Melquiades Álvarez de Oviedo.

Joe Fischer, ayer, pidiendo ayuda en la calle Melquiades Álvarez de Oviedo.

Todo empezó, como muchos grandes hitos de la historia, en la barra de un bar. “Estaba tomando unas birras con unos amigos, hablamos de un libro de un tipo que recorría América en moto y pensé que yo podía hacer algo parecido”. El alemán Joe Fischer dio hace 27 años un giro total a su vida. Cansado de trabajar como electricista, cogió su bicicleta y empezó a recorrer Europa. Autodidacta y políglota, aprovechó sus conocimientos para ganarse la vida trabajando en hoteles en las temporadas turísticas para luego financiar sus grandes rutas por el viejo continente, incluyendo las rutas jacobeas. Desde marzo de 2020 trata de resistir a base de donativos. “Llevo 77.500 kilómetros en bici. Me duele el culo y tengo hambre”, reza el cartel con el que consiguió rascar varias decenas de euros en una parada de menos de 24 horas en Oviedo para tomar aire en su camino hacia Irún. “Malvivo por el virus, pero al menos me da para quedarme en los albergues de peregrinos”, apunta.

Fischer vive desde hace casi tres décadas de su don de gentes y capacidad para desenvolverse en innumerables idiomas. “No sé ni cuantos hablo”, indica este hombre que, hasta la llegada del coronavirus se pasaba el verano trabajando en establecimientos de la costa mediterránea española y los inviernos en las estaciones austriacas de esquí. “En Alemania y Suiza lo tenía mucho más difícil porque pedían titulación de la que carezco”, explica el germano.

En 2017 hizo su última parada en Hamburgo, su ciudad de origen, donde apenas tuvo tiempo ni a parar. “Estuve una semana y ya me aburría”, comenta en relación al principal motivo para iniciar un periplo de punta a punta de la vieja Europa. “Al principio pensaba hacer un recorrido por todos los países nórdicos, pero tras pasar varios días muriéndome de frío por Dinamarca decidí dar la vuelta y acabé en Cádiz”, dice, en referencia a la primera etapa de un recorrido propio de Willy Fog que seguidamente le llevaría hasta destinos como la Bretaña francesa o Budapest, antes de volver de nuevo a Cádiz y ser atrapado por el estallido de la crisis sanitaria.

Después del decreto del estado de alarma las autoridades le obligaron a cobijarse en un alojamiento para personas sintecho de la ciudad andaluza. En cuanto pudo cogió de nuevo la bicicleta y en agosto de 2020 ya pasó por Oviedo mendigando ayudas para continuar su camino hacia los principales puntos turísticos de España. “De aquí me fui a Barcelona y paré por numerosas ciudades mediterráneas sin conseguir ni un puesto de trabajo porque el 40% de ocupación impedía contratar personal”, explica.

Este año confía en encontrarse un panorama más halagüeño. “De momento me voy a Irún, donde espero encontrar los albergues abiertos, y luego confío en que este verano por fin pueda trabajar”, cruza los dedos el alemán, el cual suele desempeñar labores de recepcionista en horario nocturno. “Es un puesto para personas poco cualificadas”, subraya.

Mientras tanto, fía su supervivencia a la generosidad de los peatones como los de Oviedo, que ayer colaboraron con su causa con numerosos donativos en la calle Melquiades Álvarez antes de partir hacia Villaviciosa. “No me puedo quejar”, exclamó mientras posaba junto al humorístico cartel con el número de kilómetros cubiertos sobre su bicicleta desde 2017 hasta la actualidad, así como con otros cartones con leyendas como “Autopista al infierno” o un mapa de Europa explicativo de su interminable ruta sin retorno.

El drama del paro

En relación a la pandemia, se presenta como una víctima más y dice haber cumplido con todas las medidas sanitarias que su peculiar situación le permite. “Quizás incumplí alguna cuestión de movilidad, pero no se puede decir”, comenta en clara referencia a sus continuos desplazamientos por casi todas las regiones del país con los que sólo fue capaz a encontrarse con el drama del paro. “Nunca pedí trabajo en tantos sitios sin conseguir un contrato”, declara este alemán de película, sin familia ni posesiones personales, cuya única aspiración es seguir recorriendo el mundo sobre ruedas y acumular kilómetros de las diferentes rutas del Camino de Santiago. “He estado en todos los continentes, pero el Camino es algo que me llama la atención especialmente”, sentencia un hombre al que “vivir la vida con libertad” le compensa, “a pesar del dolor de culo”.

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