Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Camino de Santiago, escuela de escritor

El ovetense Adrián Maylín ideó su primer libro, “No pienses, solo camina”, en la ruta xacobea y lleva ya tres ediciones vendidas

Adrián Maylín, en la presentación de su libro en Oviedo, en diciembre del año pasado. LNE

Insiste Adrián Maylín (Oviedo, 1990) en que no le llamen escritor, sino profesor. Y es cierto que este diplomado en magisterio y especializado en pedagogía terapéutica se gana la vida dando inglés a los niños en el colegio Jesús-María Fuensanta, de Valencia ◘–su último destino–, pero también, que su primer libro, “No pienses, solo camina” lleva tres ediciones vendidas y se ha convertido en un pequeño milagro editorial gracias al boca a boca y al poder de atracción de una historia de amor, superación y autoconocimiento.

A Maylín siempre le gustó escribir y hablar en público, pero sus lecturas no pasaban del Marca cuando todavía era un chaval que jugaba en el equipo de su barrio (el Vallobín). Ahora anda con los poemas de Rayden o de César Brandon, pero tampoco se reconoce en ninguna escuela ni sabe si volverá a publicar, por mucho que cultive en las redes este inesperado éxito de su experiencia xacobea.

Detrás de “No pienses, solo camina” hay una historia real, la suya, y un ejercicio de autoficción que apenas camufla un protagonista, Gael, que vive y sufre lo mismo que el autor durante el difícil año del confinamiento. Aunque no se trate tampoco de un libro de autoayuda, como explica la promoción de su título en internet, muchos han encontrado en sus páginas, y en la historia de un joven que logra poner en orden su desconcierto vital haciendo el Camino de Santiago, un espejo y una tabla a la que agarrarse.

El libro se autoeditó a finales del año pasado sin más afán que dar a imprenta una historia nacida durante la peregrinación a Santiago. Firmó con la editorial Cuatro Hojas, sello que le recomendaron para trabajos de autoedición, en septiembre de 2020. El 9 de octubre, al día siguiente de cumplir 30 años, Adrián Maylín anunció en sus redes que el 3 de noviembre se ponía a la venta su primera novela y ofreció, a quién compartiera el vídeo, un ejemplar firmado. Las visualizaciones se dispararon y la preventa también. En dos días eran 50 libros, en dos semanas 70 y cuando el libro salió la primera edición estaba casi agotada.

Son cifras pequeñas –al menos más de 350 ejemplares– porque Maylín se mueve en la autoedición, pero el eco del libro ha empezado a llegarle de muchas formas. No son ya solo sus amigos o que se agote cuatro veces en la librería de su barrio, Chemi, en Valentín Masip –también está en Cervantes y en Ojanguren–, pero también que una chica le escriba por Instagram desde México diciéndole que descubrió la historia, la compró por internet y que le ha encantado.

En toda esta aventura Adrián Maylín también agradece a un exprofesor suyo del colegio Nazaret los consejos para armar una buena historia y el apoyo para cambiar el borrador inicial, donde una ficción se alternaba con el viaje por el camino de la costa, por otro en el que Maylín abordó sus propios demonios, los problemas que habían precedido a su peregrinación a Santiago.

El libro cuenta la historia de Gael, trasunto del autor, en Dublín, donde se encuentra viviendo por trabajo. Una relación amorosa que acaba en triángulo y un problema de salud –descubre que tiene el VIH– se mezclan con la llegada del covid, el confinamiento y su regreso a España. En junio decide hacer el Camino de Santiago “para encontrarse a sí mismo” y durante 12 días, sin teléfono y en solitario, va anotando sus reflexiones y recuperando la fe en sí mismo. Hay un desenlace para la historia de amor y una vuelta casa que quedan para el que quiera recorrer la experiencia de Gael/Adrián por estas 196 páginas, “fáciles de leer y que enganchan desde el principio”, promete el autor, algo sorprendido por el pequeño éxito.

“Sí es verdad que en el libro hablo de temas desde un punto de vista crítico, se tratan asuntos tabú para algunos sectores de la sociedad y, sobre todo, es una montaña rusa de emociones, cono amor, desamor, soledad, miedo y rabia”, resume Maylín.

Acostumbrado a viajar por todo el mundo durante los últimos 8 años, sin parar más de año y medio en la misma ciudad, se ha repartido por Marbella, donde vive su madre, Oviedo, donde ha trabajado de camarero y en el Reconquista, a Londres o Hungría, donde la experiencia en una escuela infantil le llevó a la especialidad de la pedagogía terapéutica. Ahora, profesor desde Valencia, totalmente recuperado de su enfermedad –su carga viral es cero y su vida normal– no se pone metas literarias: “He vuelto a escribir, pero no me quiero obligar a publicar. Me llaman escritor por tener un libro y yo me llamo profesor, esa es mi ovación y mi pasión”.

Compartir el artículo

stats