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El Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo homenajea a sus colegiados más veteranos

Los juristas Beatriz Rodríguez e Ignacio Álvarez-Buylla cuentan aquí su historia y dan testimonio generacional de su profesión

Beatriz Rodríguez e Ignacio Álvarez-Buylla

Beatriz Rodríguez e Ignacio Álvarez-Buylla

Lleva dos semanas el Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo homenajeando a sus colegiados más veteranos. Los que cumplieron este año y también los que lo hicieron el pasado (sin ceremonia) 25 años de profesión y los que 40. El viernes finalizó la entrega de insignias. El Decano, Luis Albo, destacó lo “emocionante” de las ceremonias, que salvó las restricciones de aforo con emisiones en streaming, por el recuerdo a los ausentes y a los últimos colegas fallecidos. Mientras el Colegio rumia ya cómo se han de encauzar las celebraciones del 250 aniversario de la institución (será en 2025), dos abogados de los que hablaron en nombre de los homenajeados, Beatriz Rodríguez Zapico, de las que cumplieron 25 años este 2021, e Ignacio Álvarez-Buylla, cumplidos 40 el pasado, cuentan aquí su historia y dan testimonio generacional de su profesión.

Los colegiados homenajeados el viernes, en una foto de familia.

Los colegiados homenajeados el viernes, en una foto de familia.

Beatriz Rodríguez Zapico

Nacida en La Felguera en 1969. Civilista, especializada en familia. Ahora está en Gijón. Tuvo dos socias, Margarita Rodríguez y Begoña Gutiérrez, fallecidas, a las que dedicó la medalla

Beatriz Rodríguez Zapico

Beatriz Rodríguez Zapico

“Voy a trabajar feliz, ser abogada es la mejor decisión que pude tomar en mi vida”

“Mi mayor satisfacción es que un cliente, antes de conocer la resolución, te diga eso de ‘para mí ya has ganado’”

Beatriz Rodríguez Zapico recibió la medalla de plata del Colegio de Abogados de Oviedo por 25 años de profesión y fue la encargada de hablar en nombre de sus compañeros. Fue delegada de los abogados de Langreo, miembro de la junta de gobierno, del colegio entre 2011 y 2015 y responsable del turno de oficio. Profesora de la escuela de práctica jurídica y del máster de la abogacía, finalizó su intervención preguntándose “para cuándo una decana” en el Colegio.

–¿Por qué se dedicó a esto?

–Estudié Derecho para ser abogada. Nadie en mi familia se dedicó a esto pero yo lo tenía claro. Todos los días voy a trabajar a mi despacho feliz, y me ratifico en que fue la mejor decisión que podía haber tomado.

–¿Cómo empezó?

–Hice dos años de pasantía con Pablo Herrero Lombardía y con María Teresa Rodríguez en Sama de Langreo. Ahí te enseñan la realidad de la profesión. Estoy muy agradecida a esos compañeros que nos dedicaron su tiempo para enseñarnos.

–¿Su primer despacho?

–En casa, habilité una habitación y me instalé. Recuerdo el temor de mi madre, que también me ayudaba a preparar los casos haciendo el papel de testigo, por quién iba a venir a nuestra casa. Pero siempre dije que si tienes miedo no te puedes dedicar a esto.

–¿Recuerda sus primeros casos?

–Al principio son familiares, conocidos, amistades. Sí recuerdo que cuando puse el despacho en Santa Eulalia tuve un juicio de faltas y mi rival en estrados era Antonio Mazola. Ahí descubrí que todos los casos tienen mucho estudio y mucha dedicación. Y que no siempre el mejor caso es el que se gana.

–¿Balance de su trayectoria?

–Buena. La pena fue que tuve dos socias que fallecieron, con un año de diferencia. Ellas nunca pudieron recibir la medalla y por eso se la dediqué, a Margarita Rodríguez Miranda y a Begoña Gutiérrez Fernández. Después puse despacho en Gijón. Empecé sola y ahora vuelvo a estar sola.

–Habló de los clientes en su discurso.

–Es que gracias a ellos podemos llevar 25 años de ejercicio profesional. Son muy importantes. Una de mis mayores satisfacciones profesionales es cuando al finalizar la vista de un juicio, el cliente, sin conocer la resolución judicial, te dice eso de ‘para mí ya has ganado’.

–¿Cómo ve a su generación?

–Los que hacemos 25 años de ejercicio estamos en nuestro mejor momento profesional. Tenemos mucha experiencia y todavía somos y nos sentimos muy jóvenes. Nos quedan años y el momento profesional es estupendo. También somos unos supervivientes, porque resistimos la crisis de 2008 y ahora la de la pandemia.

–¿Y a los jóvenes y mayores?

–Los jóvenes entran con muchas ganas. Los mayores son muy generosos compartiendo su experiencia. También valoro mucho a aquellos que te reconocen tu trabajo cuando te tienen de rival. Es una muestra de generosidad tremenda, te llena de satisfacción y de ganas de imitarle, de ser tú el siguiente que le digas qué bien ha estado.

Ignacio Álvarez-Buylla

Nació en Oviedo en 1957. Nieto, hijo y padre de abogados, fue subidrecto en el Herrero. Civilista, en el bufete familiar se especializó en deportes: “el abogado de los entrenadores”.

Ignacio Álvarez-Buylla

Ignacio Álvarez-Buylla

“Esta y la de médico son las profesiones por excelencia, lo demás son trabajos”

“Soy muy pleitero, no soy un consultor, a mí me gusta esto, ser cirujano, me encanta trabajar para mis clientes”

Ignacio Álvarez-Buylla Fernández reicibió la medalla de plata de los 40 años correspondiente al año 2020. En realidad lleva ya 41 de profesión y confía en que su generación, la que acabó en 1979 la carrera, la de Justo de Diego, Enrique Valdés, Begoña Escalona, Eduardo Estrada, Raúl Bocanegra o Sabino López, cita, lleguen a los 50 y les den otra. “Invito yo”, remata.

–La abogacía, de cuna, ¿no?

–Yo soy de los Buylla de Oviedo. El apellido está en Gozón desde el siglo XVI y entre los que vinieron de Pola de Lena está mi abuelo Plácido, médico, y su hermano, Don José, mi tío Pepito. Mi padre fue pasante con él. Yo soy ya sexta generación. Los tres hermanos somos abogados, mi mujer es abogada, mis hijas son abogadas...

–¿Dónde están?

–Mi hija, mayor, Lucía, prepara abogacía del Estado. La pequeña, Sol, trabajó conmigo un año y ahora está en mediación, con futbolistas y famosos.

–En su caso, no hubo dudas sobre los estudios, entonces.

–Pero hice el bachiller por Ciencias, porque mi padre, que le encantaban las sucesiones, decía que era fundamental para entender las donaciones, hallar los tercios en la partición...

–¿También se preparó para juez de distrito por indicación paterna?

–Sí, no con el ánimo de ser juez ni aprobar. Solo para prepararme. Él decía que el derecho se aprende estudiando y se ejerce pensando. Y es verdad, hay que aprenderlo.

–¿Cómo empezó a ejercer?

–Mi padre se mató en coche cuando yo tenía 23 años, entré en la asesoría jurídica del Banco Herrero y lo compaginé con el despacho de mi padre, que llevaban mis hermanos. Llegué a ser subdirector del banco, pero cuando entró la Caixa me fui y me puse en la calle Uría, en 1995. De los 23 a los 40 trabajé como un animal, 14 horas al día.

–¿Y ahora?

–Ahora ya no trabajo para un banco, trabajo para mis 500 clientes. Y me va bien. Además me encanta esto, preparar el pleito, buscar el hecho, el derecho, leer sentencias... Soy muy pleitero, no soy consultor, soy cirujano. Mi abuelo decía que abogados y médicos son las profesiones por excelencia, apasionantes, lo demás son trabajos._Yo lo suscribo.

–¿Lo que viene en la profesión?

–Está muy mercantilizada en los grandes despachos. Con una labor de comercial: te damos café, te hacemos la declaración... Hay una competencia un poco feroz por monopolizar los servicios jurídicos. El abogado liberal tiene que seguir existiendo como la sastrería. Porque al final, si quieres un buen traje, es mejor ir al sastre que comprarlo hecho en el Corte Inglés.

–¿Está contento en Oviedo?

–Sí. Soy muy aldeano en el buen sentido, soy consciente de que Oviedo es un barrio de Madrid. Además, trabajo en toda España. Cuando estaba en la banca pudimos irnos a Madrid, pero me quedé y fui feliz. Ser abogado en Oviedo significa que te conoce todo el mundo, pero como ni robo bancos ni tengo queridas, estoy encantado de que me conozcan.

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