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Viaje a la noche “movidita”: El dispositivo nocturno de la Policía Local en el Antiguo

El operativo, con dos furgones y un coche camuflado, saldó el servicio del viernes con tres detenidos en el casco histórico

El dispositivo nocturno de la Policía Local Miki López

Diez agentes suben San Isidoro acelerando el paso progresivamente. Y, de manera casi coordinada, desenfundan porras y varas extensibles. Son las tres de la mañana y los bares acaban de cerrar. Al fondo, frente al Martillo de Santa Ana, un joven se rompe la camiseta en el transcurso de una pelea que, con la llegada de los agentes, se disuelve. Al verlos llegar, el agresor, de pelo rubio, huye a la carrera doblando a la izquierda por la calle Mon y desapareciendo entre la gente que los bares acaban de escupir por sus puertas. Dos jóvenes muestran las marcas que les ha dejado la pelea. Uno de ellos ya tiene el ojo morado. Los ánimos están tensos y se explican de manera atropellada. “No sé qué le pasa a la gente”, lamenta uno de los heridos. El concejal de Seguridad Ciudadana había augurado “noches moviditas” tras la trifulca de la semana pasada, que dejó imágenes como la de un agente de paisano disparando al aire una escopeta de fogueo para acabar con unos disturbios en los que la Policía Local había recibido una lluvia de botellazos en el transcurso de una detención.

Los agentes calificaron la noche de “tranquila” en varias ocasiones. Depende de cómo se mire. Antes de comenzar este reportaje, la patrulla de la Policía Local ya había dejado un detenido en Comisaría. Durante la disolución de un botellón, un joven de 19 años se había enfrentado a los agentes. Agrediendo, incluso, al inspector a cargo del operativo.

Son dos furgones y un coche sin marcar. Recorren una atestada calle Mon haciendo que los jóvenes se aparten a ambos lados. Muchos reconocen el coche y lo comentan en alto. “Mira, la secreta”, se oye desde los asientos de atrás del vehículo, que lleva los cristales tintados y desde los que se nota cómo se clavan las miradas. Incluso algún móvil que apunta a la matrícula del coche. La presencia de los agentes en la zona tiene, sobre todo, una vocación disuasoria con el botellón y de control de las medidas de seguridad por el covid. Hasta la una de la mañana el ambiente es relativamente tranquilo. Las terrazas han restado espacio a las calles que siempre fueron feudo histórico del botellón. Hoy, el Paraguas –escenario de la batalla campal de la semana pasada– es el principal reducto.

Los agentes controlan que a la una de la mañana se recojan las terrazas de los bares. Ellos son conscientes de una incongruencia en la normativa. “Los tienes en mesas, separados, ¿y cierras las terrazas para que se metan en los bares?”, se pregunta uno de los agentes levantando los hombros. Pero las normas son las normas y su trabajo es que se cumplan. El otro gesto que hacen los agentes de manera recurrente es cerrar los ojos y negar con la cabeza. Lo hacen al ver a una joven vomitar, a dos chicos a los que les patina la lengua discutir sobre si se puede beber o no en la vía pública o cuando una mujer les pregunta si es legal que baile “un tango” agarrada a un compañero de barra.

Viaje a la noche “movidita” Miki López

El sonido va cambiando a medida que avanza la noche. Durante el tiempo que están abiertas las terrazas, por ejemplo, en la plaza del Sol, se oye una especie de murmullo salpicado de notas, como un vaso que se rompe, y el tintinear de los hielos en las copas de cristal. Cuando cierran las terrazas, en la calle Mon, el sonido es más grave. La concentración de gente ya parece la de la “vieja” normalidad. Entonces, empieza lo que definen como “la caza del gato y el ratón”. Los agentes obligan a quienes hacen botellón a desplazarse, a buscar nuevos lugares donde beber. En el transcurso de ese “juego” realizan varios cacheos a los jóvenes que se refugian de la llovizna bajo el paraguas de Sánchez del Río. No llevan nada. Solo alcohol que vacían en las alcantarillas.

Viaje a la noche “movidita”

Viaje a la noche “movidita” Miki López

Pero el juego tiene sorpresas. Apostados en el Paraguas, los policías se ponen en alerta cuando el griterío sobrepasa lo habitual. Hay una pelea en la esquina entre Máximo y Fromestano y Mon. Un tumulto asiste a los golpes que se propinan dos jóvenes. Los agentes corren y apartan a la marabunta de amigos y curiosos. Mientras tanto, otros dos policías separan a las jóvenes. Se amenazan de muerte. Varias veces. Incluso sujetadas por los agentes se escupen la una a la otra. A una de ellas, la más joven, la custodian. Dos de sus amigos, serenos, la acompañan y le ayudan a limpiarse las heridas. Le sangra la frente. A las dos jóvenes inmersas en la pelea, que justifican diciendo que una llamó “hija de puta” a otra previamente, les requieren el DNI. Las amenazas no cesan.

–Como denuncies te vamos a matar –le dicen a la más joven, que replica que no lo va a hacer y le escupe con rabia, añadiendo una frase en un idioma extranjero, rumano al decir de los agentes.

Viaje a la noche “movidita”

Viaje a la noche “movidita” Miki López

Los policías argumentan que lo mejor en este caso es pacificar la situación y garantizar que no se repita. Las denuncias quedan a la voluntad de las partes. El “walky” que lleva el inspector a la altura de la clavícula izquierda se despierta. En la calle Marqués de Gastañaga “dos alfas” (vehículos del cuerpo) han detenido a dos individuos. Uno no lleva camiseta. A la noche movidita que auguraba el concejal los agentes le quitan hierro a la hora de retirar el dispositivo. El tiempo y el dispositivo ayudan, explican, a que las cosas no se descontrolen.

En otro punto de la ciudad, la Policía Local recibió una llamada de un local de ocio nocturno que se saldó con un detenido más, esta vez, por enfrentarse a la autoridad.

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