“Un maestro en las dos artes, la pintura y la poesía”. Así definió ayer Ricardo Labra, en el Aula Magna del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo, a Jaime Herrero, el artista asturiano fallecido en agosto del año pasado al que la Asociación de Escritores de Asturias rindió ayer un homenaje en el contexto de la exposición “Últimos refugios”, que acoge hasta el 11 de julio la sala del caserón de San Francisco.

Jaime Herrero fue uno de los artistas plásticos asturianos más destacados de su generación, pero ayer se rindió homenaje a otra faceta suya, la del poeta. Precisamente porque Herrero fue “un artista polifacético” que encontró también en la Universidad de Oviedo “su casa”, como señaló la Vicerrectora de Extensión Universitaria y Cultura, Carmen Adams, la Asociación de Escritores organizó este acto con lectura de sus poemas y recuerdos de sus amigos y compañeros.

Adams fue la encargada de dar paso a los diferentes invitados. Esther García, impulsora de la celebración de este homenaje, alabó la gran vinculación de Jaime con la Asociación de Escritores y Escritoras de Asturias que ella preside. Esta colaboración fue especialmente destacada en relación a los Premios de la Crítica y de las Letras de Asturias, también llamados Premios Apolo, ya que Herrero estuvo muy involucrado en su creación e ideó la figura que cada año se entrega como galardón a los premiados. Uno de esos “premios Apolo” fue, precisamente, el que Esther García entregó ayer al final de la ceremonia a la familia de Jaime Herrero. En su nombre, Jorge Bustillo pronunció unas palabras de agradecimiento, tanto por el homenaje como por la exposición que también acoge la Universidad desde el pasado 9 de junio. “Últimos refugios” cuenta con 23 obras suyas y ha supuesto la primera exposición póstuma del pintor. La familia ya adelantó que “no será la última”.

Sobre el Jaime Herrero poeta, los participantes en el homenaje de ayer fueron desgranando anécdotas y diversos aspectos de su obra. El investigador, escritor y poeta Ricardo Labra analizó la producción literaria de Herrero, iniciada en 1999 y que se plasmó en un total de tres poemarios. Labra incidió en que, pese a la vida itinerante que tuvo, “Oviedo y Jaime fueron inseparables”: “Era una persona inteligente capaz de analizar la ciudad y deconstruirla”.

Luis Feás, crítico de arte y comisario de las exposiciones de Jaime Herrero, le definió como “un pintor narrativo”. Destacó que sus cuadros relatan historias, al mismo tiempo que en su poesía se reconoce al pintor. “Es una poesía muy visual, plagada de imágenes”. Feás alabó la capacidad que tenía para hermanar las dos artes y contó que se le había llegado a apodar “el Clarín de la pintura”.

El homenaje contó también con las intervenciones de los escritores Julio Rodríguez y Susana Sela, que leyeron varios poemas de Jaime Herrero. Entre estos versos destacó el que lleva por título “Carta a mi hijo”, en el que el artista se dirige a su hijo, fallecido cuando tenía 20 años y una ausencia muy presente en toda su producción poética.

El homenaje al Jaime Herrero poeta se cerró con la actuación musical de la chelista Sofía Trueba.