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El proyecto de reforma de la plaza de toros, listo para salir a concurso

El gobierno confía en resolver el baile del callejero franquista en septiembre, cuando repondrá “algunos” de los nombres del tripartito

Alfredo Canteli, durante el Pleno telemático de ayer. | LNE

Un callejero franquista, una “dictadura chiringuitera” y la plaza de toros –que mientras tanto se cae a pedazos– fueron los tres grandes temas del pleno, pero no los más extensos. De las más de tres horas de reunión plenaria telemática se sacaron en claro un puñado de cosas: Infraestructuras finalizará la semana que viene los pliegos que dictarán las líneas maestras de la reforma del coso, el equipo de gobierno no se retirará del litigio por el callejero franquista y repondrá alguno de los nombres que puso el tripartito y modificará otros y, por último, que las fiestas de San Mateo son la mayor herida en el seno de la corporación local. El resto, debates políticos e interpretaciones de datos que, según desde que lado del espectro político se esgriman, hacen sangrar a unos o a otros.

Lo único tangible llegó al final del pleno, a raíz de una pregunta de Vox. La edil del partido conservador, Cristina Coto, puso sobre la mesa del pleno una cuestión sobre el mal estado de la plaza de toros, que ha terminado en un vallado que puede ser definitivo. De contestar se encargó Nacho Cuesta, responsable del área de Infraestructuras, el teniente de alcalde aseguró que tendrá listos los pliegos la semana que viene para licitar la reforma de la plaza. Cuesta confía en que la rehabilitación del coso esté resuelta en este mandato, quizás no con los trabajos finalizados, pero sí que en marcha. Con los pliegos listos, el Ayuntamiento sacará a concurso la redacción de un proyecto que tendrá que dar respuesta a las grandes incógnitas de la infraestructura: Cómo dar cabida a 5.000 personas, y cómo poder acoger grandes eventos respetando las entradas del recinto tal y como exige la dirección general de Patrimonio del Principado. El concurso de empresas será restringido, como acostumbra a hacer el Consistorio con los “grandes proyectos” en los últimos meses. Así, se cribará a los ofertantes en una primera fase y, finalmente, el proyecto elegido deberá remitirse a la consejería de Cultura, que es quien tiene la llave del futuro del coso.

El asunto de las calles es más espinoso. Las idas y venidas en el callejero son, en palabras de la oposición, un quebradero de cabeza para los vecinos; para el gobierno, en cambio, un deber. Era así en el anterior mandato y, hoy, es lo mismo. El segundo teniente de Alcalde, Mario Arias, el concejal socialista Ricardo Fernández y la edil de Vox Cristina Coto, fueron quienes tomaron la palabra sobre los nombres de las calles. Fernández pide que el Ayuntamiento se retire de los litigios y devuelva los nombres que puso su gobierno a las calles. Arias dice que, al estar anulados por el juez, estos no existen y Coto, por su parte, exige la reposición de Calvo Sotelo. Recapitulando, el tripartito cambió los nombres de varias calles de Oviedo que a sus ojos estaban vinculadas al régimen franquista, el Juez anuló su decisión, el Ayuntamiento repuso los nombres “originales” y, ahora, el Principado obliga al equipo de gobierno a volver a retirar estas denominaciones. En esta situación, la postura del equipo de gobierno es jugar con esos nombres que están en el aire, un final de culebrón que confían que llegue a la vuelta del verano.

Pero el pleno se puso bronco de verdad con las fiestas de San Mateo. Los partidos de la izquierda acusan al gobierno de secuestrar los chiringuitos y entregárselos a los hosteleros, mientras que el gobierno dice haber liberado San Mateo de una “dictadura chiringuitera” de 38 años. Los chiringuitos dieron para reproches personales. Covadonga Díaz acusó a Rubén Rosón (Somos) y al exalcalde socialista Wenceslao López de haberse puesto de acuerdo por primera vez por “la pasta” de los chiringuitos con los que, según la edil, financiaban sus acciones políticas. Declaraciones a las que López pidió responder por alusiones y recibió, en un primer momento, la negativa del Alcalde. Esa intervención se recuperó al término del pleno para acabar en nada. El portavoz del PSOE pidió a la concejala que retirase su afirmación, pero la responsable de Festejos no dio su brazo a torcer. Mientras tanto, la oposición pide que se suspenda el contrato de adquisición de las casetas mientras siguen en proceso las diversas demandas que se han presentado ante los tribunales, exigencia que terminó con la misma respuesta: negativa rotunda.

El menú del día: carne patriótica y ensaladilla rusa a base de patata soviética


El menú del día del chiringuito plenario fue de carne patriótica seguido de una ensaladilla rusa a base de patata soviética. Los concejales del PP querían hacer una declaración de apoyo al sector cárnico ovetense tras las polémicas palabras del Ministro Alberto Garzón sobre el consumo de carne, pero todo se torció. El asunto, ya caducado, terminó comiéndose más de una hora de las tres que duró el Pleno de ayer. “Comer carne es un ejercicio de libertad y comer carne española es un acto de patriotismo”, terminó sentenciando el edil de Economía, Javier Cuesta. Esto, como casi todo, hizo saltar como un resorte a varios concejales de la oposición. El socialista Ricardo Fernández se preguntaba, micrófono abierto, si con el pescado pasaba lo mismo. Inmersos en la broma, Cuesta acusaba a la oposición de preferir la “patata soviética”, ingrediente que el socialista entendió que era bueno para la “ensaladilla rusa”. Ahí se apuntó también Ignacio del Páramo, de Somos, que encendía el micro para socializar su risa y sumar al menú de la corporación una ración de “pan negro”. En resumen, los seis minutos de vídeo del Ministro Garzón dan en la Casa Consistorial para más de setenta de delirio audiovisual sin desperdicio. Vox incluso pidió que se declarase persona non grata al Ministro y también se reabrió el viejo debate de las flatulencias del ganado vacuno. Oviedo entra en agosto pagando las dietas de un menú multicolor que puede que no alimente, pero sacia. En septiembre repetirá. Puede que, ya, el que quizás sea el último ayuntamiento español que sigue celebrando plenos telemáticos, se vuelva a sentar a la misma mesa.

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