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Carlos Suárez Director del Instituto de Investigación Sanitaria del Principado (ISPA)

“El sistema público de salud es anacrónico; hay que cambiar cómo se elige al personal”

“Los sindicatos no pueden gestionar los recursos humanos de un hospital como el HUCA, aquí no vale el ‘café para todos’”

Carlos Suárez Nieto, en su casa de Andrín.

Carlos Suárez Nieto, en su casa de Andrín. Franco TORRE

Carlos Suárez Nieto (Sama de Langreo, 1944) es una figura de referencia dentro de la sanidad asturiana del último medio siglo. Tras especializarse en otorrinolaringología en Madrid, retornó a Asturias en 1975 como jefe del Servicio de Otorrinolaringología de la Ciudad Sanitaria Nuestra Señora de Covadonga, germen del primer Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). En las décadas siguientes, alternó su trabajo clínico en el hospital con la formación de jóvenes médicos desde las aulas de la Universidad de Oviedo, donde obtuvo la cátedra de Otorrinolaringología en 1995. Desde la apertura del nuevo HUCA, Carlos Suárez ha sido una figura crucial en la consolidación de la red de instalaciones biosanitarias que ha florecido en torno al hospital. Entre 2001 y 2012 dirigió el Instituto Universitario de Oncología del Principado (IUOPA), y en 2014, cuando se jubiló del servicio de Otorrinolaringología, pasó a liderar el nacimiento de la Fundación para la Investigación y la Innovación Biosanitaria (FINBA). En los últimos cinco años ha dirigido el Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias (ISPA), un cargo que dejará a principios de septiembre, cuando se formalizará su jubilación definitiva. Tras conocerse su salida de la institución, y mientras disfruta de sus últimas vacaciones en activo, Carlos Suárez conversó ayer con LA NUEVA ESPAÑA en su casa de Andrín (Llanes).

–¿Cómo ha evolucionado su especialidad, la otorrinolaringología, en este medio siglo?

–Pues se parece poco a lo que era cuando empecé. Era una especialidad médico-quirúrgica en la que se suponía que uno tenía que dominar todas sus partes. Pero uno no puede dar abasto para todo si la labor es ingente. El problema era que entonces los conocimientos de las partes que componen la especialidad no eran muy profundos, así que uno podía más o menos manejarse en todo, en problemas relacionados con la voz, el vértigo, la cirugía de oído y nariz, el cáncer... Teóricamente se dominaba todo porque el caudal de conocimientos que había era muy limitado. Pero la especialidad ha evolucionado mucho.

–Una evolución que ha ido paralela al desarrollo de la técnica, ¿no?

–Claro. Ahora hacemos cosas que entonces no existían, como la cirugía endoscópica, que en el campo del otorrino fue de los primeros en tener relevancia. Ese fue un paso importante, como también el uso del láser para hacer cirugía de laringe. En cada campo de la otorrinolaringología ha habido avances específicos importantes, y algunos han sido bastante determinantes como estos dos de los que hablamos o las reconstrucciones con colgajos microvasculares, que han sido cruciales para mejorar las reconstrucciones faciales tras las intervenciones para extirpar tumores, tanto en el ámbito estético como en su funcionalidad.

–Sin marcar plazos, ¿llegaremos a tener una cura contra todos los tipos de cáncer?

–Es posible, o al menos lograr que se cronifiquen, que era lo que se pretendía: tener controlada la enfermedad. Ahora bien, no sé cuándo se logrará. Es impredecible.

–Ha visto usted crecer el nuevo HUCA y todo el polo biosanitario que surgido alrededor. ¿Cómo valora este proceso?

–Bueno, es que cuando yo llegué vi ya el comienzo del antiguo HUCA. Antes no era un hospital como ahora se conciben los hospitales, sino una especie de centro para ingresar a los pacientes que intervenían los especialistas del ambulatorio. Así que vi nacer el antiguo HUCA según los criterios que se estaban empezando a aplicar en España desde que se inauguró el Hospital General de Asturias y Puerta de Hierro y La Paz en Madrid. Fue un tanto posterior a eso, pero luego se extendió por todo el país. Con el viejo HUCA se emprendió esa senda de modernización que se estaba imponiendo en España. Y luego también viví el traslado al actual HUCA y participé en diversas comisiones para crear el nuevo hospital, aparte del diseño del servicio de otorrino. Fue un proceso que viví de forma bastante intensa. Porque además estuve casi once años al frente del IUOPA y casi encadené esa dirección con la de FINBA e ISPA. Iniciativas todas ellas que siempre han tenido como objetivo la modernización, la actualización, tanto en el aspecto asistencial como en el aspecto de la investigación, que era inexistente en el aspecto clínico cuando yo llegué a Oviedo.

"El esfuerzo inversor del Principado en investigación biosanitaria, hasta ahora, no ha sido tan relevante como el del Gobierno central, y en otras comunidades autónomas sí que parece que hay más dinamismo"

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–¿Cómo se logró trazar ese puente entre el Hospital y la Universidad y desarrollar esa red biosanitaria que hoy existe?

–El IUOPA fue importante. Supuso un paso adelante en cuanto a que algunos pudimos crear laboratorios específicos para la investigación del cáncer en algunas especialidades clínicas donde había personal con dedicación exclusiva, gente ya especializada. Era algo que no había en el hospital. Y el IUOPA no deja de ser un instituto universitario. Al juntar médicos clínicos e investigadores básicos se creaban herramientas para que los investigadores clínicos tuvieran ya un soporte básico propio, no dependiente de otros grupos de investigación distintos a su interés primordial.

–¿Cómo es eso?

–Si por ejemplo un otorrino quería investigar el cáncer dentro de su especialidad ya podía disponer de personal dedicado a esa función sin depender de un departamento de investigación de la Universidad que se interesara en alguna colaboración ocasional y hacer algo en su laboratorio. Pasamos a tener nuestro propio laboratorio y nuestro propio personal. Pero esto fue posible porque el IUOPA no nacía solo como un concepto, sino que también tenía una financiación. Porque, al fin y al cabo, aunque uno trate de hacer muchas cosas, si no hay capacidad de mover recursos se queda en nada. El IUOPA contaba con una potente financiación, en la que participaban el Principado de Asturias, Caja Rural y, especialmente, la antigua Cajastur.

–¿Se nota aún ese apoyo privado o se ha diluido?

–En el caso concreto de la FINBA, tiene un patronato en el que están el Principado y patronos privados. Ha habido un descenso en el número de patronos privados a lo largo de los años. Y luego la Administración pública tampoco ha incrementado los fondos en la medida que era necesario para abordar cosas que sin recursos no se pueden abordar.

–¿Puede la pandemia motivar o instigar a las entidades públicas y privadas a que refuercen sus aportaciones a la investigación biosanitaria?

–La pandemia ha tenido como correlato inmediato el que se ha visto que invertir en investigación es importantísimo, porque ante una amenaza de este calibre, si no se afrontan los grandes costes que entraña el conseguir un tratamiento o una vacuna, no se puede vencer. Aquí hemos visto una participación del sector público en la empresa privada para favorecer la creación de las vacunas. Incluso también ha habido un refuerzo muy grande en convocatorias de proyectos de investigación sobre el covid, abordados desde distintas ópticas. Y como corolario, dejó patente que la inversión en investigación, en la salud y en otras cosas, es primordial. Y que el desarrollo de los países y de una buena salud depende de una buena investigación. Eso siempre estaba claro, pero en España no se atendía mucho, en otros sitios se atiende más.

–¿Y tras esta crisis sanitaria?

–Ahora queda ver qué pasa, si se mantiene ese aldabonazo y ese esfuerzo inversor o volvemos a las andadas. Este año, en I+D en el sector de la salud ha habido convocatorias extraordinarias de diversa índole. La cuestión es que se sigan manteniendo y que realmente vayamos a una situación de convergencia con otros países de nuestro entorno. El Gobierno central se ha puesto como objetivo el alcanzar el 2% del PIB en cuatro años, de los que han pasado dos, y el regional lo mismo. Yo soy un tanto escéptico en que esto se consiga, particularmente en Asturias. A nivel nacional tampoco lo veo fácil, pero sí que se ha dado un impulso que no se ve aquí.

–¿Es un problema de capacidad o de voluntad política?

–Pues no lo sé. Estaba dentro del programa del Gobierno autonómico, pero el esfuerzo inversor, hasta ahora, no ha sido tan relevante como el del Gobierno central, y en otras comunidades autónomas sí que parece que hay más dinamismo en este sentido.

–¿Esta pandemia tiene que hacernos repensar el sistema de salud pública?

–El sistema de salud pública hay que repensarlo de muchas formas. Lo primero, cambiando bastante la forma de selección de personal. El modelo que tenemos es un modelo anacrónico. Es un modelo que no conduce al progreso. Es un modelo sindicalizado, funcionarial, que prima la antigüedad por encima de los méritos, que no favorece la investigación... Es más, en los hospitales no puede haber personal dedicado específicamente a investigación.

"Dejamos escapar mucho talento, la prueba es que los médicos de nuestra Facultad de Medicina que sacan buen número en el MIR, generalmente los mejores, se marchan. Y si se marchan es por algo".

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–El mismo problema que padecen en la Universidad.

–Efectivamente, viene todo dictado en torno a las necesidades docentes. Pero en la Universidad tienen la docencia y en el hospital la asistencia, y la asistencia lleva más tiempo que la docencia. Lo que no hay son figuras de investigadores a tiempo completo, en el hospital ni siquiera está contemplada esa figura. Pero además, para los profesionales sanitarios, sobre todo en un hospital del calibre del HUCA, se debe seleccionar a los profesionales de acuerdo con sus méritos, no con criterios de antigüedad, bolsas, traslados... No puede ser que venga un profesional de un hospital comarcal, donde no dominan técnicas especializadas porque allí no las necesitan, y por años de servicio le trasladen y pase a ocupar determinadas plazas solo por antigüedad, y porque no salen las plazas con un perfil definido. Eso es algo anacrónico y que se debería desterrar. Y sin embargo no solo el sistema no cambia en esa dirección, sino que paulatinamente se produce un refuerzo de esa vía de entrada que prima más los meses o los años trabajados que los méritos: hace poco cambiaron los baremos para acceder a una bolsa de trabajo, exigiendo unos meses de antigüedad y sin que cuenten nada los méritos científicos.

–¿Por qué pasa eso?

–Es algo que está condicionado por los sindicatos profesionales. Pero los sindicatos tienen sus funciones y no creo que entre esas funciones figure organizar los recursos humanos de un hospital. El “café para todos” es un lema sindical que no aplica en cosas en las que se debe primar y premiar la capacidad, el mérito, el trabajo y todas estas cuestiones que desgraciadamente en Asturias y en otros sitios de España tienen un peso menor.

–Da la sensación de que, por potencial, podríamos ser punteros tanto en investigación como en clínica. ¿Estamos dejando escapar mucho talento para consolidar esa posición?

–Sí. La prueba es que los médicos de nuestra Facultad de Medicina que sacan buen número en el MIR, generalmente los mejores, se marchan. Y si se marchan es por algo. Para retenerlos hace falta que vean que uno aquí puede hacer cosas. Y es cierto que se puede, pero si les apoyan más. A la gente que se marcha se la podrá convencer de que no es necesario ir a Madrid o a Barcelona para tener una buena formación y luego para tener una buena carrera profesional. Es algo en lo que tenemos que invertir recursos, pero también dar posibilidades. Y ahora los mecanismos de selección de personal no dan esas oportunidades. Eso se logra premiando el mérito. Hay otros sitios que son más activos en la captación de las personas que valen. Tenemos que ser más imaginativos y propiciar que la gente que puede aportar algo, sea de aquí o de fuera, tenga una oportunidad. Si traemos gente de talento, Asturias tendrá un futuro mucho más brillante que si dejamos que esto languidezca y crezca la endogamia, no de los mejores, sino de los que no tienen adónde ir.

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