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La hostelería acampa en San Francisco

Últimos preparativos con los nuevos chiringuitos en el Bombé y La Herradura, algo pequeños para contener barra, camareros, maquinaria y mercancía

Preparativos de las casetas en el Bombé.

Preparativos de las casetas en el Bombé. Irma Collín

El Campo San Francisco está de acampada con las fiestas de San Mateo. Chiringuitos de nuevo alzado, casetas artesanas, jaimas teatrales, terrazas en ciernes. El paseo del Bombé tenía tráfico pesado que, en la mañana despejada, encapotaba con toldos. Brillaba por su presencia la iluminación y refrescaba el ligero bochorno un camión de hielo, neveras y arcones frigoríficos. A ras de suelo se veían, todavía empaquetados, optimistas parasoles y estaban apiladas mesas y sillas de plástico patrocinado en rojo, azul y verde corporativo de Coca, Pepsi y San Miguel, respectivamente. Para la tarde se esperaba al precavido de los extintores.

La hostelería acampa en San Francisco

Un pintor demarcaba con aerosol y rigor geométrico los limites de las terrazas que se van a extender. En una mesa un grupo de hosteleros cerraban pedidos de ron, ginebra, whisky… Caían rebotando las primeras castañas, pocas respecto a las que caerán durante todas las fiestas de San Mateo en este espacio y otros.

Por si alguien olvida donde está, hay un rótulo bombilloso en cada paseo con las letras bien gruesas que festejan al evangelista y recaudador que nombra las fiestas de Oviedo.

Entre las dos fuentes (la Fuentona y las de las ranas) se alinean caños de cerveza por pares en cada chiringuito. Entre alcorques, árboles y bancos las nuevas construcciones, los chiringuitos de PVC y formica, son feos pero uniformes y alineados para que el alcalde Canteli les pase revista, como a sus tropas, eso que tanto parece gustarle en las fotos. Los chiringuitos del Bombé son muebles-bar de dos cuerpos; los de La Herradura, de tres.

La hostelería acampa en San Francisco

Los hosteleros iban resolviendo ayer cómo instalarse dentro porque son bastante justos. Por el protocolo Covid, la barra va por dentro y en cuanto se incluye una plancha, una cafetera, una nevera o una cámara frigorífica, las tres personas que deberían llevar el negocio –dos para las bebidas, uno para la comida– tienen que revolverse como gatos.

Se buscan camareros delgados.

Carmen, de “La Paloma”, hija del legendario Ubaldo García, explica que es el momento de quitar dificultades. Tiene la experiencia de cinco años de Feria de Muestras y asegura que el buen ambiente que hay entre los 20 hosteleros hace que unos se den ideas a otros de cómo resolver los problemas. Su comentario no es por el espacio sino por el tiempo. No han tenido mucho para instalarse…

La hostelería acampa en San Francisco

–Si me ve mi padre en un chiringuito; él que estaba en contra. Pero hay que estar.

–¿Apetecerá tomar vermú en vaso de plástico?

–No nos dejan usar cristal. A nadie.

Ceferino, de la coctelería QO fusión, lamenta que no les permitan poner ni un cartel ni el logo en el chiringuito.

–Se encargan en el ayuntamiento de poner los nombres, todos iguales. Pero es lo mismo. Nosotros somos coctelería, ocio nocturno y llevamos dos años terribles. Ahora podremos trabajar desde las 12 de la mañana hasta la una de la madrugada y los fines de semana hasta la una y media.

Entre el Bombé y la Herradura hay una veintena de puestos bajo un zigzag de bombillas que ayer enredaban en los árboles técnicos subidos a la grúa. Han instalados unos sanitarios de mearse. La música que haya este San Bateo no saldrá del kiosco –silencioso en su obra pendiente– y, si hay algunos animales, no estarán en la Granja, que es biblioteca infantil.

En el paseo del Angelín una jaima y en su confluencia con la avenida de Italia, una docena de casetas de madera de las que se usaron para los artesanos que llegan hasta la escultura de Josefa la Torera.

Lo que fue el Campo Fantástico para los niños ayer se oteaba como el Campo Hostelero de este San Mateo porque cada corporación tiene sus fantasías.

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