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Orozco toca el cielo en el Auditorio

El cantante lleva al delirio a sus fans en un concierto muy intenso, cercano y sincero, plagado de guiños a sus seguidores

Antonio Orozco, ayer, al inicio de su recital en Oviedo.

Antonio Orozco, ayer, al inicio de su recital en Oviedo. Irma Collín

Las canciones de Antonio Orozco son pop para romperse la camisa, versos salpicados de “quejíos” y puestos en escena con maquillaje rock que motivan al fan más imperturbable. En tiempos de virus y conciertos en teatro con mascarilla, el catalán ofrece una versión alternativa a la gran comunión del concierto de estadio sirviéndoles a sus seguidores una experiencia de proximidad a la estrella y emoción pandémica a flor de piel. Por ese camino, Orozco cumplió su promesa de que esa noche todos podrían “tocar el cielo” y llevó al delirio al público, paseándose entre ellos, dejándose hacer fotos y regalándoles un largo parlamento lleno de piropos y buenas promesas: “Esta es la cara de la ciudad hermosa que quiere seguir adelante”.

El público sigue el concierto de Antonio Orozco, ayer, en el Auditorio. | Irma Collín

El arranque del concierto llegó con mensaje de azafata de vuelo y escenario a oscuras. Formaba parte de la temática de su último trabajo, “Aviónica”. El anuncio, que luego él mismo repetiría, el de “asistir a un concierto único, con mascarillas”. Del saludo de bienvenidos a bordo los altavoces pasaron a matraca de lanzamiento de Cabo Cañaveral, y cuando el guitarrista, resto de la banda y Orozco salieron a escena, parecía que era, efectivamente, el lanzamiento de un cohete, tal era la intensidad.

Con un escenario decorado con un juego de luces led, el cantante y su banda pusieron la primera desde el principio, con “Hoy”. Siguieron con un éxito de su época de coach en La Voz, “Mírate”, rock con dejes flamenquitos que dejó al público preparado para “Llegará”. En esa canción, tercera del repertorio, Orozco ya empezó a dejarse querer, pidiendo a los espectadores su mejor sonrisa y brazos en alto para una gran foto colectiva. Entre el público, banderas, gritos, mucha emoción y también la vigilancia constante del personal de sala pidiendo que nadie grabara con el móvil ni se quitara la mascarilla.

“A vuelos”, con la introducción de las voces de unos nietos hablando de sus mayores, bajó un poco el ritmo para ofrecer una de sus baladas más esperadas. Era una forma de recuperar fuerzas para el paseo triunfal de “Surcaré los senderos de tu vida”, un éxito de 2012 que le valió para ponerse una mascarilla y pasearse por el patio de butacas. El contacto directo con el público volvió loco a los seguidores y al propio cantante, que no desaprovechó la oportunidad para mostrarse tan cómplice como para quitarle el móvil a una fan y hacerse un selfie.

Tras el baño de multitudes, Antonio Orozco regresó al escenario y siguió mezclando éxitos de toda su carrera con las canciones del nuevo disco. Las luces led iban cambiando de color, el cantente se llevaba la mano al corazón y el público era feliz.

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Así fue el concierto de Antonio Orozco en el Auditorio Irma Collín

Con las luces apagadas y sin música, hubo un pequeño momento de incertidumbre. Gritos de “¡habla!” y “¡no te vemos!” y, por fin, una reaparición sobre las tablas de la que salió con una ovación interminable, más de un minuto de aplausos que el cantante agradecía yendo de un lado a otro, levantando las manos, alzando el puño, tratando de devolver tanto cariño y emocionándose de forma evidente antes de volver al micrófono y ponerse a hablar.

No habría más parlamentos tan largos en lo que quedaba de concierto, pero Orozco trató de expresar todo eso que la música en directo viene viviendo con la pandemia: tiempos difíciles, la luz al final del túnel y el aplauso devuelto al público por confiar en la cultura segura. Orozco dio las gracias a Oviedo y a San Mateo, por ser “la cara de la ciudad hermosa que quiere seguir adelante”.

También contó que con el covid “se nos ha amontonado la vida” y que a pesar de todo el concierto de ayer sería un “recuerdo bonito e inolvidable”. “No hay nada en este concierto que no hable de ti, ningún acorde, ningún verso, cogedlos y esta noche podremos tocar el cielo”.

Por esas siguió, en la misma comunión con el público, convirtiendo el escenario en una pista de baile con “Es tu vida” o regalándoles sus grandes éxitos, con canciones como “Hoy será”, “Qué me queda” y unos bises largos y generosos. El vuelo de Orozco tomaba tierra y el público salía del Auditorio flotando, todavía, entre nubes.

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