Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Paxarines, hombrinos de pan

El amuleto de las fiestas es una tradición popular que quedó aislada en Oviedo, estuvo a punto de desaparecer, y la familia Cartón mantuvo viva

José Cartón y su hija Virgina con les paxarines en una imagen de 1984.

José Cartón y su hija Virgina con les paxarines en una imagen de 1984. LNE

Este año no volverán a venderse les paxarines de San Mateo. O, al menos, el deán de la Catedral no saldrá a bendecirlas, como tampoco se servirá agua de la hidria que se supone de las bodas de Caná. Cosas del covid. Pero lo de les paxarines parece su destino como rara avis del folclore popular en peligro de extinción, un fósil que se ha mantenido vivo de milagro y que cada poco está a punto de desaparecer.

Aunque hay algunos relatos que relacionan estas figuras de miga de pan que representan hombrinos, pájaros, nidos y cestas con huevos con otras similares que habrían aparecido hace tres siglos en una talla de San Mateo en la Catedral, la explicación más fácil es que esas figuras son muy parecidas a otras que se traían y llevaban en romerías de toda Asturias. Son amuletos similares a algunos que se pueden encontrar en el norte peninsular y todo parece indicar que por alguna razón ese tipo de figurina se mantuvo viva en Oviedo vinculada a la fiesta religiosa de Oviedo que cierra San Mateo.

Paxarines, hombrinos de pan

Sabino Álvarez-Gendín, en “Notas históricas sobre los festejos de San Mateo y otros de Oviedo”, un artículo de 1968 publicado en el boletín del Instituto de Estudios Asturianos, escribe que la tradición estaba asentada desde hacía cientos de años: “Los romeros que venían a San Salvador de Oviedo solían organizar danzas, cogidos de la mano mozos y mozas, tan populares en algunas villas, como en la de Avilés, Siero, etc. Compraban los romeros las paxarines pintes, coloreadas de azafrán, que yo todavía vi vender y creo aún se venden en el pórtico de la Catedral”. Cuando Gendín escribe eso es verdad que ya habían pasado los buenos tiempos que llegó a capturar la cámara de Modesto Montoto a principios de siglo, con numerosos puestos, muchas paisanas vendiendo paxarines junto a la Catedral.

Foto de Modesto Montoto con puestos de paxarines  en las inmediaciones de la Catedral.

Foto de Modesto Montoto con puestos de paxarines en las inmediaciones de la Catedral. Modesto Montoto

LA NUEVA ESPAÑA publicaba en un ejemplar de septiembre de 1957 que la costumbre de “llevar como recuerdo del día de San Mateo algunos paxarines de los que en gran cantidad se vendían en la plaza de la Catedral y calles inmediatas” era una tradición que “casi ha desaparecido”. Tres años después, 1960, otra noticia certifica la práctica extinción del amuleto mateín y su resurección. Había muerto “la única señora que elaboraba las paxarines en su casa de la calle Oscura”. Pero la Sociedad Ovetense de Festejos había conseguido que José Cartón Terradillos, hijo del Cartón que fue último campanero de la Catedral de Oviedo, pertiguero en las procesiones y cuyo apellido da nombre al patio del tránsito de Santa Bárbara (patio de Cartón o prau de Pachu el campaneru), retomase con toda su familia la producción de paxarines.

Así siguió la familia Cartón desde 1960 manteniendo viva la tradición y la producción de unas figuras que en su versión original protegían de tormentas puestas detrás de las ventanas. Pero solo durante un año. El 20 de septiembre había que quemar la paxarina y el 21 ir a la Catedral a hacerse con otra. Si quedan.

Compartir el artículo

stats