Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Oviedo se gana el perdón: comienza en la catedral el Jubileo de la Santa Cruz

Una multitud de fieles llena la "Sancta Ovetensis" en la primera de las misas de la Perdonanza, ante la exhibición del Santo Sudario

Así es el complejo traslado del Santo Sudario desde la Cámara Santa al altar de la Catedral de Oviedo Amor Domínguez

La Perdonanza atrae multitudes a la Sancta Ovetensis. Los fieles llenaron ayer la Catedral de Oviedo para asistir a la primera de las misas del Jubileo de la Santa Cruz. Un oficio presidido por Bernardito Cleopas Auza, Nuncio Apostólico de la Santa Sede en España, que estuvo flanqueado por Jesús Sanz, arzobispo de Oviedo, pero en el que todo el protagonismo recayó en la más importante de las reliquias que, llegadas de Tierra Santa, se custodian en la catedral: el Santo Sudario.

Aunque el inicio de la misa estaba programado para las seis y media de la tarde, media hora antes ya había plena actividad dentro y fuera de la catedral. A las puertas, los fieles comenzaban su entrada ordenada al templo, acompañados por la Novena de Beethoven, interpretada al órgano por Guillermo Martínez. En paralelo, en la Cámara Santa, Miguel Carbajal, trabajador de la catedral, e Iván Rodríguez, capataz de la Hermandad de Los Estudiantes de Oviedo, procedían a trasladar el Santo Sudario de su ubicación habitual, en la Cámara Santa, hasta el presbiterio. Allí, la valiosa reliquia quedó cubierta, hasta el final de la misa.

Tradicionalmente, el lienzo que cubrió el rostro de Cristo en el Santo Sepulcro solo se muestra en dos misas del Jubileo de la Santa Cruz: la primera, la que se oficia en el día de la Exaltación de la Santa Cruz (la celebrada ayer, 14 de septiembre), y la última, la del día de San Mateo (21 de septiembre). Pero este año, en plena celebración del 1.200 aniversario de la consagración de la catedral ovetense, el Santo Sudario estará presente en todas las misas de la Perdonanza.

Los fieles veneran el Santo Sudario tras la misa. Irma Collín

Que la celebración de este año es especial se percibía ayer nada más entrar en la catedral. Tras el Jubileo pandémico de 2020, el fervor religioso volvió a inundar el templo. Jesús Sanz, que introdujo la misa, incidió en la importancia de la Perdonanza en la historia de la catedral y de la propia ciudad. Por su parte, Bernardito Cleopas dedicó el inicio de su homilía a rememorar la historia del Jubileo.

El origen de la celebración hunde sus raíces en los tiempos de la Monarquía Asturiana. En el siglo VIII, en algún momento tras la invasión musulmana a la península Ibérica, un arca con valiosas reliquias procedente de Jerusalén llegó a tierras asturianas. Según la tradición, la caja se escondió primero en el Monsacro, hasta que a principios del siglo IX Alfonso II ordenó su traslado a la Cámara Santa, donde permanece desde entonces.

El arca se abrió en 1075, por orden de Alfonso VI. La riqueza de las reliquias que contenía cobró fama con celeridad, convirtiendo a Oviedo en un centro de peregrinaciones. De todas ellas, la más importante era, precisamente, el Santo Sudario.

En 1438, el papa Eugenio IV concedió a la Catedral de Oviedo una bula para celebrar un período de indulgencia plenaria, por el que se concedía el perdón de todos su pecados a los fieles que pasasen por la catedral en unas fechas determinadas: es el Jubileo de la Santa Cruz, que en origen se celebraba todos los años en los que la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz caía en viernes, así como los ocho días anteriores y posteriores.

El Jubileo vivió una profunda transformación a principios de la década de 1980, cuando Juan Pablo II concedió a la Catedral de Oviedo el privilegio de celebrar de forma anual su Jubileo, siempre entre el 14 y el 21 de septiembre, para conmemorar la recuperación y restauración de las joyas de la Cámara Santa, tras el robo de 1977.

El “atleta de Cristo” fue citado, precisamente, por Bernardito Cleopas, quien recuperó una frase de Wojtyla en su peregrinación a Asturias en 1989. Ante la Virgen de Covadonga, Juan Pablo II definió el santuario como “altar mayor, latido de España y una de las primeras piedras de la Europa cristiana”. Una valoración que el Nuncio Apostólico hizo ayer extensiva a la Catedral de Oviedo.

Bernardito Cleopas, durante la misa. Irma Collín

Durante su homilía, Cleopas reflexionó sobre los símbolos de la fe, a través de las enseñanzas de los tres últimos papas: el citado Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. “El cristianismo”, afirmó el Nuncio Apostólico, “no es una religión del pasado, sino también del futuro, porque su fe es esperanza”.

Las palabras de Bernardito Cleopas encontraron adecuado eco entre los fieles, a los que insistió en la importancia de la constancia y recordó algunos de los frutos del Espíritu Santo, como la mansedumbre o la paciencia, además del dominio propio.

Tras la homilía y la comunión, llegó el momento cumbre de la celebración, el que esperaban los cientos de fieles arracimados en la catedral: el descubrimiento del Santo Sudario, que durante toda la ceremonia había permanecido en un lateral de la capilla mayor de la catedral, oculto bajo una tela. La valiosa reliquia se desplazó hasta el centro de la capilla, justo delante del altar mayor, y allí Bernardito Cleopas dio por finalizado el oficio religioso, mostrando el Cristo de Nicodemo, un relicario que guarda en su interior un fragmento del “lignum crucis”, el madero en el que fue crucificado Cristo, que llegó asimismo a Oviedo en el interior del Arca Santa.

Acabada la misa, después de que los dos obispos y los canónigos de la catedral abandonaron la capilla, los fieles se acercaron al Santo Sudario. Fue un momento de pura devoción, con decenas de personas arrodillándose ante la venerada reliquia para orar o tratando de sacarle una foto. Una escena que, a buen seguro, se repetirá esta tarde, cuando el Santo Sudario retorne a la capilla mayor para la misa que, a partir de las 18.30 horas, presidirá Jesús Fernández, obispo de Astorga.

Compartir el artículo

stats