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La gata más fotografiada de Oviedo se llama Lola y vive en un hotel

La mascota de un hotel del centro se convierte en la atracción de la ciudad desde el escaparate donde duerme, juega y se deja fotografiar

La gata Lola, en su escaparate de Marqués de Santa Cruz.

La gata Lola, en su escaparate de Marqués de Santa Cruz. LNE

En el cuarto de hora largo que le lleva a Nemesio González contar la llegada de Lola a sus vidas, un abuelo con su nieta, una madre con sus dos hijos y dos mujeres de mediana edad se han parado delante del cristal a saludar y fotografiar a la gata blanca de angora que se pasa la vida en un escaparate de la calle Marqués de Santa Cruz. Al cabo del día pueden ser fácilmente más de cien fotos, confirma su dueño.

Lola llegó a Oviedo con dos meses y Nemesio no la quería. Habían tenido otro gato, Lucas, y cuando murió, después de 15 años, su mujer, Rosa Fernández, estuvo ocho días llorando. “Era un Jueves Santo, fue una semana de pasión, tengo miedo que cuando muera yo no llore tanto”. Pero a esta gata se la trajo un cuñado, cartero en Gijón. La vecina de un portal donde repartía se la había regalado y él la dejó en el hotel Santa Cruz, que regentan Nemesio y Rosa. Eso fue hace cuatro o cinco años, y bastó una noche para que Lola se quedara hospedada para siempre.

Lola a la entrada del hotel Santa Cruz. Irma Collín

La gata, explica su dueño, llama la atención porque, a diferencia de su madre, no es angora pura, y las variaciones de ese padre desconocido le han dejado el pelaje más corto en las patas, lo que realza su figura. La otra peculiaridad es su pachorra. “Las uñas, no sabe para qué las tiene”, certifica Nemesio mientras la acerca para que el periodista compruebe que se deja coger y acariciar sin problemas. “Aunque con los niños no quiere broma. A veces se la subo a algún cliente y no hay problema, pero nada más que puede, escapa”.

Nemesio González conoce bien el centro de Oviedo y esta calle. Del 80 al 92 regentó la cafetería Santa Cruz, y cuando tiraron el edificio cogió el hotel, unos metros más abajo. Se acuerda de otro animal que a pocos metros del trono de Lola se hizo también muy querido en la ciudad, Rufo.

El éxito de Lola se precipitó en el último año por una cuestión inmobiliaria. Pegado al hotel, con acceso desde el mismo portal, hay un pequeño semisótano que durante años fue una agencia de viajes y en los últimos años alojó una oficina técnica de casas prefabricadas. Nemesio y su mujer lo alquilaron hace un año para ampliar el espacio de gestión del hotel, ya que está comunicado con su negocio. El local tiene dos mostradores que se pueden contemplar a ras de suelo desde Marqués de Santa Cruz, y ahí le instalaron dos camas a Lola. Ella se hizo rápidamente con la habitación y ahora son sus dominios. Desde esos cristales le saludan los bebés que pasan camino a la guardería Freinet, los niños que bajan de la Alianza Francesa, le ladran los perros que viene del Campo y ella les mira impertérrita y les pone la pata en el cristal. “Es muy lista, le gusta que le hagan fotos y no pierde detalle de nada de lo que pasa”.

Su curiosidad le llevaba a hacer alguna incursión en el Campo, pero ahora no la dejan salir; como mucho, algún día por la noche si no hay tráfico. Al dejarse coger y ser tan mansa, los dueños tienen miedo a que alguien se lleve a Lola. Su presencia también ha llamado la atención muchas veces de algunos que creen que está extraviada. Pero no. Lola está en su casa, marquesa de Santa Cruz, la gata más fotografiada de Oviedo.

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