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“Hay una bomba en el parking”, la llamada telefónica que paralizó Oviedo

La Policía Nacional ha abierto “varias líneas de investigación” sobre la falsa amenaza de bomba en el aparcamiento del Centro Cívico

Una falsa amenaza de bomba en Oviedo obliga a desalojar el Centro Cívico y a acordonar las calles aledañas

El teléfono del despacho de la gerencia del Centro Cívico sonó a eso de las diez menos diez de la mañana. Mónica Blasco, encargada del complejo comercial, fue quien descolgó el auricular. “Hay una bomba en el parking”, dice una voz masculina al otro lado de la línea. Ella trató de entablar una conversación “¿perdona? ¿Cómo?”, recuerda que le respondió, pero el hombre colgó. Tras recapacitar unos instantes hizo lo que tocaba, marcar desde el mismo teléfono el 091. Tras la voz de alarma, las fuerzas policiales se desplegaron. No tardaron más de diez minutos en cerrar al tráfico la zona de Llamaquique. Posteriormente, evacuaron el centro comercial y la voz se fue corriendo: “Amenaza de bomba en el Centro Cívico”. No había artefacto explosivo, pero Oviedo se movilizó como si lo hubiese. “Es lo que hay que hacer”, explicaba un policía en la zona cero de la bomba que nunca existió.

En un primer momento, mientras los trabajadores salían del edificio, señoras arrastrando carritos de la compra trataban de sortear a los agentes que se resistían a decir que lo que estaba teniendo lugar era una amenaza de bomba. Actualmente, los agentes de la Policía Nacional están investigando la procedencia de la llamada, que se realizó desde un número oculto. Los investigadores, según confirmaron ayer fuentes policiales, creen probable que la llamada la realizase alguien que conociese bien el Centro Cívico o que, incluso, se tratase de “un antiguo trabajador”. Que la llamada de alerta se recibiese en el despacho de la gerente llamó la atención de las fuerzas del orden. “Hay varias líneas de investigación”, explican desde el cuerpo.

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Amenaza de bomba en Oviedo: desalojan el Centro Cívico y acordonan la zona IRMA COLLÍN

La alarma de ayer por la mañana corrió como la pólvora por la ciudad y, muy pronto, las fuerzas del orden ya hablaban de ella sin tapujos con los vecinos que se agolpaban contra las cintas blancas y azules que cortaban los accesos hasta el centro. La fuerte presencia policial, que cortó accesos a la zona al tráfico e impedía el tránsito frente al centro comercial, llegó pronto al Palacio de Justicia y los edificios y negocios cercanos. En los Juzgados, donde se aplazaron varias vistas, los agentes de la Guardia Civil que se encargan de la seguridad no desalojaron al personal, puesto que se consideró que estaba a una distancia prudencial del presunto artefacto explosivo. Aun así, abogados, jueces, testigos, acusados y funcionarios salieron a la calle. Desde el edificio de Servicios Múltiples del Principado, en cambio, los trabajadores de la administración regional observaban los hechos desde las ventanas. Allí se ordenó que nadie se moviese. En la calle solo había confusión, risas nerviosas y un único tema de conversación: la bomba.

Entre los letrados bromeaban con que seguramente se tratase de una llamada falsa de alguien que no quería sentarse en el banquillo. “Como antes en época de exámenes”, añadía uno. La amenaza de bomba sonaba a algo del pasado, a otra época. Un agente de la Policía Nacional, que había estado destacado en San Sebastián, comentaba que “aquí la gente no está acostumbrada a este tipo de cosas”. Y de ahí la expectación, la incredulidad y quien insistía en tratar de evitar dar un rodeo para llegar a su destino.

Mientras tanto, ajenos al barullo de la calle, efectivos de los TEDAX (Técnicos Especialistas en Desactivación de Artefactos Explosivos) y dos agentes de la Unidad de Guías Caninos acompañados de la perra “Leri” inspeccionaban los vehículos que se encontraban en el parking. Hacia las 11.30 horas, “Leri” –que sus guías explicaban que viene de Lérida– ya había olfateado todos los coches aparcados sin encontrar ningún indicio. Entonces, Oviedo comenzó la vuelta a la normalidad.

Ahora, la Policía Nacional tratará de identificar al hombre que dio la falsa alarma. La gerente del Centro Cívico espera que “sea pronto”. La llamada telefónica que paró Llamaquique durante una hora y media puede salir cara. La falsa alarma de bomba está penada con hasta un año y un día de cárcel.

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