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Los históricos de La Gruta, encantados con la rehabilitación del hotel como residencia de estudiantes

“Aún recuerdo cuando llegué y esto era un barrizal”, indica Ernesto, el único de los hermanos Cantón que todavía vive, tras visitar el complejo rehabilitado

Por la izquierda, Claudia Quesada, Narciso Cantón, Ernesto Cantón, María Teresa García, Maite Cantón, José Pedro García, Benito Cantón, Daniel Cantón, Laude González y Ana Miranda, ayer, delante del antiguo hotel La Gruta, ahora reconvertido en residencia. | Irma Collín

Por la izquierda, Claudia Quesada, Narciso Cantón, Ernesto Cantón, María Teresa García, Maite Cantón, José Pedro García, Benito Cantón, Daniel Cantón, Laude González y Ana Miranda, ayer, delante del antiguo hotel La Gruta, ahora reconvertido en residencia. | Irma Collín

“Fueron más de 40 años cargados de recuerdos y vivencias, aún recuerdo cuando llegué y esto era un barrizal”. Ernesto Cantón volvió, emocionado, a pisar mucho tiempo después el edificio que junto a sus hermanos Benito y Valentín levantó y con el que hizo mundialmente conocido a uno de los gigantes de la hostelería asturiana. A sus 89 años, el único fundador superviviente del histórico hotel La Gruta disfrutó este viernes como un niño en una visita junto a familiares y exempleados para conocer el resultado de la reconversión del edificio en una residencia de estudiantes que abrió sus puertas a primeros de este mes.

Corría el año 1959 cuando los hermanos Cantón abrieron las puertas de un negocio que no dejó de crecer hasta su venta en el año 2000. “Fueron muchos los años y el cansancio acumulado”, explica Ernesto sobre un periodo de su vida que quiso recordar acompañado de varios miembros de su familia, entre ellos, su joven nieta Claudia Quesada, quien aprovechó para indagar sobre el pasado de la saga. “Fraga siempre quería recibir aquí”, apunta el fundador sobre el salón Bernardina, que debe su nombre a la madre de los tres hermanos y la residencia ha mantenido como oficina.

La antigua sidrería se ha convertido en un comedor para internos, pero la escalera de madera y metal para descender al sótano que lo alberga sigue intacta. “Es una mezcla de modernidad y recuerdos”, coincidieron varios asistentes a la visita guiada ofrecida por Ana Miranda, directora de la residencia, cuyos primeros pasos en el mundo laboral tuvieron lugar en este templo hostelero. “Empecé en prácticas y terminé de gente de recepción”, indica la trabajadora, encantada de volver a trabajar en un edificio que mantiene, entre otros guiños, la antigua numeración de las habitaciones.

Extrabajadores como Laude González aprovecharon el paseo para comparar fotos antiguas con el estado actual. No será la última expedición, pues la residencia tiene previsto organizar un brindis para recordar la vieja Gruta las próximas fiestas navideñas.

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