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La romería del Cristo se reivindica en El Truébano

Broche final a San Mateo con una fiesta con premio para los vecinos que recuperaron el parque

Tres niñas, durante una carrera de sacos de los juegos tradicionales de la romería del Cristo. | Irma Collín

Lo que un día fue un bardial se convirtió en una fiesta. La romería del Cristo tuvo algo del ayer y algo del hoy y se cerró con éxito. Sin rito religioso por precauciones con la pandemia y con un recinto de cuatro casetas-chiringuitos en el parque del Truébano, la jornada de ayer puso el “broche” a esa estación aparte que es el mes de septiembre en Oviedo. Las casetas hosteleras, con sillas y mesas de plástico, fueron tomadas por vecinos que o bien pedían en las barras o se traían la comida de casa. El Alcalde ya lo había dicho, El Truébano tiene que ser la gran romería de Oviedo, y ayer se pudo hacer un ensayo. La concejala de Festejos, Covadonga Díaz, ya avanzó que el año que viene (siempre que la pandemia escampe) llegarán las orquestas y, con la sidra y los chiringuitos del nuevo modelo ya comprometidos para los tres próximos años, Oviedo podrá estirar el verano unos días más que el resto de la región.

San Mateo siempre acabó en el Truébano, lo recordaba ayer Mateín, que paseaba su traje negro y su boina bajo un sol inclemente. San Mateo siempre empezó con polémica y casi siempre es tiempo de tregua. Este año, la plataforma SOS Viejo HUCA, que tiene un papel protagonista en las fiestas, protestó por la Ronda Norte –como ya viene siendo habitual en las fiestas– y reivindicó mejoras para el barrio, pero también concedió. Desde la plataforma celebraron el buen hacer de la edil de Festejos, con la que dicen tener una buena interlocución. El Ayuntamiento les brindó el escenario para que otorgasen sus premios: El Paisano y la Paisana del Año.

Tres niñas, durante una carrera de sacos de los juegos tradicionales de la romería del Cristo. | Irma Collín

En esta edición, desde la Plataforma hicieron un ejercicio de memoria histórica. El parque que se ha convertido en el repóker de recintos mateínos del gobierno de Canteli no se hizo solo. Guadaña en mano, Leandro Casanueva (Parres, 1935) fue uno de los vecinos que desbrozó lo que hoy es el parque del Truébano. Ayer, al que conocen como “el güelu” de Buenavista recibió el título de Paisano del Año. Paz Lanero (Mieres, 1950) recibió el premio femenino por similares méritos: la lucha incansable por el barrio.

“Recuperaremos hasta el último metro”, anunció Nacio González, portavoz de la plataforma, refiriéndose a los terrenos del viejo hospital, abandonados y sin un horizonte claro de solución en el corto plazo. Desde la plataforma pidieron al Principado partidas presupuestarias para comenzar a convertir los deslucidos edificios del complejo en equipamientos útiles para el barrio. El portavoz también se preguntaba cómo era posible que fuese más sencillo inventar la vacuna del coronavirus que conseguir un centro social en El Cristo.

Covadonga Díaz, Gerardo Antuña, Alfonso Pereira y Jose Ramón Pando, con Mateín. En el centro, la Real Banda de Gaitas.

En el Truébano, lo que en el pasado fue el helipuerto del Hospital, después un nido de maleza y, ahora, un parque, los niños hacían carreras de sacos y se pintaban, la música en directo sonaba desde el escenario y no cabía un alfiler en las terrazas de los chiringuitos ni en las mesas de merendero. Sidras, tortillas y empanadas. El Alcalde no acudió a la romería del Cristo, pero en su lugar estuvieron desde el primer minuto Covadonga Díaz, representando al PP y Alfonso Pereira, haciendo lo propio por Ciudadanos, sus socios de gobierno.

A la comitiva municipal se fueron sumando a lo largo de la mañana concejales y asesores: Conchita Méndez, Jose Ramón Pando, Gerardo Antuña, Leticia González y Mario Arias. Todos ellos, con sus familias, coparon varias mesas de una de las casetas para compartir una comida.

La Real Banda de Gaitas.

A primera hora de la mañana los hosteleros ya preparaban el día grande de los nuevos chiringuitos del Truébano. Poco después llegaron la Real Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo y los grupos folclóricos que animaron la jornada mientras los vecinos iban tomando asiento. En una de las mesas, ya con la tortilla y las sidras dispuestas Juan Estrada recalcaba que para él la fiesta era doble: “Estamos de celebración, que acabo de ser güelo”, comentaba antes de brindar con sus acompañantes.

Mateín también fue de los madrugadores, empezando pronto su última jornada de las fiestas, antes de colgar el traje hasta el pregón del año que viene y volver a descorchar unas fiestas de San Mateo de las que, ayer, Covadonga Díaz hizo un último balance “muy positivo”, siempre con la mirada puesta en seguir creciendo. Si los derribos en el viejo hospital comienzan en 2022, como estaba previsto y crean una gran campa en lo que un día fue un hospital, la romería de septiembre podría no tener límites.

Público durante uno de los conciertos, y SOS Viejo HUCA.

Público durante uno de los conciertos, y SOS Viejo HUCA.

Tras la emotiva entrega de los galardones de los paisanos del año a dos antiguos emigrantes y luchadores por el barrio comenzó el concierto de “El Show de Charly Teibol”. Versiones de clásicos coreados por gente de todas las edades frente al escenario y tarareadas por los camareros de las casetas que se afanaban por dar salida a todos los pedidos de los vecinos.

El verano, que en Oviedo no termina hasta que cierra la romería del Cristo, lo siguieron disfrutando los más pequeños. Una niña huida de sus padres durante la fiesta se subió al escenario para pedirle al cantante que si podía buscar a sus progenitores. Un lapso con final feliz que también cosechó su dosis de aplausos.

Protestando contra la Ronda Norte y el recinto ferial.

Protestando contra la Ronda Norte y el recinto ferial.

La romería del Cristo, siempre pegada a la tradición, aunque forme parte del nuevo modelo de fiestas, también tuvo su particular festival de tonada organizado por la Asociación de Intérpretes de la Canción Asturiana. Siguieron las carreras de sacos, los monitores pintando las caras de los niños y la sidra escanciándose. El escenario del Truébano también acogió para cerrar la jornada a Silvia Quesada y a los “Mendezcatos”. Las últimas actuaciones de San Mateo, que se despide hasta el año que viene. Ya con vacuna. Quizás con centro social.

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