El nombre de Jaime Álvarez-Buylla ya figura para siempre vinculado a uno de sus rincones preferidos de la ciudad. El Campo San Francisco cuenta desde ayer con una avenida dedicada al fallecido médico, nada menos que la vía que discurre en paralelo a la avenida de Los Álamos. Ese pintoresco ramal acogió un acto público y muy concurrido, pero al mismo tiempo abrumadoramente íntimo, en el que la viuda del que fuera carismático presidente de la Sociedad Filarmónica de Oviedo, Margarita Álvarez-Santullano, fue la encargada de descubrir la placa que homenajea a su difunto esposo.

Jaime Álvarez-Buylla.

Jaime Álvarez-Buylla.

El acto, celebrado a renglón seguido de la ceremonia por la que se concedía la distinción como hijo predilecto a Álvarez-Buylla (junto a Emilio Sagi, Carmen Ruiz-Tilve y Conchita Quirós, esta última en la modalidad de Hija adoptiva), estuvo presidido por el alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, que fue el primero en arropar a Margarita Álvarez-Santullano, con una demostración de afecto que ya había transmitido en el Auditorio. Canteli no hizo intervención previa ni discurso alguno: se limitó a acompañar a la viuda de Jaime Álvarez-Buylla y a sus hijos, auténticos protagonistas de un acto en el que estuvieron acompañados por un nutrido grupo de amigos y familiares.

En un homenaje al fallecido médico, no podía faltar la música. La Real Banda de Gaitas “Ciudad de Oviedo” abrió la ceremonia recorriendo toda la avenida, hasta el lugar, a los pies de un monumental árbol, en el que se ha colocado la placa en honor de Álvarez-Buylla. Al llegar a ese punto, Margarita Álvarez-Santullano, con ayuda del regidor, descubrió el monolito, al tiempo que Canteli le entregaba una copia de la placa.

La interpretación de Sabine Lohez, en el homenaje.

Fue un momento de gran emotividad, al que siguió otro igualmente íntimo. Sabine Lohez, violinista de la OSPA, interpretó la “Fantasía n.º 1” de Telemann. Antes de ejecutar la pieza, se percibió la proximidad de Lohez, que acarició la lápida antes de atacar la composición. “Era como mi abuelo musical, le tenía muchísimo cariño”, aclararía después la violinista, que ofreció una interpretación cargada de sentimiento. Margarita Álvarez-Santullano agradeció esa muestra de cariño con un gesto muy sentido, cogiendo la mano de la violinista y llevándosela a la cara.