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El Antiguo estalla contra el botellón y el vandalismo: “No podemos entrar en casa”

Una asamblea multitudinaria en San Tirso pone en marcha una nueva plataforma para plantar cara a los crecientes problemas de convivencia

Botellón en la Plaza del Paraguas, en la víspera del día de San Mateo. | LNE

Amelia García y Dolores González son dos vecinas del Antiguo. La primera, vive en la plaza del Sol; su amiga, en Carpio. La situación que viven todos los fines de semana ha superado todos los límites. Ellas y otros vecinos describen lo mismo: tratamientos con antidepresivos, imposibilidad de acceder a sus casas por la noche, destrozos del mobiliario en el portal y, último recurso, abandono del domicilio los fines de semana para no sufrir los botellones. El hartazgo les llevó a una reunión improvisada en la calle de la que salió la idea de convocar a todo el que quisiera acercarse a una asamblea pública. Se celebró el martes en San Tirso y lograron concentrar a unos setenta vecinos. Las quejas se multiplicaron y también los ánimos para dar un paso. De la reunión salió la iniciativa para constituir una plataforma con la que plantar cara al vandalismo y exigir una respuesta contundente a la administración local contra la degradación del casco viejo. Su primera medida será una gran concentración en la plaza del Sol para reivindicar un espacio que, denuncian, el botellón les ha arrebatado.

Los vecinos del Antiguo coinciden en el diagnóstico. Tras los meses del confinamiento, y contra lo que podría parecer inicialmente, la ocupación del casco viejo por parte de una gran cantidad de gente joven, consumiendo alcohol en la calle, destrozando el mobiliario urbano, y generando un nivel de “ruido insoportable”  no ha hecho más que crecer. Los vecinos aseguran que la Policía local hace lo que puede pero también muchas veces les explican que no hay nada que hacer. “A mí”, relata Amelia García, “siempre me han atendido bien, pero en la reunión hubo muchos testimonios de vecinos a los que han dicho que no tienen gente suficiente para intervenir, que en el Antiguo no pueden hacer nada”.

Los testimonios de vecinos afectados se sucedieron de una forma que Ana Balbín, presidenta de la asociación de vecinos del Fontán, también presente, describe como “una reunión de alcohólicos anónimos”. Lo dice por la reiteración de los casos, muy conocidos y similares a otros que llevan años padeciendo en otros momentos en el mismo casco viejo. Una vecina de la Plaza del Sol contó cómo los fines de semana la muchedumbre se encarama a su balcón (vive en un primero), le dejan allí las copas, le pican a la ventana y le increpan. Otro, que entró por la noche en su vehículo por la calle Mon y empezaron a tratar de entrarle en el vehículo. Aquel, que no pudo entrar por Carpio y tuvo que salir marcha atrás y con el coche abollado a patadas. Incluso que hace pocas semanas una ambulancia no pudo entrar en el Antiguo.

Aunque la convocatoria partió de un grupo de vecinas, a la asamblea también invitaron a algunas asociaciones y ahora les han pedido a ellas que aglutinen todo este malestar. Ana Balbín reconoce que se quedó “un poco estupefacta al ver tanta gente que llevaba padeciendo mucho tiempo un problema soterrado que ya se había convertido en algo insoportable”. Pero insiste en que los motivos, en el Antiguo, sobran: “Lo de este último San Mateo y el último fin de semana ha sido tremendo, el consumo en la calle va a peor, las terrazas están totalmente desmadradas y ha acabado repercutiendo en mucha gente, no somos cinco o seis vecinos quejándose en un banco”.

Amelia García y Dolores González ilustran ese hartazgo. Insisten en que no tienen nada a favor ni en contra de partidos políticos, pero que lo único que quieren es que “se cumpla la normativa”. “Toda la vida para poder tener un piso y ahora vemos pisoteados nuestros derechos”, resume.

Lo que quieren es algo tan sencillo, insisten, como que se cumpla la normativa que no se está cumpliendo, principalmente la de las terrazas, la del ruido, la de los aforos en los locales y la de consumo de alcohol en la vía pública.

Vídeo: Este es el rastro que deja el botellón de San Mateo por las calles de Oviedo

La plaza del Sol, lamentan las dos, se ha convertido en el territorio de una batalla. Entre el andamio que recubre el palacio de Inclán y Leyguarda y las terrazas que han invadido toda la superficie, el espectáculo que queda al pasar las noches del fin de semana es el del terror: han arrancado las banderas del edificio, han partido a la mitad las señales de tráfico, el suelo queda lleno de cascos... “Y en el Campillín hay palos, carreras, gritos, allí también pasan cosas”, añaden.

Ana Balbín ve un principio “esperanzador” en este nuevo movimiento. “La gente ha perdido el miedo a quejarse”. De ese primer encuentro y esos relatos de los daños provocados por los fines de semana y la falta de atención por parte del Ayuntamiento, ha salido la propuesta para crear una plataforma vecinal. Lo siguiente que harán será una concentración. Creen que la plaza del Sol puede ser el mejor lugar, para mostrar, gráficamente, su pretensión de que los vecinos puedan volver a recuperar el espacio público del casco viejo, superando en número, por una vez, a los que no les dejan conciliar el sueño ni vivir en paz.

En la asamblea celebrada en San Tirso alguien resumió la situación con un ejemplo que se repite en muchas casas: “El barrio se está degradando hasta tal punto que algunas familias se están planteando vender y marcharse, gente que llevan viviendo allí varias generaciones, para las que el Antiguo forma parte de sus vidas pero al que están a punto de renunciar porque ya no lo soportan más”.

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