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La Sancta Ovetensis cumple 1.200 años

La Cruz de los Ángeles salió de la Cámara Santa siete años después

El principal templo capitalino “goza de una razonable buena salud”, destacó el deán, Benito Gallego, durante la concurrida ceremonia

La Catedral levanta la Cruz de los Ángeles para celebrar sus 12 siglos de historia Irma Collín

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Resulta plausible pensar que el día en el que se consagró el primer altar de la Catedral de Oviedo, aquel ya lejano 13 de octubre del 821, la Cruz de los Ángeles, la hermosa joya donada por Alfonso II, presidiese aquel primer oficio. Por esa misma razón, resultaba natural ver ayer, sobre el altar mayor de la Sancta Ovetensis, a la icónica cruz de Oviedo, escoltada por dos angelicales figuras, presidiendo la misa de celebración del 1.200.º aniversario del templo. Era la comunión natural de dos tesoros doce veces centenarios, la cruz y la propia catedral, en una celebración con una gran carga simbólica.

Un momento de la misa. Irma Collín

La Catedral de Oviedo, una vieja señora que jamás olvida las reglas del decoro, lució sus mejores galas en la celebración, aunque hubo algunas llamativas ausencias. El Arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, tuvo que excusar su asistencia al estar citado en Madrid, para una reunión de la comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal. Se desconocen, en cambio, las razones por las que no asistió ningún miembro del Gobierno autonómico, quedando la representación de la Junta General del Principado en la figura de los diputados populares Teresa Mallada y Pablo Álvarez-Pire. Por parte del Ayuntamiento, la representación sí estuvo a la altura, con el Alcalde, Alfredo Canteli, y una parte sustancial del Gobierno bipartito tomando parte en la celebración.

Sobre el altar mayor, la Cruz de los Ángeles presidía orgullosa el oficio. Era la primera vez en siete años, en concreto desde que concluyó la restauración de la Cámara Santa en 2014, que la preciada joya legada por Alfonso II abandonaba su habitual emplazamiento en la capilla de San Miguel.

Detalle de la ceremonia. Irma Collín

La misa se ofició siguiendo el rito hispano-mozárabe, el que estaba vigente en el momento de la consagración del templo. Los fieles que acudieron a la catedral, y que coparon la nave central y buena parte de las laterales, se mostraron intrigados ante las novedades de una ceremonia sensiblemente más larga que una misa normal (la duración superó la hora y cuarto) y con una serie de cambios significativos.

Para empezar, el oficio estuvo cantado en latín por un coro de curas y seminaristas liderado por Sergio Martínez, rector del Seminario ovetense. Además, algunas partes de la misa convencional se desarrollaron en momentos diferentes dentro de la ceremonia. Entre los cambios en la liturgia, lo más llamativo quizá fue la parte de la consagración, con los sacerdotes mirando hacia oriente, en la misma dirección que los fieles y, por tanto, dándoles la espalda. Pero más allá de estas variaciones, la misa era reconocible por todos los presentes en el templo.

Por la izquierda: María Dolors Pellicer, su hija María Florentina, Ramón Ros y María Colomé, a las puertas de la Catedral. Irma Collín

Benito Gallego, deán de la Catedral, llevó las riendas del oficio. En su homilía, el sacerdote reivindicó la importancia histórico-artística de la Sancta Ovetensis, pero también reclamó que no se orille la componente religiosa, la fe, al valorar la iglesia. “El amor a la Catedral no debe ser principalmente por su valor arquitectónico y artístico, o por su historia, tan unida a la historia de nuestra ciudad. Todo esto está bien, pero nos lleva a un reconocimiento agradecido; es verdad, pero el amor y la veneración que hemos de tener por la Catedral debe ser, sobre todo, teológico: como todo templo cristiano, es la Casa de Dios; lugar de oración, que exige un respeto especial”, señaló Benito Gallego.

Por la izquierda: el alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli (PP), y los concejales Alfredo García Quintana (PP), José Ramón Prado (PP), Alfonso Pereira (Cs) y Hugo Huerta (Vox). Irma Collín

El deán también reivindicó la importancia regional de la Sancta Ovetensis, más allá de que los capitalinos puedan tener una mayor proximidad con el templo. “En la Catedral, ‘Madre y Cabeza de todas las iglesias de Asturias’, está la cátedra del obispo, signo de la unidad del pueblo de Dios en la diócesis”, señaló, instando a los fieles a no olvidar “que la Sancta Ovetensis es la Catedral de Oviedo, pero también de Gijón y Avilés, y de toda Asturias”.

Benito Gallego tuvo también un emocionado recuerdo para los obispos y canónigos que, a lo largo de la historia de la catedral, han dado vida al templo y se han esmerado en su cuidado, lo que “ha hecho posible que llegara hasta nosotros y, en este caso, después de haber superado peripecias bélicas, revolucionarias, meteorológicas y el paso del tiempo, que va dejando sus secuelas”. A pesar de todo, el deán remarcó que “la Catedral de Oviedo goza de una razonable ‘buena salud’”.

Los diputados autonómicos Pablo Álvarez-Pire y Teresa Mallada (PP). Irma Collín

Tras esta reflexión esperanzada e inclusiva, y siguiendo el particular ritmo pausado del rito hispano-mozárabe, la ceremonia avanzó con una agradable parsimonia, con la Catedral sumergida en una atmósfera singular, con la luz del mediodía resonando en las ventanas y el olor del incienso inundando la nave mayor de ese tesoro doce veces centenario.

Tal era el magnetismo del templo que, al finalizar la misa, muchos fieles se quedaron en el interior para recorrer la catedral. Y ahí seguían después de que los sacerdotes se reuniesen en la sacristía y un trabajador de la se recogiese con mimo la Cruz de los Ángeles para llevarla de vuelta a la Cámara Santa.

De Cataluña a Oviedo para presenciar el histórico evento

María Dolors Pellicer i Cardona tenía la ilusión de ver el Santo Sudario. Esta vecina de El Papiol, un pueblo de 4.000 habitantes situado en la comarca del Bajo Llobregat, a apenas 20 minutos de Barcelona ciudad, quería aprovechar unas vacaciones familiares en Santillana del Mar para hacer una pequeña excursión a Oviedo y ver la venerada reliquia. “Escribí a la Catedral de Oviedo y fueron muy atentos. Me explicaron que este día se celebraban los 1.200 años y que se haría una misa por el rito hispano-mozárabe”, explica María Dolors Pellicer. La fortuna no parecía acompañar a la mujer y su familia, puesto que debían concluir sus vacaciones justo en la víspera. Pero ante la oportunidad de participar en un evento histórico, decidieron alargar el viaje y hacer una escala adicional en Oviedo. Eran las diez de la mañana, dos horas antes de la ceremonia, cuando María Dolors Pellicer entró en la Catedral. La acompañaba su marido, Ramón Ros i Colomé, la hija de ambos, María Florentina, y la madre de Ramón, María Colomé. Jaime Ros, el patriarca de la familia, hubo de quedarse en el hotel, al sentirse cansado por el viaje. “Madrugamos porque nos avisaron que habría mucha gente y no queríamos perdernos la misa”, explica María Dolors Pellicer, que antes del oficio pudo ver el Santo Sudario en la Cámara Santa. La ceremonia les fascinó. “No conocíamos el rito hispano-mozárabe y nos ha gustado mucho”, explicaba la mujer, que no pudo evitar lamentar que “a veces tengamos cosas tan valiosas en España y no lo sabemos”.

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