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Tres detenidos tras la explosión de la oficina bancaria de San Claudio

Varios de los atracadores, que se excedieron con la carga explosiva, fueron sorprendidos por la Guardia Civil minutos después del robo

Arriba, el cajero destrozado por la carga explosiva. Debajo, la cámara, cegada con spray. | Miki López

Una explosión sacó esta madrugada de la cama a los vecinos de la calle Estación en San Claudio. No habían dado las cuatro de la madrugada cuando el edificio tembló. Un grupo de atracadores había colocado un explosivo en la boca del cajero, pero la carga era excesiva, los ventanales blindados –de unos diez centímetros de grosor– salieron despedidos, y parte del techo se derrumbó. Cuando los vecinos se asomaron a las ventanas, ya vieron cómo de una furgoneta blanca se bajaban varios hombres gritando “al suelo”, mientras otro grupo de encapuchados escapaba, entre el humo, calle arriba. Desde sus viviendas, los vecinos de San Claudio aseguran haber visto la llegada de las fuerzas del orden, presuntamente agentes de paisano de la Guardia Civil, que prendían a dos de los atracadores a los pocos metros y a un tercero a la altura de la Iglesia de Santa María, a medio kilómetro de la sucursal bancaria.

La Guardia Civil, tras las detenciones, desplazó al lugar a una unidad que documentó los daños en la oficina y precintó la zona. Desde el cuerpo afirmaron que la investigación es secreta. Fuentes oficiales de la Benemérita confirmaron el robo y se especula con que pudiese haber algún otro atracador que pudiera haber escapado de los agentes.

Según los vecinos, la intervención de la Guardia Civil fue tan rápida que la única explicación que encuentran a la intervención es que los agentes “vinieran siguiendo” a los atracadores. Las precauciones de los ladrones, que pintaron con spray de color rojo las cámaras del cajero para no ser identificados no les sirivieron de ayuda. Una de las testigos presenciales aseguraba haber visto cómo los agentes utilizaron pistolas táser (que procuran descargas eléctricas) para reducir a dos de los cacos.

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Unos ladrones revientan con explosivos un cajero automático en Oviedo Miki López

Por la mañana, una vez que se fueron los agentes y mientras los operarios de limpieza retiraban los cristales del lugar de los hechos, los vecinos especulaban sobre el robo y ponían en común lo que unos y otros habían visto durante la noche. Todos definían el olor tras el suceso como el de “los petardos”, es decir, pólvora. Pero la carga fue excesiva, que no solo inutilizó el cajero, si no que se llevó por delante media oficina.

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