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Ana Laura vuelve con los más pequeños

La artista argentina, al frente de “Tras la Puerta Títeres”, retoma sus bebecuentos en Oviedo y sus talleres en el Museo de Bellas Artes

Ana Laura Barros. | Cristina Velasco

Ya van para veinte años que Ana Laura Barros Iztovich (Quilmes, 1976) llegó a Asturias, más de la mitad afincada con “Tras la Puerta Títeres” en su local de Blimea y muy presente, siempre, en las actividades de Oviedo, en sus bibliotecas y en el Museo de Bellas Artes de Asturias, donde fue una de las pioneras en los talleres infantiles. La narradora y titiritera, condición doble y solidaria en su trabajo artístico y didáctico, vuelve ahora, tras el tiempo recogido del virus, a estas actividades. Y lo hace, además, en el campo en el que poco a poco se ha ido especializando, el de la primera infancia, los más pequeños, esos bebés de cero a tres años para los que a lo largo del mes de noviembre contará “4 papeles” y, en diciembre, “Juguemos en el bosque”, en todas las bibliotecas de Oviedo. También a ese público va destinado su segundo taller en el Bellas Artes, el 25 de noviembre, en el que trabajará con “Laminación”, de Alejandro Mieres.

Contar historias con desplegables de papel, como lo hará en las bibliotecas de Oviedo, es un camino al que le ha llevado la formación y la intuición. Formada en la escuela de titiriteros de Avellaneda, donde aprendió la técnica, fue ya aquí, asentada en Asturias, cuando leyendo el cuento tradicional japonés “El picapedrero” lo vio en su cabeza adaptado en esa técnica. “Siempre me es difícil explicar el por qué las contadas las haces de una forma o de otra, pero, quizá por deformación profesional, cuando lees los cuentos ya sabes cómo va a funcionar, si vale para guante pero no para hilo o si, será con papel, como en este caso, que fue mi primera vez”.

Una de las madres participantes en un taller del Bellas Artes en octubre.

Una de las madres participantes en un taller del Bellas Artes en octubre.

El estreno con los desplegables había sido en 2004. En 2011, con el nacimiento de su primer hijo, sumó a la maternidad su condición de maestra de educación infantil y se lanzó a ese público con “Nubes de cuento”, que hoy mantiene en el repertorio. El mercado editorial de la literatura de cero a tres años estaba y sigue estando en auge y Ana Laura empezó a especializarse en narración oral para primera infancia. En esa trayectoria suma todas sus formaciones pero hay una parte autodidacta importante. Contar para bebés supone hacerlo con aforos muy reducidos, saber que la distracción es la norma en el auditorio y que se trata de acercarles la literatura y aprender a ser espectadores. “Yo nunca tengo como objetivo que todo lo escuchen y todo lo vena. A veces se tienen que levantar porque tienen que hacer pis, o caca, o tomar la teta o el biberón o se ponen a llorar porque algo les asustó, pero siempre les digo que salgan y que vuelvan cuando se calmen No hay que dejarles la sensación de que hay que estar obligado”. Hay otra enseñanza importante en estas contadas a bebés, explica, que es la recuperación de la tradición oral, la retahíla de canciones, con las manos, con el juego. “Todo esto les resulta muy cercano, está en su naturaleza acercarse a todo lo que sean rimas”, explica Ana Laura, “pero sucede que muchas veces los padres y las madres más jóvenes han perdido esto, porque ya no lo tienen alrededor, y son solo las abuelas las que cantan conmigo las canciones y los juegos”. Por eso aprovecha y reparte también en las sesiones tarjetitas con pequeños textos para cantar en casa, convencida de que la adquisición de ese primer lenguaje sale de ahí y sienta unas bases importantes para infantil y primaria.

En el museo de Bellas Artes, que también ha retomado sus talleres mensuales, el trabajo es un poco diferente. Allí Ana Laura parte de una obra de la colección y ofrece materiales a los bebés para explorar. A veces son materiales que pueden estar muy a mano en casa, aunque habitualmente no se les ofrezcan para estas tareas. “Se trata de que pinten y jueguen, sea con arena o con cáscaras de huevo, que les encanta”. Cada obra ofrece un pie, y en diciembre, por ejemplo, los paisajes le permitirán desarrollar teatro de sombras corporales. La exploración no cesa y Ana Laura lo vive con ilusión y agradecimiento: “Me gusta trabajar con niños de todas las edades, pero con los de primera infancia especialmente, es muy agradable”.

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