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El noble arte de Pablo Sáinz-Villegas

El guitarrista, que triunfó en el concierto de los premios “Princesa”, dedicó una actuación sorpresa a su amigo Manuel Ruiz de Bucesta, canciller del Cuerpo de la Nobleza

Pablo Sáinz-Villegas, en el teatrillo de la capilla del hotel Reconquista, antes de la actuación sorpresa que ofreció el pasado sábado en el acto celebrado por el Real Cuerpo de la Nobleza de Asturias. | A. Suárez

“La música expresa el lenguaje más bello y quiero que la guitarra española suene hoy en este acto con un motivo muy especial”. El guitarrista Pablo Sáinz-Villegas, (La Rioja, 1977), considerado el sucesor de Andrés Segovia y triunfador este año en el concierto previo a los Premios “Princesa de Asturias”, regaló una actuación sorpresa el pasado sábado a los asistentes al Capítulo anual del Real Cuerpo de la Nobleza de Asturias. Sáinz-Villegas, que estuvo acompañado por su mujer, Sara Illana, asturiana de Teverga, quiso tener ese detalle con los invitados y de manera especial con su gran amigo Manuel Ruiz de Bucesta, canciller de la Corporación, que atraviesa un difícil momento personal. “Recuerdos de la Alhambra” del maestro Tárrega, y una versión de “Asturias” de Albéniz fueron las piezas que el artista interpretó desde el teatrillo del Salón Covadonga del Hotel Reconquista, antes del inicio de la cena, presidida por Francisco de Borbón, duque de Sevilla, consejero magistral de la entidad. Sáinz-Villegas fue galardonado en 2018 por el Cuerpo de la Nobleza, por su aportación a la música española. Pronunció entonces en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA una conferencia en la que dejó patente el amor que siente por la guitarra clásica española, uno de los pocos instrumentos que se identifican en el mundo con un país, algo que volvió a destacar el músico. Sáinz-Villegas debutó con la Filarmónica de Nueva York bajo la batuta de Rafael Frühbeck de Burgos en el Lincoln Center y ha tocado con las mejores orquestas del mundo.

Por la izquierda, Sara Illana, Pablo Sáinz-Villegas, Alfredo Leonard, Manuel Ruiz de Bucesta y Cristina Fernández de Chaves. | A. Suárez

Fue uno de los momentos emotivos de la velada, pero hubo otros muy especiales, como la entrega del Premio “Conde de Latores” a la labor humanitaria, a la Organización Iberoamericana de la Seguridad Social (OISS), recogido por Gina Riaño, secretaria general de la Organización y ex ministra de Trabajo de Colombia, que destacó la labor que realizan para que los emigrantes conserven los derechos adquiridos en sus lugares de origen. Gina Riaño agradeció con vehemencia el reconocimiento que le entregó el duque de Sevilla. El “Conde de Campomanes” a la Economía fue para Telefónica, recogido por Francisco de Bergia, director de Asuntos Públicos de la compañía. Olivia de Borbón también recibió de manos de su padre la Gran Cruz de la Corporación. En la ceremonia destacaron los uniformes del Santo Sepulcro de Jerusalén, Maestranza de Caballería de Zaragoza, Cuerpo de la Nobleza de Cataluña, Cofradía de Nobles de Nuestra Señora del Portillo de Zaragoza, Cofradía de Caballeros Cubicularios de San Idelfonso y San Atilano de Zamora, Asociación de Hidalgos y Guisados de Cuenca y del propio Cuerpo de la Nobleza de Asturias, pero lo que brilló de verdad fue la amistad.

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