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Merino resucita a Pardo Bazán: “Sin ficción no sabríamos quiénes somos”

El Premio Nacional de las Letras de este año, “antesala del Cervantes”, reflexiona en la Cátedra Alarcos sobre “una autora modernísima”

De izquierda a derecha, Emilio Martínez Mata, José María Merino, Josefina Martínez, José Antonio Gómez y José Antonio Vega, en el Aula Magna de la Universidad. | Irma Collín

José María Merino, Premio Nacional de las Letras Españolas 2021, hizo ayer un repaso por el mundo del cuento de Emilia Pardo Bazán por el aniversario de su fallecimiento. El escritor gallego-leonés pasó sobre la obra de la marquesa en el Aula Magna de la Universidad de Oviedo. La Cátedra Alarcos, libre de restricciones de aforo, pudo volver a la normalidad en su primer acto del curso y lo hizo llenando la sala y con un invitado de lujo. Recibió el premio hace solo dos semanas, un galardón que es, según explicó Josefina Martínez, “la antesala del Cervantes”.

Durante el acto, tras hacer un minucioso repaso a la obra de la que está reconocida como la mejor novelista del siglo XIX, Merino se arrancó a leer un cuento de la autora, “La resucitada”. El cuento, que rompe con el concepto clásico y alegre de la resurrección que se ve, por ejemplo, en la Biblia, le sirvió a Merino para ejemplificar la modernidad de “doña Emilia”: “Es un cuento actual, modernísimo, lo entendemos, podría haber sido escrito hoy”.

El leonés, “el autor actual que mejor reflexiona sobre la literatura”, como le definió Josefina Martínez, lanzó al público una serie de reflexiones sobre el origen de la literatura, su importancia y como la ficción vertebra al ser humano. A su juicio, “el cuento surge del pensamiento simbólico, el que nos separa del chimpancé” y “no es el ser humano el que inventó la ficción, es la ficción la que inventó al ser humano”. En definitiva, “sin ficción no sabríamos quienes somos, ni cómo nos sentimos, cada generación debería aprender desde cero”. La narración, dice, es lo primero que hizo el ser humano. Y, según puso ayer sobre la mesa, pocos lo han hecho como la escritora a la que vino a Oviedo a glosar y explicar al público.

Merino admira a Emilia Pardo Bazán y en la Universidad admiran a José María Merino. Todos los presentes en el acto rindieron homenaje al autor y también los que no estuvieron. El Rector, Ignacio Villaverde, que no pudo acudir a la actividad por cuestiones de agenda dejó un vídeo para dar la enhorabuena a Merino por el premio, disculparse por su ausencia y transmitir su admiración por la obra del escritor leonés. Josefina Martínez hizo, antes de que Merino comenzase a destripar la obra de Pardo Bazán, un repaso por la del flamante Premio Nacional de las Letras: poesía, novela, ensayo, microrrelato, memorias, relatos infantiles y adaptaciones de textos ajenos; pero también muchos premios. “Recibo así los halagos gracias a la edad que tengo”, respondió el aludido, acostumbrado a encajarlos durante el último mes.

Ante las preguntas del público, el escritor respondió con ganas a una joven que le preguntó por el papel del cuento en la educación. “Esa pregunta me ha tocado”, explicó tras recordar cómo en su colegio les enseñaban La Celestina, pero no les dejaban leerla. “‘Las novelas, no verlas’ que decían los curas”, anotó. Merino, en una batalla que sabe casi perdida, defendió ayer la literatura como medio de aprendizaje. La Cátedra se prepara ahora para otro centenario, el del nacimiento de Emilio Alarcos (Salamanca, 1922), que ocupará buena parte de su programación el próximo año. Hasta entonces, como se despidió el escritor, “hay que leer a doña Emilia”.

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