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Salomé Álvarez | Ovetense, nueva presidenta de las matronas de España

“Una embarazada no es una enferma, debe decidir sobre su parto y disfrutarlo”

“Los paritorios se abren en los sesenta por la mortalidad materno-infantil, los nacimientos se medicalizaron, se pasó de un extremo a otro”

Salomé Álvarez, presidenta de la Federación de Asociaciones de Matronas de España (FAME). | | CRISTINA VELASCO

La ovetense Salomé Álvarez lleva un mes viviendo de guardia. Enfermera de formación por la Universidad Pontificia de Salamanca, es matrona en el HUCA desde 2010. En 2015 fue elegida presidenta de la Asociación Profesional de Matronas del Principado (APROMAP). A finales de octubre fue nombrada presidenta de la Federación de Asociaciones de Matronas de España (FAME). Desde entonces tiene “más frentes abiertos que nunca” y vive de reunión en reunión, sin bajar la atención en un trabajo en el Hospital que no entiende de horarios:_“Nos queda mucho por hacer”.

–¿Qué retos tiene ahora la Federación?

–Visibilizar la figura de la matrona, para el ciudadano, pero también para las administraciones. Como profesión podemos aportar mucho más al sistema. No nos están dando opción, no sé si porque no se ve la necesidad o no se conocen nuestras competencias. Ese es nuestro mayor caballo de batalla: ser visibles.

–¿Qué hace una matrona?

–Somos enfermeras especialistas en obstetricia y ginecología. Nuestro campo está centrado en lo fisiológico dentro de la obstetricia y la ginecología. Podemos atender a las mujeres desde el inicio de su edad reproductiva hasta el final de la vida. Entre nuestras competencias está la educación sexual, participar en programas de cáncer de cérvix y de mama, la atención del embarazo y del parto de bajo riesgo, que es una competencia exclusiva nuestra. Tenemos un amplio campo competencial que no se está desarrollando todo lo que debería.

–¿No se cumple?

–Se nos relegó a los paritorios. Hubo una época en la que en España no se formaron matronas. La escasez de profesionales hizo que nos quedásemos en los paritorios. Cuando se desarrolló el programa formativo de la especialidad se ampliaron las competencias, pero no nos están dando la oportunidad de desarrollarlas.

–¿Cómo está la situación en Asturias?

–Intentando despegar. Ahora mismo en Asturias hay en activo unas 100 o 110 matronas y el setenta por ciento está en los paritorios, porque tenemos ocho abiertos veinticuatro horas. Solo hay 30 para atender toda la atención primaria.

–¿Cuántas debería haber?

Por lo menos multiplícalo por tres. Hay centros de salud que concentran la atención de la matrona de varios centros. Se limita muchísimo la acción.

–¿Dónde se está haciendo mejor?

–En Cataluña nos dan veinte vueltas, pero no hace falta ir tan lejos. En Cantabria, que tiene una población similar, las competencias de la matrona son completamente distintas. Hay muchas más matronas en la atención primaria y hacen cosas que aquí no hacemos.

–¿Parto en casa o en el hospital?

–No hay blanco ni negro. En un embarazo que se desarrolla de una manera fisiológica y en el que se inicia un parto de forma espontánea y de bajo riesgo, pues cuanto menos intervención tenga mejor va a ir. Eso dice la evidencia científica, pero no quiere decir que sea en casa o en el hospital.

–No todos son así.

–Hay partos o embarazos que se desvían de la normalidad. En esos no se recomienda el manejo fuera de un centro hospitalario por las posibles complicaciones que pueda tener. No es que una opción sea mejor que otra, todo está en cómo se desarrolle el embarazo, hay que estar y valorarlo. Tanto en un sitio como en otro tiene que haber profesionales que sepan y puedan aconsejar e informar a la mujer para que pueda decidir. No todo vale para todo.

–¿Hay pedagogía que hacer?

–Eso puede ser lo que más nos está costando cambiar de la mentalidad a los sanitarios. La mujer tiene que ser protagonista de su parto y debe decidir dentro de las opciones que se le ofrecen. Hubo una época en la que se era muy paternalista en los hospitales. La gente iba al médico y se dejaba hacer. A algunos le dan una medicación y no saben ni lo que están tomando. Esa es la mentalidad que hay que cambiar y lo que se está haciendo en los paritorios desde los últimos diez o quince años. Aún queda mucho por hacer.

–¿A qué se debe?

–En los sesenta existía una cifra de mortalidad materno-infantil relativamente alta. Por eso se metieron los partos en los paritorios, por eso se empezaron a medicalizar para reducir estos números y se consiguió. Pasamos de un extremo a otro. Después empezaron a salir estudios en este sentido y se demostró que las intervenciones que se hacían de rutina podían ser problemáticas.

–¿Lo más moderno es, siempre que se pueda, no hacer?

–Cuando se metieron los partos en el hospital se tiñeron de enfermedad cuando no es así. Eso terminó calando en la sociedad. Una embarazada no está enferma. La embarazada está en un proceso fisiológico y debería disfrutar de ello en la medida de lo posible. Luego me critican por decir eso, pero creo que es así.

–¿Por qué le critican?

–Bueno, cuando lo digo hay gente que me mira con una cara… No me gusta que se asocie el parto al sufrimiento. Sufrimiento implica algo terrible. Hay gente que eso no lo entiende, que dice que el parto duele y se pasa mal… Claro que duele. Ahora tenemos un montón de métodos de alivio del dolor y es un proceso con final feliz. No tiene nada que ver con el sufrimiento. Me miran raro cuando lo digo, pero lo creo así.

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