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Música Armando de Castro Guitarrista y cantante de "Barón Rojo", tocan el domingo en Tribeca Live

Armando de Castro, cantante y guitarrista de "Barón Rojo": "La despedida del grupo es un último vuelo con muchas escalas"

"Quise sacar material inédito y se me negó el pan y la sal, estamos en la época de ir a lo 'trillao'"

Armando de Castro

El temido "vuelo final" de "Barón Rojo" despega a ritmo de rock and roll con turbulencias que llegarán a Oviedo el domingo a las 20.00 horas, en la sala Tribeca Live. Lleva algo de retraso debido al covid, pero el cantante y guitarrista de la formación, Armando de Castro, prevé un buen aterrizaje junto al público. "No sé por dónde tendrá que ir la evolución, o la revolución, pero al rock aún le queda cuerda", afirma.

-¿Con ganas de volver a Oviedo?

-La verdad es que Asturias es una tierra que merece mucho la pena y ha tenido una gran acogida para Barón Rojo. Hemos actuado en Oviedo, Mieres, Avilés, Pravia... Siempre con una respuesta fenomenal. De nuevo vamos a estar por allí y será un concierto estupendo; por nuestra parte y por lo que pondrán los asistentes.

-¿Aún hoy hay que escuchar "Barón Rojo" a todo volumen?

-La manera de que el rock cause sensación es escucharlo así. Se puede oír bajito, yo a veces lo utilizo para dormirme porque a nivel moderado relaja. Aunque en este caso, si vas a un concierto, incluso de música clásica, debe tener una buena presión sonora. La música transmite energía, eso se consigue mediante decibelios y buena calidad.

-¿Los rockeros siguen yendo al infierno, o el infierno se ha acerado a la música comercial?

-Ese lugar es el tópico donde se manda a todo aquel que aparentemente no cae bien y crea dificultades. A la gente incómoda se le suele mandar allí. Yo creo que hoy en día el rock es algo que forma parte de todo el tinglado musical y del negocio. Mueve mucho dinero. Como eslogan se mantiene muy bien, pero la realidad nos ha sacado del infierno. Estamos en plena ebullición, si siguiéramos marginados no habría posibilidad de difundir nuestro estilo.

-¿Tratan de volver los desertores del rock?

-Supongo que no se referirá a nosotros (risas). Siempre hay gente que reniega de sus orígenes y se apunta a hacer músicas fuera de su perfil. Aunque es válido no deja de ser traicionarse a sí mismo. En ese momento "Los desertores del rock" fue una canción coyuntural, nosotros cambiábamos de grupo, de discográfica, de planteamiento... Es un tema de 1981. A quienes fueron desertores, el mundo del rock les ha vuelto a admitir y siguen ahí haciendo conciertos. No sirvió de mucho nuestra arenga.

-¿Siguen prefiriendo a Caín antes que a Abel, o el tiempo les ha reformado?

-La sociedad tiene un cierto maniqueísmo que divide a la gente en buenos y malos. En determinado momento a ciertas personas se las ha encasillado el papel de villano, sospechoso o siniestro; mientras al lado de Abel pertenecen aquellas que son aceptadas estupendamente. De todos modos creo que ese pensamiento se va superando, hay canciones que coyunturalmente están bien pero -quizá gracias al mensaje- se va superando esa diferenciación que se hace entre unos y otros. Al final, los que parecen malos son buenos y viceversa. Necesitamos indagar más allá de las apariencias.

-¿Eso también ha sucedido en la industria musical?

-Todo ha cambiado. Para empezar las compañías que movían todo el sistema de consumo han tenido que reinventar su funcionamiento para adaptarse al internet. Por otra parte el público se ha hecho menos aventurero, prefiere escuchar lo que está consagrados y rechaza las grandes novedades. Intenté sacar material inédito hace un par de años y se me negó "el pan y la sal". Estamos en la época de ir a lo "trillao", a lo que se sabe que funciona.

-Entonces, ¿larga vida al rock and roll o es un movimiento acabado?

-Este género tiene que intentar renovarse. Lo bueno que tiene son los cimientos sólidos, ha echado raíces profundas dentro del tejido musical. Pero le toca tratar de buscar algo diferente sin perder la seña de identidad. Los intentos han servido para refrescar el mercado pero no han logrado el nivel de los grande monstruos de los 70 y principios de los 80. Esa es la labor que les queda a las nuevas generaciones. No sé por dónde tendrá que ir la evolución, o la revolución, pero aún queda cuerda.

-¿Hasta cuando volará el Barón?

-Teóricamente iba a concluir con nuestra gira de despedida en 2020 pero la maldita pandemia lo ha puesto todo patas arriba. Aunque ha tenido consecuencias positivas, se frustró nuestra gira pero eso nos ha llevado a replantearnos esa despedida. No queremos dejar nada en el tintero, hay muchas plazas por visitar y mucho contacto pendiente con quien quiere decir adiós a Barón Rojo. Hoy por hoy no veo final, esto es un último vuelo con muchas escalas.

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