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Diferentes maneras de hacer voluntariado, pero un mismo corazón

Hoy es el Día Internacional del Voluntario y dos mujeres con una larga trayectoria en Cáritas cuentan su experiencia

Belén Alfonso y María José Alonso, voluntarias de Cáritas, en el Campo San Francisco

Belén Alfonso lo tenía claro. Sus hijos crecieron y no quiso que su papel como educadora cesara ahí; por eso, hace 20 años, llamó a las puertas de Cáritas. María José Alonso no empezó por convicción, le debía un favor a una persona de su parroquia y se inscribió como voluntaria; desde entonces, ha pasado casi una década y no se imagina la vida sin labor social. Hoy, Día Internacional del Voluntario, ambas se reúnen en el Campo San Francisco y toman café junto a LA NUEVA ESPAÑA para hablar de visiones diferentes de su dedicación, pero "con un mismo corazón".

Cáritas Diocesanas de Oviedo propone, desde 1981,diferentes programas para todo tipo de perfiles, desde el cuidado de personas mayores hasta el acompañamiento a reclusos. "No todos servimos para todo y cada persona tiene sus propias cualidades para ayudar. Unos escuchan, otros saben mediar... ", explica Alfonso.

-¿Y cuál es la suya?

-Soy paciente y me encantan los niños- afirma.

Por eso lleva desde el principio en "Alba", una propuesta socioeducativa dirigida a menores, entre 6 y 13 años, en riesgo de exclusión. La mayoría son inmigrantes y su necesidad principal es entender el idioma para poder interactuar con la sociedad de su lugar de acogida. Según Alfonso, es maravilloso enseñarles, pero se trata de un camino recíproco: "Entras pensando en qué vas a aportar y finalmente te aportan ellos a ti. Al final lo que estás dando es tu forma de ser ".

Con esta reflexión coincide Alonso, que cuenta lo impresionante que resulta ver a un hombre de metro ochenta que se sienta frente a quien le está prestando ayuda y abre en canal sus sentimientos. Para esta voluntaria, la Iglesia necesitaba abrir sus ventas (al estilo San Juan XXIII) y renovar el concepto de beneficencia. Su cometido fue, y sigue siendo, la acogida en la misma parroquia: ese primer momento en el que los necesitados acuden a la desesperada y rogando soluciones inmediatas. "No se trata de darles unos kilos de comida o algo de ayuda económica -que también- es necesario mirar hacia su desarrollo", tal como defiende. No solo hay que responder a la urgencia, también hay que empatizar y acompañar.

La idea de la que las dos mujeres hablan es la de encontrar espacios donde las personas necesitadas puedan sentarse y hablar. Todos esos casos ponen nombre y apellido a las problemáticas que llenan la política y los medios de comunicación: refugiados, malos tratos, delincuencia, marginalidad... "Tenemos que enseñarles a que cojan las riendas de su vida, que aprendan a autogestionarse", cuentan.

Aunque el número de voluntarios ha crecido a raíz de la pandemia, animan a la gente joven y con tiempo disponible a acercarse a conocer el trabajo que realiza esta institución, que en ocasiones creen que está invisibilizada y estigmatizada. "Con la edad te das cuenta de que tienes algo que devolverle a la vida y acabas en obras de caridad; pero es importante involucrar también a las nuevas generaciones", explica Alonso.

En la actualidad, el voluntariado tiene sus temáticas, las mismas que tiene el día a día. Familias monoparentales con una mujer joven al frente, esposas ahogadas por relaciones en las que no tienen nada que hacer sin sus maridos pero tampoco junto a ellos, solicitantes de asilo de Venezuela y Marruecos... "Mucha gente opina sobre estos temas con desconocimiento y de manera frívola, cuando se puede obtener un testimonio humano", dicen. Todo es cuestión de acercarse.

En el tiempo de la individualidad, el egoísmo y el "smartphone", aún quedan lugares donde la interacción se convierte en un recorrido de doble dirección, porque todo lo que uno da lo recibe de vuelta, según sostienen estas veteranas. Nadie ha dicho que el voluntariado sea camino sencillo, pero casi ningún recorrido que merezca la pena lo es.

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