Bailaba en una esquina de una discoteca con sus amigas cuando empezó a sentir unos empujones. Eran tres jóvenes. Escuchó como se referían a él como "maricón de mierda". Lo siguiente fueron puñetazos, un vaso en la cabeza y la rápida respuesta de sus amigas que le sacaron del local. "Si no es por ellas, me podría haber quedado ahí", cuenta ahora Kevin, el joven de 21 años víctima, en la noche del 3 de diciembre de una agresión homófoba que le dejó en el hospital con fuertes golpes y brechas en la cabeza y el cuello. La hemorragia inicial era tan grande que obligó a los servicios de emergencia a ponerle las primeras grapas en plena calle, cuando le asistieron, también, agentes de la Policía Local de Oviedo.