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Reyes magos y solidarios

Las religiosas de María Inmaculada, desde el siglo XIX ayudando a mujeres en situación de vulnerabilidad, lanzan su campaña navideña

La hermana Lucía Fernández, leyendo la carta de Angélica a los Reyes Magos, en el Centro Social de las Hermanas de María Inmaculada. | I. Collín

Angélica, de 9 años, pide a los Reyes Magos unos zapatos calientes para el invierno, de la talla 36. Y, de paso, el peluche llamado “Cubby” (un oso interactivo). Les cuenta que el 5 de enero también es motivo de celebración debido a su cumpleaños, y que está muy contenta con las clases de guitarra que recibe en su centro social. Esta es una de las 100 cartas que han recibido los voluntarios de las Religiosas de María Inmaculada en Oviedo durante el comienzo de su campaña navideña.

La labor de esta institución, activa desde el siglo XIX, la inició Santa Vicenta María López Vicuña al darse cuenta de la situación de desamparo que sufrían muchas jóvenes procedentes del entorno rural a la hora de labrarse un futuro. Como solución fundó una comunidad religiosa que encargada de dirigir un centro social que dotase de permanencia la colaboración con mujeres. La idea principal giró en torno a acoger, formar en el ámbito doméstico y así permitir a los colectivos más vulnerables ganarse el pan. La visión actualizada, dos siglos después, tiene la misma línea de actuación, pero en este caso los hombres también reciben amparo y la mayor parte del colectivo que solicita formación es inmigrante. Como muchos acuden junto a los más pequeños de la familia, las Hermanas no quieren olvidarse de ellos. “Son también parte de nuestra comunidad”, expresa la encargada de las labores sociales, Lucía Fernández.

Entre numerosos proyectos, como el apoyo escolar individualizado, las jornadas de sábado para quienes tienen a sus padres en el trabajo o las clases de canto, llega el mes de diciembre con ilusión extra incorporada: la magia de la Navidad. Para los miembros del centro es algo entrañable porque hace felices a muchas personas que de no ser por la ayuda se verían apretadas económicamente a la hora de pasar estas celebraciones; en el caso de los niños, se trata de una de las fechas más esperadas del calendario. “Y eso, que desde el año pasado el covid ha cambiado nuestro modus operandi”, sostiene la Hermana al mando.

Antes de la pandemia, la entrega de los regalos se celebraba en presencia de Sus Majestades de Oriente, que acudían a la invitación de la fiesta organizada en el patio del Centro Social María Inmaculada de Oviedo. Todo un honor que aceptaban con gusto, y al que se sumaban dulces y actividades. Ahora, esta recepción privada, se ha convertido en una sigilosa visita mientras los niños duermen, para dejar en alguna estancia del hogar sorpresas y gominolas.

Detrás de este gesto solidario, hay una labor que requiere tiempo de preparación y organización. El primer paso es tener correspondencia con la que ponerse manos a la obra, por eso las Hermanas animan a los jóvenes de hasta 12 años a escribir su lista de deseos. “Siempre les recomendamos que pidan cosas útiles, como ropa o zapatillas”, dice Fernández, y respecto a la edad reconoce que a veces hacen alguna trampa: “Nadie va a quedarse sin Reyes”. Después se entrega una carta a cada voluntario para que se haga cargo del pedido, normalmente la cantidad que invierten supera los 50 euros y eso permite cumplir de manera parcial las peticiones de los menores. “Nunca son artículos usados, todo llega a estrenar”, asegura la Hermana. Por último, toca el día de recoger los paquetes que han llegado a la sede de María Inmaculada envueltos con tanto mimo. “Es un verdadero espectáculo ver todos los papeles de colorines apiñados “, ilustra Fernández. Es la muestra, en formato paquetes, de que la solidaridad sigue presente.

Este año, el 5 de enero se invitará a los padres, tíos, hermanos al reparto de lo recaudado en el centro. Cada uno, sobre adjunto para evitar equivocaciones, irá acompañado de la bolsa de golosinas que dona todos los años una empresaria, de este sector, agradecida con la institución. “Una de nuestras chicas cuidó de su madre y desde entonces colabora de esta manera. Nos llegan cantidad de dulces”, dice agradecida Fernández. De esta manera, Angélica no solo tendrá calzado caluroso y un oso que habla; también a un voluntario que actúa como “ángel de la guarda”, para cubrir sus necesidades otra Epifanía más.

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