Del horno de leña a la impresora 3D, una nueva forma de hacer pizza inventada por un asturiano
Xulio González, afincado en Vigo, lanza un sistema para imprimir comida probiótica ajustadas a las necesidades de la flora intestinal de cada uno

Xulio González en el laboratorio con los prototipos
Elena G. Díez
Imagine que está sentado en el sofá y le entra antojo de pizza. Ahora, imagine que se acerca a una impresora 3D, inserta un cartucho semejante a los de la tinta y en unos minutos tiene hecha la comida, que, además, es probiótica. Suena a ciencia ficción, pero no lo es. Xulio González, un inventor asturiano afincado en Vigo desde hace cuatro décadas, acaba de patentar esta ingeniosa idea. Lo tiene muy claro, "el futuro es para los que se adapten al cambio" y por eso, propone una dieta alternativa a quienes padecen problemas intestinales, aunque según afirma, puede disfrutarla cualquiera que desee comer sano. “Esto no es como en el pasado, dos más dos ya no son cuatro, la evolución no tiene reglas para salir adelante. Ya no se trata de dinero o capacidad intelectual, sino de adaptación a los nuevos entornos relacionados con el día a día”, afirma este visionario.
Xulio nació en Oviedo, aunque no dice el año exacto, porque según asegura casi ni sus hijas conocen su edad. "No crezco porque estoy todo el día investigando", bromea. Comenzó a idear inventos a una edad muy temprana, cuando la falta de sueño le llevó a dormir muy pocas horas, de cinco a siete de la mañana, tal como explica, y esto le llevó a invertir ese tiempo en dejar volar la imaginación y formarse en diferentes áreas. Es licenciado en ingeniería electrónica y mecánica. Se mudó a Vigo para iniciar un proyecto, que tras resultar un éxito le obligó a asentarse de forma permanente: una báscula que funcionaba con exactitud a bordo de los barcos. Este mecanismo para pesar objetos en la inestabilidad de alta mar le catapultó a la fama en 1985 y sirvió como motivación para seguir adelante. "Me decían que aquello estaba a años luz, nadie creía en ello. Hablamos de una época en la que no había Internet y los experimentos se hacían a machete", cuenta Xulio. A pesar de este éxito y su nueva vida en tierras gallegas, insiste varias veces durante su conversación con LA NUEVA ESPAÑA, en que su corazón sigue siendo carbayón y allá donde va, que han sido muchos lugares, promociona la sidra y las buenas costumbres asturianas.
Gracias al foco mediático que consiguió con su instrumento marino, fundó el grupo Teaxul y continuó patente tras patente, proyecto tras proyecto, hasta llegar a la dietética del futuro. "Este proceso comenzó porque me retaron", explica el inventor, ya que asegura que cuando le dicen que no es capaz de algo invierte el doble de esfuerzo. Se enfrascó en él en 2019 junto a Oanxus, un centro de investigación multidisciplinar de nueva creación ubicado en Vigo, y por fin puede presentar los frutos obtenidos, que han obtenido la financiación de ICEX. La idea es que en casi todos los hogares, al igual que hay una Thermomix, las familias dispongan de su propia impresora 3D a un precio razonable, donde puedan introducir estos preparados alimenticios y cuidar su flora intestinal. "Comes y a la vez te estás curando", asegura Xulio. Y explica: "Esta tecnología permite desarrollar la personalización de alimentos e incluir en ellos moléculas funcionales". En este caso prebióticos y probióticos, aunque es solo el principio. El científico quiere apostar por la iniciativa con calma, para no ver "las cosas como un negocio antes de tiempo", pero asegura que de aquí se puede avanzar a un método de alimentación diferente, adaptado a las necesidades de cada usuario.
Para quienes duden de la naturalidad de estos productos que constan de diferentes ingredientes para poder seleccionar entre una cuatro quesos o una pepperoni, asegura que están homologados y provienen del campo: "Mucho mejor que los transgénicos, quién va a creer que una fruta sin pepitas es algo de la madre tierra". Ya que se considera un gran defensor de la comida sana y el primer preocupado por esta materia. Todo ello se encuentra previamente testado en un laboratorio mediante una minuciosa labor para conocer qué cantidad de microbiota intestinal es necesaria según los gramos que se pone a cada cocinado.
A su vez, el ingeniero aclara que no busca hacer ningún tipo de competencias a las pizzerías o establecimientos de comida rápida, el primer proyecto ha seguido está línea pero solo se trata de la forma que ha tomado, ya que era necesario empezar por alguna gama de productos específica: "Es un nivel diferente, lo llamamos pizza porque es lo que se va a 'dibujar', pero ni el proceso para obtener el resultado ni los componentes son lo mismo. Comenzamos con esto porque necesitábamos algo concreto para hacer las pruebas definitivas, para calcular cantidades...". E insiste: "Hay gente que necesita por narices una alimentación determinada, eso queremos darle. Aunque se trata de algo que puede disfrutar todo el mundo y resulta beneficioso". Tal y como él lo imagina, dentro de unos años las sociedades podrán programar estas impresoras para que les haga una hamburguesa o un pescado, tecnología punta a la carta.
Aunque no lo parezca el asturiano no es un gran amante de la inteligencia artificial ni de las nuevas tecnologías, de hecho cree que el ser humano es imprescindible y las maquinas carecen de sabiduría o intuición. "Si seguimos así los mejores amigos de los niños van a ser robots y eso es preocupante", declara. Se trata de un apasionado de la creatividad y la modernidad, así es como se define, que se adapta a la globalización y busca soluciones para mejorar el día a día de las personas. Eso le ha llevado a ganar cuatro premios europeos en materia de salud y medioambiente, así como embarcarse en investigaciones de todas las tintas. Eso hace que nunca cese su formación e invierta esas 22 horas que permanece vigilia a continuar estudiando.
"Creo en la autosuficiencia de la gente, eso es lo que planteo en mis ideas", dice el ovetense, que apuesta fuerte por la implantación de sistemas que doten a la sociedad de herramientas hacia el desarrollo global. Por ahora, la autonomía no se patenta, pero las pizzas probióticas para imprimir al estilo casero sí.
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