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Un apeadero de riesgo en la estación de La Corredoria

Los vecinos del barrio denuncia la falta de seguridad de los accesos a la vía del tren en el parque La Carbonia, que supone un peligro para niños y perros

Rita Álvarez y Teresa Ruiz junto a su perra Lua en el parque La Carbonia

El parque de La Carbonia comparte su camino, en paralelo, con las vías tren de La Corredoria. Ayer, en sus inmediaciones se podía ver viandantes con perros que aprovechaban el camino asfaltado por la zona verde, y el sol que comenzaba a asomar entre la niebla, para dar un paseo matinal; también a un chico que, a paso apresurado, se acercó a la verja de seguridad que separa el jardín de la estación y como por arte de magia desapareció entre la maleza. Pero no se trata de prestidigitación, este tipo de maniobras las facilita el enorme agujero que alguien abrió hace tiempo en las vallas. "Va a colarse al tren", comentaban las vecinas Rita Álvarez y Teresa Ruiz, para ellas esta situación es el pan de cada día. Y según dicen, que alguien coja el transporte sin pagar es el menor de los problemas que esta situación puede generar.

Uno de los huecos abiertos en las vejas de seguridad para acceder a las vías E. G.

Desde hace más de un año, lo largo del trayecto se encuentran dos agujeros de acceso, que a pesar de repararse vuelven a aparecer al cabo de unas semanas. "Algunos vecinos han intentado arreglarlo, con cables o poniendo mecanismos de contención, pero no hay manera. Siempre encuentran la manera de abrirlo de nuevo", afirmaba Álvarez. Incluso hay algunos que se enfrentan con quienes van a repararlo. Jesús Alonso tiene dos niños de 7 y 9 años que disfrutan montando en bicicleta y jugando por la zona, como le preocupa que durante alguna de sus exploraciones puedan ponerse en peligro ha intentado cerrar el paso a la zona ferroviaria: "Las tres veces que he tratado de poner remedio se han acercado a increparme algunas personas. Incluso me llegaron a decir que era mi problema y que atase a mis hijos".

Esta preocupación se extiende también a los perros del distrito. Hace casi dos meses, los residentes reclamaron al Ayuntamiento una parcela de terreno donde sus mascotas pudieran jugar sin ataduras, una petición que fue concedida y el lugar elegido fue junto a los hórreos de este parque que colinda con el IES La Corredoria. Sin embargo, ni propietarios ni canes han podido disfrutar de la recién estrenada libertad. Según explican tanto Ruiz como Álvarez la mayoría de los habitantes no se atreven a soltar la correa por miedo a que los cuadrúpedos escapen a las vías y pueda ocasionarse un accidente. Ambas paseaban junto a Lua, el Border Collie que la segunda adoptó hace un año y dos meses.

"Tiene miedo al sonido de los motores de los vehículos cuando rugen muy fuerte. En esos momentos se espanta y no hay manera de que vuelva, si esto sucede aquí quizá encuentre en el agujero una vía de escape y no la volvemos a ver", explicaba su dueña preocupada. Alonso, que también es propietario de un cachorro de ocho meses, añade: "Es una pena que no podamos aprovechar la oportunidad que nos han dado para soltar a nuestros perros", una lucha que le costo a La Corredoria varios meses y casi 700 firmas recaudadas.

Otros peligros añadidos son las precipitaciones de personas a la vía y la altura del muro que hay que subir para llegar al anden. “A veces lo saltan personas mayores. Algún día va a pasar una desgracia”, aseguró Alonso. Los vecinos del Conceyín necesitan un parque seguro y una parada sin riesgo. 

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