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Adiós a medio siglo entre fogones en Oviedo: “Duele porque soy feliz trabajando”

Esteban López cierra su sidrería de la avenida de Santander acorralado por el virus tras 50 años en el sector

Sidrería Esteban: adiós a medio siglo entre fogones

Sidrería Esteban: adiós a medio siglo entre fogones Amor Domínguez

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Sidrería Esteban: adiós a medio siglo entre fogones Lucas Blanco

“Duele porque soy un enamorado de la profesión y fui feliz trabajando casi 20 horas diarias”. Con lágrimas en los ojos y rabia contenida, Esteban López anuncia el cierre de su popular sidrería de la avenida de Santander el próximo día 1 de febrero. Cansado de “poner dinero mes tras mes” desde el inicio de la pandemia, la anulación de todas las comidas que iban a llenar su establecimiento en diciembre puso la puntilla. “Lo intenté y quería seguir, pero no tiene sentido”, explica el hostelero, de 65 años, que acumula más de 50 de trayectoria íntegramente ovetense en el sector.

Natural de Villayón, López aterrizó en la capital del Principado siendo un chaval, en 1970, y un año después comenzó a trabajar en el restaurante Cervantes de Conrado Antón en la calle Jovellanos. “Entré como aprendiz de todo, hacía de camarero y de auxiliar de cocina y ahí aprendí de muy buenos cocineros que pasaron por aquellos fogones”, rememora.

En 1984 abrió su propio negocio en la calle Pedregal. “Entonces solo estaba otro hostelero que se llamaba Avelino”, recuerda de una etapa en la que comenzó a hacerse un nombre en la hostelería local. Una operación inmobiliaria le obligó a buscar un nuevo local en 2001 y, tras pasarse seis meses como encargado del restaurante “El Trasiego”, se instaló en la avenida de Santander, donde este mes dará carpetazo a sus dos últimas décadas de éxito. “Llegué a dar de media 130 comidas diarias algún mes y a vender entre 15 y 20 cajas de sidra. El récord fue en la huelga general de 1992 que vendí 27”, rememora.

Su secreto, productos de primera calidad y mucho trabajo. “Tengo clientes desde el primer día, aunque echo de menos a muchos”, indica sobre una fidelidad apoyada en especialidades como la fabada, el rabo de toro o el bacalao, todo ello fruto de sus propias manos. “Todo lo cociné yo, ahora tocará huerta en mi casa de San Claudio y dedicar más a la mujer y los hijos”, sentencia el hostelero.

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