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La caída de la "banda de los viales de insulina": tenían armas y distribuía coca por Oviedo llamándola "una película o media película"

“No estoy andando con chocolatinas arriba y abajo, chaval, qué crees que ye esto”, se escuchó en una conversación entre los dos cabecillas | Toda la banda ha sido sentenciada a casi 27 años de cárcel

La droga, el dinero y las armas incautadas a la red. | Guardia Civil F. J. A.

Manuel G. G. Á. conseguía la droga, que almacenaba en su domicilio de Vallobín (Oviedo), y luego la distribuía él mismo o con la colaboración de David V. B, Amador M. A., Francisco Á. M. e incluso con la de su hijo, Luis Manuel G. F. Con la intención de proteger el alijo que tenía en su casa, valorado en cerca de 450.000 euros en el momento de la incautación, Manuel G. G. Á. guardaba dos armas, un revólver y una pistola, para las que no poseía licencia y que además estaban sin identificar. También la mujer del traficante, Montserrat F. G., colaboraba en el negocio, ya fuera entregando droga esporádicamente a algún cliente que se acercaba al domicilio o, sobre todo, preparándola para que su marido, de 65 años, la distribuyera escondida en viales de insulina.

Así lo señala la sentencia dictada contra los seis miembros de esta red de narcotráfico que operaba en Oviedo. La importancia de David V. B. en esta organización era grande, casi al nivel de Manuel G. G. Á., puesto que él era el jefe de los otros dos integrantes del entramado que componían la red de distribución. El más cercano a David V. B. era Amador M. A., que a veces se encargaba de recoger la droga que les facilitaba Manuel G. G. Á. y de guardarla. El último en el escalafón era Francisco Á. M., que recibía la droga y la distribuía.

La organización tenía un importante red de clientes y la comunicación con ellos se hacía por teléfono. Manuel G. G. Á. contaba con su propia clientela y mantenía una ruta fija por puntos como la plaza Primo de Rivera, el hotel Ibis, la calle Torrelavega, el parking del centro comercial de Los Prados o la zona del Supercash de Cerdeño. Quedaba con ellos en un punto, los subía a su coche, donde permanecían muy poco tiempo, el suficiente para realizar el intercambio.

En las conversaciones grabadas por la Guardia Civil, que aparecen en la sentencia a la que ha tenido acceso este periódico, se reproducen algunas de los diálogos que tenía con los clientes, en los que se refiere a la droga como “una película” o “media película”. A veces, cuando él no podía llegar a alguno de los requerimientos, mandaba a su hijo. “Me mandas una película con el guaje”, se escucha en una de las grabaciones con un cliente. En una conversación entre Manuel G. G. Á. y David V. B., el primero le dice al segundo tras un desencuentro: “Porque yo no estoy andando con chocolatinas arriba y abajo, chaval, qué crees que ye esto”.

La peor parte de la sentencia se la lleva Manuel G. G. Á., condenado a una pena de 10 años y 1 día, además de a pagar una multa de 875.723,87 euros. También su hijo ha sido condenado a 3 años de prisión y su mujer a 1 años y 6 meses. Los tres, defendidos por Carlos Villar, habían solicitado la libre absolución. En cambio, David V. B. ha sido condenado a 4 años y 3 meses, con una multa de 3.460 euros, y Amador G. A. y Francisco Á. M. a 4 años. Los tres reconocieron los hechos y recibieron el atenuante de toxicomanía. En total, las penas de toda la banda suman casi 27 años de prisión.

El golpe más importante a la organización llegó cuando se entró el 3 de diciembre de 2020 en la casa de Manuel G. G. Á., donde se hallaron, entre otras muchas cosas, bolsas de plástico llenas de cocaína con inscripciones como “Colombia Valentino”, “Mieres”, “Mella” o “Miguel Cartier”. También cinco placas de hachís con un peso total de casi un kilo. Al final, se incautaron de 6,5 kilos de cocaína, 1 de hachís, 200 gramos de speed, medio kilo de cogollos de marihuana y 97.000 euros.

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