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Veinticinco años dando vueltas a Santullano

Fomento cedió en 1997 a Oviedo la entrada de la “Y” con la idea de proteger San Julián de los Prados y “cerrar la herida” de los barrios

Imagen de San Julián de los Prados en 1998. | LNE

La autopista que conectaría las tres ciudades asturianas, dibujándose sobre el mapa en forma de una “Y” que terminaría dándole nombre, se construyó en los años setenta. En la trama urbana de Oviedo dejó una cicatriz y un flujo de tráfico excesivo a escasos metros de San Julián de los Prados, una de las joyas del Prerrománico. Hace 25 años, el Ministerio de Fomento firmó con el entonces Alcalde, Gabino de Lorenzo, un convenio para ceder la titularidad de la carretera desde Matalablima a General Elorza. El Gobierno central, liderado por José María Aznar, aportaría 500 millones de pesetas para reurbanizar el entorno de un vial que, ya entonces, se consideraba dentro de la trama urbana de la ciudad. Se hablaba en aquellos años de “la gran oportunidad para Santullano”. Se podría, por fin, alejar el tráfico del templo y, aunque no se utilizaba todavía la expresión “coser los barrios”, ya se imaginaba un proyecto al que, a día de hoy, el gobierno local sigue dándole vueltas. Aun así, la iglesia prerrománica sigue separada del casco histórico por los carriles de lo que un día fue una autopista por la que ahora se circula a cincuenta kilómetros por hora.

En 2003, el Gobierno acordó financiar los estudios para construir una losa que cubriese esos viales a su paso frente a San Julián de los Prados. Apenas 100.000 euros para redactar un proyecto que, al final, no se llevó a cabo. El estudio demostró que, bajo la autopista, había cantidades de agua que eran “problemáticas” para cualquier movimiento de tierras. Ese análisis se demostraría poco después cuando unas obras terminarían con el hundimiento de varios edificios del barrio de Ventanielles.

El acuerdo firmado por De Lorenzo y Fomento en el 97 se tradujo en la construcción del enlace del Rubín y Ventanielles. Esta era la primera fase de un convenio que no se terminaría de desbloquear hasta 2007. Todavía gobernando el alcalde popular, el Ayuntamiento y Fomento volvieron a sentarse. El convenio se hizo por fin efectivo y el Gobierno central culminó la cesión de las carreteras nacionales que habían quedado dentro de la trama urbana con el desarrollo de Oviedo. Entre ellas estaban la Ronda Sur, el final de la “Y”, Muñoz Degraín o Hermanos Pidal. Con la nueva firma llegaron los grandes proyectos para el entorno de Santullano.

Un año antes de aquello, el Principado ideó otra losa, esta vez por la glorieta de la Cruz Roja que, hoy, el gobierno quiere convertir en plaza peatonal. El proyecto tampoco se vio, pero De Lorenzo planeó un “a más a más”. El Ayuntamiento encargó ese 2007 –hace 15 años– al despacho de arquitectos Menéndez y Gamonal el desarrollo de la “superlosa”. La gran estructura se haría “en el menor plazo posible” y recuperaría “unos 100.000 metros de espacio público” sobre la entrada de Oviedo. No tardó mucho en llegar la crisis, y el estallido de la burbuja inmobiliaria se llevó por delante un proyecto que iba a costearse con aprovechamientos urbanísticos.

Después llegó Agustín Iglesias Caunedo. Al cerrarse las puertas de la Fábrica de La Vega se abrió una ventana. Se podía desviar el tráfico por los terrenos en los que Santa Bárbara había fabricado obuses y fusiles. El Ayuntamiento le propuso esa idea al Ministerio de Defensa, algo que ahora se repite. Caunedo terminó convocando un concurso de ideas para cerrar la herida de la entrada a Oviedo y parecía que iba a ganar, otra vez, un proyecto que diseñaba una losa. Sin embargo, apareció la asociación Imagina un Bulevar que impugnó la “manipulación” en el proceso. “El discurso de Iglesias Caunedo ha resultado ser una sucesión de frases hechas y de palabras huecas para ocultar su propósito de resucitar el descabellado proyecto de losa de Santullano”, denunciaba en 2014 la organización.

El gobierno volvió a cambiar y, otra vez, las ideas para unir los barrios volvieron a la casilla de salida. El tripartito vio una oportunidad en los fondos Edusi (Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible e Integrado) de la Unión Europea y consiguieron los millones de Europa. La financiación comunitaria buscaba cumplir los llamados “objetivos 2020”. El tripartito acabó encargando un ambicioso proyecto al estudio Bosque y Valle, pero no fue lo suficientemente rápido para empezar unas obras que querían iniciar durante sus años de mandato y el gobierno volvió a cambiar.

La corporación actual decidió enterrar el bulevar del tripartito y de la firma Bosque y Valle y diseñar su propia reforma. La rescisión del contrato con la empresa se justificaba en que el proyecto del tripartito era “inasumible” y PP y Cs decidieron entonces partir el plan en tres, pero manteniendo la cofinanciación europea. Los plazos para cumplir esos “objetivos 2020” estaban sobradamente rebasados, pero Europa dio una prórroga: daría el dinero si los proyectos estaban finalizados y certificados en la nochevieja de 2023.

Así, la actual corporación comenzó la contrarreloj para llevar a buen término su plan, el último de todos los que se vienen dibujando desde hace 25 años. Al Ayuntamiento le quedan para finalizar unas obras que aún no han empezado, menos de 650 días –si se descuentan los dos meses que llevará el preceptivo plan de comunicación que exige la UE– y unas elecciones de por medio. “Los plazos están apretados”, reconocen desde el gobierno. Todavía no hay máquinas en Santullano, ni siquiera están los proyectos que siguen “en fase de redacción”. El más avanzado es la transformación de la glorieta de la Cruz Roja. Tras él, se quiere encargar la construcción de una rotonda a la altura de Ángel Cañedo, que aún no se ha licitado. Al final, se pretende construir un parque en los arcenes de la carretera. Imagina un Bulevar ya ha criticado los diseños y presentado denuncias a Europa y el Ministerio de Hacienda. La solución a San Julián de los Prados no se prevé en el proyecto se vuelve a fiar a un acuerdo por La Vega. Entre los 500 millones de pesetas de Aznar y los 10 millones de euros de los Edusi, han pasado décadas, pero la herida sigue sin cerrarse.

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