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Colas y 12.000 rosquillas para rendir homenaje San Blas en las Pelayas de Oviedo

Las medidas sanitarias limitan el aforo en el día del mártir, pero no impiden que los fieles se acerquen a encomendarse y comprar los dulces

Así se preparan las roquillas de San Blas que triunfan cada año en Oviedo

Así se preparan las roquillas de San Blas que triunfan cada año en Oviedo VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Irma Collín

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Así se preparan las roquillas de San Blas que triunfan cada año en Oviedo Elena G. Díez

Un olor a gloria bendita procedente de las 12.000 rosquillas que las benedictinas elaboraron en sus fogones para conmemorar el 3 de febrero en el monasterio de San Pelayo. Con abundancia de repostería y ánimo positivo comenzaron estas jornadas en memoria del patrón de las afecciones de garganta, al que por culpa del covid habría que rezarle más este año. "Hemos empezado con buen pie y bastantes ventas", aseguró Luisina Castaño, que llevaba despachando dulces desde la nueve de la mañana y colaborando con las religiosas tantos años que "ya perdí la cuenta". Fue su progenitora quien comenzó con una labor que ella continúa en su memoria: "Tiene un significado muy especial", sentenció.  

De legados iba esta jornada de rezos y dulces. Julia Barroso se acercó al monasterio junto a su marido, para que se empapase de una celebración con la que ella ya estaba familiarizada, puesto que trabajó en las inmediaciones del cenobio. “Siempre es una buena ocasión para que alguien más lo conozca y volver a disfrutar de la arquitectura del edificio”, señaló. 

También a Ana Alonso se le amontonaban los recuerdos familiares cuando se acercó al puesto que montaron las hermanas en el zaguán del convento. “Venía con mi abuela cuando era niña”, explicó esta ovetense que no pudo asistir a la misa por incompatibilidad con sus horarios; aunque le habría gustado para mantener una costumbre que inició desde que tiene uso de razón. Quien sí pudo disfrutar de la homilía y además consiguió hacerse con el último asiento disponible debido a la limitación de aforo fue Carmen García. Asistió sola y en memoria de su madre, que inculcó la pasión por el santo del día tanto a ella como a sus hermanas: “Me gustaría darle continuidad a la tradición”, explicó. 

Los fieles se acercan a encomendarse a San Blás E. G. D.

La ceremonia religiosa de las doce del mediodía, oficiada por Marcelino Garay, no pudo replicar las multitudinarias concentraciones de antes de la pandemia, pero contó con diversidad de fieles. Muchos hacían cola a las puertas del templo para poder rendir tributo a la reliquia del mártir. Sin besos pero con encomiendas. María Gómez tenía este día marcado en el calendario, pero un ligero retraso le hizo toparse con la lista de espera: “He tenido que aguardar un poco, pero ahora entraré a pedir mi deseo”, dijo, con un pie ya dentro de la iglesia.  

Mientras, un trasvase continuo de viandantes se movía de las rosquillas al templo y viceversa en un desfile de bolsas. Roció Mañero y Carmen Pérez salían a manos llenas: “Compramos para todo el mundo”, aseguraron estas amigas que comparten las pastas de las monjas con sus seres queridos desde hace más de una década.

La historia de esta celebración se remonta al convento de la Vega, del que las benedictinas tuvieron que trasladarse, junto a los restos de San Blas, debido a la construcción de la fábrica de armas en 1856. Fueron acogidas en las pelayas y desde entonces cada 3 de febrero el calor de los hornos endulza los paladares y reconforta el alma de los creyentes.

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