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Minas, una Escuela que pagaron Oviedo y la Diputación

El Ayuntamiento tuvo que “poner” 10 millones de pesetas en los años 60 para hacer frente a las obras de un edificio que se cedió solo para estudios de ingeniería minera

Una vista aérea del edificio, recién construido, en 1962.

Una vista aérea del edificio, recién construido, en 1962. / Chus Neira

Chus Neira

Chus Neira

En plena polémica por los planes del Rectorado de la Universidad de Oviedo de trasladar los estudios de Minas a Mieres y concentrar en el caserón de Independencia los grados de Ciencia que se apiñan ahora en Llamaquique, la historia del edificio vincula el origen de la Escuela a la ciudad hasta el punto de que fue el propio Ayuntamiento, con sus recursos, el que pagó casi la mitad del coste de las obras, diez millones de un total de algo más de veinte.

La operación, en realidad, la financiaron a escote la Diputación Provincial y el Consistorio, y el Ministerio de Educación, que prometía hacerse cargo de una parte importante de la obra, no llegó a poner más de 3,3 millones de pesetas.

La llegada de Minas a Oviedo, tal y como consta en el expediente que custodia el Archivo Municipal, empieza a fraguarse en una reunión en Madrid del alcalde Fernando Beltrán Rojo con el Ministro de Educación Nacional, aunque su predecesor en el cargo, Alonso de Nora, ya había realizado gestiones previas. En aquel encuentro, en el que participó también la Diputación provincial, se analiza el “establecimiento en Oviedo de una Escuela Especial de Ingenieros de Minas”, se indica que hace falta un acuerdo plenario y se dan cuatro tipos de razones para que Oviedo tenga, por primera vez en España, un centro de este tipo, puesto que la única Escuela de Minas era la de Madrid. La primera es geográfica, explica el resumen del acuerdo. Se citan los “yacimientos mineros importantes en el centro del ocho asturiano”, se destaca ser “punto de confluencia de las cuencas mineras del Nalón y el Caudal y de los centros industriales de Gijón y Avilés” y ser, también, “nodo de comunicación entre ellas y otras cuencas” en desarrollo. El segundo motivo, histórico, justifica que se otorgue este premio a Oviedo por haber sido, junto con Toledo y Teruel, dicen, “adoptadas por el Caudillo”, haberse “sacrificado por España” y ser, por tanto, “ciudad mártir”. En tercer lugar se esgrimen razones docentes, la “centenaria tradición universitaria” y la expansión de estas enseñanzas en la ciudad, pues, como se subraya, se habían cedido al Estado ya 27.566 metros cuadrados con destino a la Facultad de Ciencias, la Escuela Profesional de Comercio, el complejo escolar Gesta de Oviedo, la Escuela de Magisterio y el Instituto Femenino de Enseñanza Media, hoy conocido como el Instituto Aramo. Por último, se dan también razones funcionales, la de que en Oviedo estaba ya el Instituto del Carbón, dependiente ya entonces del CSIC.

Minas, una Escuela que pagaron Oviedo y la Diputación

Minas, en una imagen de los años ochenta. / LNE

Pasaría un año, ya con Valentín Masip en la Alcaldía, a quien se citará años después como uno de los principales impulsores de este proyecto, ya fallecido el regidor, cuando la empresa adjudicataria de las obras suplicaba el pago de los últimos dineros, cuando se retoma el acuerdo con el Ministerio. El plan en ese momento ya está armado y se explica que la Diputación Provincial ofrece “el edificio en construcción en la calle Independencia”. Otro año más, el 17 de diciembre de 1958, el Ministerio de Educación manda al Alcalde las líneas maestras del proyecto de la Escuela. La Diputación cede el edificio ofertado. La Diputación, el Ayuntamiento y las industrias mineras de la región “aportarán hasta 20 millones de pesetas para las obras de adaptación y terminación del edificio”, cantidad que se abonará en dos anualidades, en 1959 y 1960. El Ministerio dice que se hará cargo de los sobrecostes.

Esos 20 millones eran inicialmente un máximo, aunque luego acabarán pareciendo una exigencia, por más que en los primeros planes del municipio la idea era pagar 7 millones, 3,5 el primer año y otros tantos el segundo. El 28 de enero de 1959, un pleno de la Diputación Provincial justifica la cesión del edificio al Ministerio por los fines que se persiguen en beneficio de los habitantes de la provincia: “Adquirir una cultura superior y obtener un prestigioso título profesional, con todas las consecuencias beneficiosas que se desprenden de un centro de esta naturaleza”. Pero la cesión tiene alguna condición. Se cede “en propiedad a título lucrativo y se condiciona a su aceptación y a que sea destinado el edificio y terrenos cedidos a la instalación de una Escuela de Ingenieros de Minas”. También se da de plazo cinco años para construirla y 30 como el tiempo en que “deberá mantenerse su destino”.

Las obras se adjudican en enero de 1960 a la empresa Inducosa y a partir de ahí el expediente son reclamaciones constantes de dinero para que la obra finalice. Las clases, de hecho, empezaron con el edificio en precario el 10 de octubre de 1960, pero la Escuela tardaría al menos un par de años en quedar rematada. En 1963 todavía estaban discutiendo por 100.000 pesetas y el Ayuntamiento preguntaba por los pagos de las empresas, a lo que el Ministerio le contestaba que eso eran gestiones que la Diputación y la Corporación deberían haber gestionado.

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