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Las Andarinas, una asociación ovetense de veteranas echadas al monte

La agrupación femenina vinculada al grupo Vetusta lleva seis décadas organizando todos los miércoles excursiones por la región

De izquierda a derecha, Tita González, Carmen González, Rosa arenas, Mari González, Flor Méndez, Estrella Pintado, Berni Díez, Ana Valdés, Nieves Herreros, Ana Asensio, Emilia Marcos, Mari Luz Rodríguez, Julia Sánchez, Margarita Sánchez, Pili Montoto, Mari Vázquez, Mari Cruz Hernández y Asunción Caunedo

Una prescripción médica fue el inicio de todo. La recomendación de caminar para ganar en salud llevó a las hermanas Mari y Tita González a crear en el año 2000 una asociación, Las Andarinas, que logró perpetuar la participación femenina en el club de montaña Vetusta. El hueco ya lo habían abierto algunas de las integrantes hacía más de medio siglo. “Nos dijeron que no nos estaba permitida la entrada, pero nos dio igual y acudimos a inscribirnos. Desde entonces aquí seguimos ampliando”, cuenta Tita en la sede del grupo, que se encuentra en la calle Viaducto del Ingeniero Marquina. No solo consiguieron asentarse en Vetusta: Tita llegó a ser la primera y única presidenta del club. El grupo de caminantes siempre tuvo claro que sus inquietudes iban más allá de la supeditación hacia las reglas del mundo masculino, una idea que cada vez fue ganando más adeptas. Comenzaron a organizar excursiones cada miércoles, y así pasaron dos décadas, recorriendo casi un millar de caminos y otras tantas historias. 

“Hemos vivido tantas cosas...”, afirman las dieciocho integrantes reunidas a iniciativa de LA NUEVA ESPAÑA, en una época en que ya disfrutan de la jubilación. No hay líderes, sentencian; cada una tiene un papel fundamental y todas las semanas se pasan el testigo para planear la siguiente ruta. “La encargada de llevar a cabo el planning tiene que buscar un lugar que albergue algo de interés cultural y hacer de guía para el resto”, explica Margarita Sánchez. Recuerdan que la primera salida fue a escasos metros de sus hogares: la inauguración del Tartiere. Y les pareció tan interesante la propuesta que se preguntaron: “¿Qué vamos a hacer el próximo miércoles?” Fueron al Naranco.

Entre un montón de fotos, archivos y vídeos hay vivencias que les resulta casi imposible enumerar. Algunas incluso, llegaron a participar en la caminata que hacían los Reyes Magos hasta los pueblos sin carretera. “Jamás se me olvidará que una señora de 80 años nos dijo: ‘¡Quién me iba a decir que a mi edad aún podría conocer a los Reyes!’. Era una actividad muy reconfortante”, sostiene Mari González. Mas esa veteranía hizo que cogieran ideas de reuniones, convivencias, terriotorios y gentes para trasladarlas a las Andarinas. “Esa es una de las mejores partes, todas las personas y lugares interesantes que hemos conocido durante las caminatas”, dice Ana Valdés.

Aunque en ocasiones las han confundido con miembros del Imserso o asistentes a un funeral, reconocen entre risas. “También nos preguntan a veces si lo que hacemos son clases de bailes de salón”, dice Mari Luz Rodríguez. “La gente nos consideraba mayores”, recuerda Pili Montoto, y añade: “¡Anda que si nos ven ahora...!”. Que no engañe la edad de estas experimentadas montañeras: son capaces de recorrer hasta 20 kilómetros sin despeinarse e, incluso a veces, cargadas de alhajas. 

Emilia Marcos es muy presumida, y en sus comienzos como andarina asistía a las excursiones acompañada de sus joyas, hasta que un día el resto se puso de acuerdo para aparecer también repletas de collares, y entonces cambió las sortijas por una buena mochila: “Cogí un trauma que ni te imaginas”, rememora entre carcajadas. Anécdotas como esta van desfilando por el salón de actos de la asociación: la odisea para coger los primeros medios de transporte(“Nos costó entender el mecanismo del botón del tren”); el olvido de material y bastones en algún pueblo perdido; la obligación de llevar a cada reunión una bolsa de caramelos y en las ocasiones especiales, galletas... Hasta la elaboración de camisetas emblemáticas. 

No solo son un club de montaña: se trata de un variopinto grupo de buenas amigas que disfrutan de respirar aire puro al alejarse de la rutina y de poder mostrarse sin filtros. “A cierta edad dices cosas que antes solo pensabas y no te atrevías a verbalizar”, reconoce Nieves Herreros. “Además el efecto del grupo ampara”, añaden las demás. Nunca discuten, porque los temas polémicos se quedan en casa. 

“Ya podía mi abuela ser como vosotras”, es una de las frases que más han escuchado durante sus correrías. Pero todas las abuelas, o cualquier mujer, son bienvenidas a sus filas. Eso sí, hay algunos requisitos: ¡estar cargada de alegría y llegar con muchas ganas de “pisar prao”.

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