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La Corredoria se los lleva al huerto

Los arrendatarios de las 74 parcelas municipales de labranza acuden cada día a la labor: "Sin esto se me caería la casa encima"

Huertos urbanos: un oasis en el barrio

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VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Fernando Rodríguez

Los huertos de La Corredoria se han convertido en un oasis de 50 metros cuadrados para quienes los cosechan. Las 74 parcelas licitadas por el Ayuntamiento cuentan con propietarios que acuden casi a diario para confraternizar y alejarse del ritmo frenético de la ciudad. Parejas jóvenes y jubilados coinciden en estos terrenos donde afloran numerosas frutas y verduras. “Si no fuera por mi huerto no sé que haría cada día, se me caería la casa encima", confiesa Benito Salgado, usuario veterano desde el comienzo de la iniciativa. 

Desde hace ocho años, el Consistorio saca a sorteo público estos terrenos, por un periodo de cuatro años. Cualquiera que cumpla los tres requisitos básicos puede disfrutar de su cultivo urbano: estar empadronado en Oviedo, ser mayor de edad y encontrarse al corriente de las obligaciones tributarias con la administración. Los improvisados hortelanos cosechan consejos unos de otros y recogen con orgullo los productos que un día fueron semillas. “Cada uno hace con su espacio lo que quiera”, explica Mario Parrondo, vecino del barrio y usuario desde hace cuatro años.

Todos cuentan con toma de agua y caseta de aperos donde dejar las herramientas de labranza. Algunos han construido invernaderos, como Keti Sánchez y Eugenio Torres que, como el resto de los allí presentes, ya están con la vista puesta en la radiante primavera. “Hemos venido a plantar los tomates y pimientos que tenemos preparados”, ilustran mientras esparcen posos de café. “Es uno de los mejores abonos”, dicen. Para ellos, la sensación de “mancharse las manos de tierra” es lo más reconfortante. “Solo con el canto que se escucha de los pájaros ya soy feliz”, asegura Guillermo Prieto, que prepara guisantes y fresas. 

Hay quienes solicitaron este pedacito de paz por añoranza: “Muchos hemos tenidos huertas en el pueblo u otros campos de cultivo”. Plácido González es natural de Bobes (Siero) y la artrosis le impidió continuar trabajando los extensos terrenos de los que disponía. “Mi hijo me embarcó en este proyecto y aquí estoy”, cuenta rodeado de lechugas roble y batavia. Su bisabuela nació en La Corredoria y él esta satisfecho de “contar con una porción de sus orígenes”.

Por lo tanto, no son solo los naturales productos que obtienen, lo que les ata a la actividad: “Es una cuestión de entretenimiento y compañerismo”. Las horas que invierten en este área junto a la conocida como “ruta del colesterol”, hace que cojan confianza y compartan experiencias. “Así uno tiene con quien hablar”, aseguran. Cada uno de procedencia y gustos diversos, con o sin madreñas ­–María Soledad Bento no se las pone porque se ha acostumbrado a “andar en plano”, bromea–, pero siempre semillero en mano, como hace Modesto Álvarez. Además, son conocedores de la materia que comen y desahogan la cesta de la compra. “Evitamos ese olor a plástica de las frutas comerciales, mi casa huele a manzanas de verdad”, concluye Salgado. 

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