Crítica / Música
La OSPA luce sus colores
Magnífica velada de la sinfónica asturiana, con especial brillantez de las cuerdas y el viento

Jordi Francés, el viernes, al frente de la OSPA. | Irma Collín / Alicia Pajón
En el concierto que ofreció el viernes, la OSPA nos volvió a mostrar su mejor sonoridad y compromiso musical. Los músicos se conjugaron para brindar una magnifica velada sinfónica donde las cuerdas, apoyadas en una excelente prestación de los primeros violines bajo la dirección de la concertina invitada, Marina Gurdzhiya, y el grupo de viento madera destacaron, aunque el resto también estuvo a gran nivel y supo dar lo mejor de sí en cada momento. Incluso los alumnos del Conservatorio se sumaron a esta fiesta sonora en la segunda parte, comandada por Jordi Francés, que imprimió una alta dosis de energía y carácter a cada interpretación.
Abrió el concierto la obra ganadora del X Premio de Composición de la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas de la Fundación BBVA, Alén, de Eduardo Soutullo. Alén significa en gallego más allá, a lo lejos, un lugar de leyenda al que el compositor nos transporta ya desde los primeros compases. Soutullo muestra un interesante manejo de las texturas, a las que sabe impregnar de sonoridades y trazos melódicos evocadores, consiguiendo que los instrumentos se integren para crear una composición evocadora y sutil sustentada en el murmullo de las cuerdas y en la que los vientos toman un papel protagónico. Se crea entonces una atmósfera que no deja de sorprender a lo largo de toda la pieza y en su abrupto final.
Tras esta composición, la pianista Alba Ventura ofreció una espléndida interpretación del Concierto para Piano nº 3 de Prokofiev. Supo encontrar calidez y brillantez en los diferentes momentos que propone la partitura del compositor ruso, algo a lo que la orquesta y la batuta de Francés supieron acompañar y destacar. Gracias a un primer movimiento, particularmente enérgico, la solista supo atrapar al público y conducirlo a través de las múltiples facetas expresivas y pianísticas que el compositor ideó para su propio lucimiento. El público agradeció a Ventura su calidad interpretativa con una más que cálida ovación a lo que ella respondió con una de las Visiones fugitivas de Prokofiev en forma de propina.
En la sinfonía Mathis der Maler de Hindemith que cerró la velada, la orquesta demostró su rigurosidad y capacidad interpretativa. El empaste instrumental y la acertada dirección presentaron esta música luminosa y colorida con la que Hindemith pretendió representar una metáfora del retablo de Isenheim de Mathis Grünewald. La OSPA consiguió ofrecer una sólida interpretación de la pieza del alemán en la que, en diferentes momentos, destacaron el ajustado diálogo contrapuntístico de las cuerdas, la calidez y precisa sonoridad del viento madera y la brillantez y contundencia sonora del viento metal y la percusión. Sin duda, una sonoridad que dejó con ganas de más, como lo demostró un público entusiasta que no escatimó en aplausos.
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