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La familia de la joven asesinada en Oviedo, un matrimonio que llegó Asturias hace más de dos décadas

Conmoción entre las monjas con las que trabaja la madre de Erika: "Era una niña estudiosa y tranquila que jamás se metía en problemas"

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La Hermana Alicia Fernández junto al primo y al tío de la fallecida. Pablo Solares

Los padres de Erika Yunga Alvarado, la víctima del crimen de Vázquez de Mella, llegaron hace más de dos décadas a Asturias, procedentes de Ecuador. René Yunga y Alba Alvarado desembarcaron en la región “endeudados, sin papeles, sin amigos, sin conocidos, sin alguien que te eche una mano”, según ellos mismos relataban, siete años atrás, en “Esta Hora”, semanario de información del Arzobispado. De firmes creencias religiosas, el matrimonio acudió a la casa de las religiosas de María Inmaculada, donde encontraron un apoyo crucial en la Hermana Alicia, de la que Alba A. aseguraba que “ha sido como una madre para mí”. La religiosa ayudó a los dos inmigrantes a encontrar trabajo. Eso les permitió asentarse definitivamente en la región y ampliar su familia: el matrimonio, que había llegado a Oviedo ya con un hijo, tuvo otros dos en Asturias, entre ellos a Erika. Con los años, el matrimonio quiso devolver parte de la ayuda que recibió al llegar a Asturias, y ambos se incorporaron a un grupo de voluntarios de la Secretaría de Pastoral de Inmigrantes de la diócesis de Oviedo, donde ayudaban a otros extranjeros llegados a la región a encontrar trabajo.

Una familia con fuertes vínculos religiosos

La muerte de Erika, la víctima del crimen de Vallobín, cayó como un jarro de agua fría en la recepción de las Religiosas de María Inmaculada de Oviedo. Allí es donde su madre, Alba Alvarado, trabaja como recepcionista desde hace más de una década, y justo allí se encontraba cuando el teléfono anunció la peor de las noticias. Algunas de las hermanas de la congregación no dudaron en movilizarse hasta el lugar del suceso para arropar a familiares y amigos poco tiempo después de que un vecino acabase presuntamente con la vida de la menor a cuchilladas.

Alicia Fernández, la encargada de las labores sociales de esta institución, fundada en el siglo XIX, tenía una relación estrecha con los padres y hermanos de la víctima desde su llegada a la ciudad, hace años: “Emigraron hace mucho tiempo, Erika nació aquí”, ilustran desde la congregación . La comunidad religiosa se encarga de acoger y formar en el ámbito doméstico a mujeres en situación de vulnerabilidad; la familia de la joven que llegó desde Ecuador a Asturias con dificultades económicas y sociales encontró cobijo en la labor de las monjas. “Siempre han participado en las actividades y jornadas del centro”, cuenta una de las Hermanas. Además, la progenitora ayuda a Fernández como coordinadora en la organización de labores y el trabajo de su despacho: “Tenían mucha relación”.

El ambiente entre las hermanas es de consternación y gran incredulidad ante este violento episodio que nada tiene que ver con el carácter tranquilo y bondadoso de la familia, tal como lo describen. “Son muy trabajadores y Erika era una niña tranquila y estudiosa. Jamás se metía en problemas”, afirman con tristeza.

También lamentan el duro golpe que acarreará el episodio, porque si ya se trata de un hecho traumático en cualquier entorno, lo es aún más en “una familia tan unida” como la de Vallobín: “Son todos muy buenas personas”. Hoy, la capilla ardiente se instalará en la sede de las Religiosas de María Inmaculada.

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