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La madrina de Erika asegura que la niña no conocía a su agresor: "Era muy estudiosa y se relacionaba con gente de su edad"

La monja Alicia Fernández ayudó a la familia de la víctima cuando llegaron a España y asegura que son "gente muy tranquila, trabajadora y educada"

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La monja Alicia Fernández, ha sido una guía espiritual y vital para la familia de Erika Yunga, la menor asesinada el martes en Vallobín. Cuando los progenitores se la menor llegaron a España buscaron refugio en las puertas de las hermanas de María Inmaculada, que les acogieron en un piso tutelado y les ayudaron a encontrar un puesto de trabajo. “Son cumplidores y salieron adelante”. Tal fue la unión que la madre, Alba Alvarado, acabo trabajando como recepcionista de la residencia femenina hace al menos 15 años. “Siempre recibe a la gente con una sonrisa”, cuenta Fernández, que hasta el momento es la encargada de labores sociales del centro encargado de ayudar a mujeres en situación de vulnerabilidad. Al poco tiempo nació Erika y la hermana fue nombrada su madrina en el bautizo. Un papel con el que cumplió hasta el último día de vida de la víctima: “En marzo fue su cumpleaños. Le regalé un libro y un angelito”.

Desde pequeña, Erika participó en casi todas las actividades relacionadas con el centro y tanto ella como sus allegados mostraban un mensaje de paz y esperanza a otros inmigrantes que necesitaban un hombro en el que apoyarse, ya que también colaboraban en labores del secretariado. “Son gente muy tranquila, trabajadora y educada”, describe Fernández. Y añade consternada: “No me explico cómo ha podido pasar. Esto no es cosa del mal”.

Ella se encontraba con la progenitora cuando recibió la impactante noticia. “Me llamó desde la recepción al despacho para decirme que le habían avisado y creía que había pasado algo con Erika”. Cuando se presentaron en el domicilio, los temores se convirtieron en realidad. Ahora, la comunidad está consternada y han cedido un espacio en su panteón en San Salvador para que la joven sea enterrada.

Sobre el presunto asesino, un vecino del edificio, asegura que no saben nada: “No se conocían. Erika era una niña estudiosa, iba al colegio y se relacionaba con gente de su edad”.

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