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Dos pianos en armonía plena en el Auditorio

Martha Argerich y Nelson Goerner regalaron un gran concierto al público ovetense, que reaccionó con entusiasmo

Martha Argerich y Nelson Goerner, anoche, en el Auditorio. | Miki López

Pocas veces tiene el público ovetense la oportunidad de enfrentarse a una figura del calibre de Martha Argerich. La argentina, nacionalizada suiza, está a sus 80 años en esa fina frontera que separa a la estrella del mito viviente. Por eso, su retorno a Oviedo era esperado con ilusión por los melómanos, que habían marcado en rojo la cita de ayer, un concierto extraordinario dentro de las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni” que organiza la Fundación Municipal de Cultura. Y porque es una grande, la Argerich no defraudó.

Goerner y Argerich saludan al público. | Miki López

La puesta en escena fue sobria: dos pianos enfrentados, con Argerich a la izquierda, a vista de público, y Nelson Goerner a la derecha. Pero no era este un duelo de teclistas en la Alta Sierra ni nada por el estilo: lo que destilaron los dos porteños fue una complicidad irreductible.

El publico del Auditorio, que registró una muy nutrida asistencia, disfrutó con la enorme química y compenetración que había entre los dos intérpretes. El concierto, de hecho, fue de menos a más, destacando siempre la absoluta precisión con la que Goerner y Argerich interpretaron los diferentes dúos de piano, de tal maneta que en no pocas ocasiones parecía que había un único instrumento sobre el escenario.

Argerich y Goerner operaron un cambio en el programa: en lugar de interpretar primero Mozart y luego Debussy lo hicieron al revés. El resultado fue un “crecendo” continuo a partir de “En blanc et noir” de Debussy, una pieza dura, triste, que lleva al oyente a un lugar doloroso. Luego llegó la brillante “Sonata para dos pianos en re mayor” de Mozart. Y el final, apoteósico, quedó para las “Danzas sinfónicas para dos pianos” de Rajmaninov, con una interpretación muy potente y viva por parte de los pianistas. El público lo noto y respondió con aplausos a la altura, con una calidez extraordinaria. Un entusiasmo que Argerich y Goerner percibieron con nitidez, lo que les llevó a regalar no uno, sino nada menos que dos bises a un público agradecido.

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