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El deán de la Catedral fija para mediados de julio el inicio de las visitas a la torre

Canteli inaugura la plaza de Benito Gallego, que celebra el homenaje, junto a su familia y amigos, como un reconocimiento a todo el cabildo

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El deán de la Catedral de Oviedo ya está en el callejero: así fue la inauguración de la plaza Benito Gallego Jaime Casanova

El homenaje al deán de la Catedral de Oviedo, Benito Gallego Casado, fue, ayer un reconocimiento a la Catedral. Así lo quiso el propio sacerdote leonés, un ovetense más después de 47 años en la ciudad, y así lo quiso también el calendario, pues la inauguración de la plaza que lleva ya su nombre, en la confluencia de las calles Goya y Asensio Bretones, coincidió con las obras para la mejora de los accesos a la torre del templo del Salvador. El deán aprovechó el homenaje para anunciar que a mediados de julio, si todo marcha como está previsto, podrá empezar ese nuevo programa turístico que permitirá entre cuatro y cinco visitas al día a la parte más alta de la Catedral de Oviedo.

De momento, señaló Benito Gallego, las obras han empezado a dejar algunos resultados, como “unas campanas perfectamente limpias”. Las obras de adecuación de la subida a la torre gótica, que dirige de nuevo el arquitecto Jorge Hevia, responsable de llevar a cabo todo el Plan Director del templo, se inscribe también dentro de este programa, y a él se refirió el deán en el momento de desvelar la placa con su nombre en la citada plaza.

“Entiendo esto no como un reconocimiento a mi persona”, declaró Benito Gallego, “sino como cabeza visible de un equipo que es el cabildo, también a los arquitectos Jorge Hevia y a Manuel Fernández, a todos los que desde 1996 hasta ahora han desarrollado el plan director, al equipo de empleados de la Catedral y a la gente que con su generosidad han convertido el templo en un motivo de orgullo para Oviedo”

Durante 1.200 años, resumió el sacerdote, “la ciudad ha estado siempre cerca del templo, y querer bien a la Catedral es querer bien a Asturias”.

Junto al alcalde Canteli y con una reproducción de la placa.

Alrededor de la plaza se le juntaron ayer al deán de la Catedral no solo el Alcalde Canteli, también toda la familia de su Villamoratiel de Las Matas natal, aunque buena parte de ella afincada también en Oviedo. Estuvieron todos los hermanos: María Antonia, Bernarda, Nicolás y Francisco Gallego. Sobrinos, primos y demás familias. Sacerdotes como José Antonio Gómez Haces, miembros de la cofradía de Los Estudiantes, personal de la Catedral y el equipo de arquitectos que ahora mismo están llevando a cabo las obras.

Alfredo Canteli destacó la necesidad de ofrecer un reconocimiento a una personas que lleva “47 años en Oviedo mirando por esa joya”. De Benito Gallego dijo que es “una persona ejemplar en todos los aspectos”, a cuya familia veía “feliz y orgullosa de que tenga un reconocimiento en esta plaza”. También se felicitó por la buena marcha de los trabajos para poder ofrecer visitas a la torre de forma constante, una intervención que financia el Ayuntamiento de Oviedo y que se suma, así, a las administraciones que han participado en el Plan Director.

El deán de la Catedral, reticente al aplauso personal explicaba, para despedirse, que su felicidad era la de los suyos: “Yo gozo más con el gozo de ellos”, reflexionaba, “es más por la alegría que tienen mis amigos y mi familia que la que pueda tener yo mismo”.

“Vecino” de Tarancón en el callejero, y su acompañante en 1964


Benito Gallego Casado se siente ovetense y asturiano después de 47 años en la ciudad. Los cumplirá en diciembre, el mes en el que llegó a Oviedo para hacer la oposición de penitenciario, tal y como se hacía entonces según el derecho canónico. Fue del 3 al 13 de diciembre de 1975, despidiéndose, después, de su destino anterior, en Santa María del Páramo. Los años en la ciudad le llevaron no solo por la Catedral, donde a su condición de penitenciario sumó la de fabriquero (responsable de la administración económica) a partir de 1994 y, finalmente, la de deán, desde 2010. Aquí también ejerció la docencia, en el colegio Hispania, hasta que se cerró, y después en Peña Ubiña y Los Robles, donde se jubiló, como profesor, en el año 2007. Fue y sigue siendo vecino del casco viejo de Oviedo. Después de residir inicialmente en la casa sacerdotal, se mudó a un piso en el Rosal de la parroquia de San Isidoro, luego en la Magdalena y ahora en Juan XXIII, en un piso de su hermana Bernarda, con la que vive en la actualidad. La plaza de Benito Gallego está a pocos metros de la plaza que lleva el nombre del Cardenal Tarancón, en medio de la Ronda Sur. Vecinos de callejero, Benito Gallego contaba ayer que coincidió con Tarancón cuando este era arzobispo de Oviedo, en el año 1964, y él todavía no se había ordenado. “Fue en un congreso eucarístico, los seminaristas mayores se encargaban de los obispos y yo acompañé a Tarancón. Recuerdo que lo pasamos muy bien pero fumaba mucho. Esos días me dio orientaciones muy aprovechables que luego he ido confirmando a lo largo de mi vida”.

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