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Celso Gómez Argüelles y el Oviedo de hace un siglo

Una exposición del Arqueológico rescata la mirada sobre la capital de uno de los padres del montañismo asturiano

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Celso Gómez Argüelles y el Oviedo de hace un siglo

Se puede decir que su buen ojo se lo debía a la tuberculosis. Para evitar esta enfermedad, Celso Gómez Argüelles (Oviedo, 1880-1960) y su hermano pasaron desde niños sus veranos en Pajares, donde se aficionaron a la montaña, el excursionismo y, de ahí, a la fotografía. Soltero hasta su fallecimiento, diputado provincial entre 1915 y 1924, miembro del Partido Reformista de Melquiades Álvarez, Gómez Argüelles, procurador de profesión, ha pasado a la historia regional “por haber sido uno de los padres del montañismo asturiano y uno de los ‘descubridores’ de los Picos de Europa”, indica Juaco López, director del Muséu del Pueblu d’Asturies, de cuyos fondos se nutre la exposición “Asturias en 3D (1890-1937)”, que estos días se puede disfrutar en el Museo Arqueológico de Asturias, en Oviedo. En esa muestra de fotografías estereoscópicas, comisariada de por José Castellano, puede contemplarse un audiovisual hecho a partir de la obra de Gómez Argüelles. Es una mirada llena de viveza al Oviedo de hace justo un siglo.

Contaban que Gómez Argüelles era un montañero puntilloso, ameno conversador, que “hacía sus excursiones envuelto en una amplia capa en cuyo reverso portaba multitud de adminículos más o menos necesarios: cordones para las botas, bramantes, botones, agujas enhebradas con hilo adecuado, tijeras, alambre, alicates y cosas por el estilo”. Recorrió la Asturias natural con su pequeña y robusta cámara Veráscopo o Verascope, diseñada por el francés Jules Richard, pero también puso su objetivo sobre Oviedo, ciudad en la que residió hasta su muerte, en el segundo piso del número 3 de la calle Pelayo, frente al teatro Campoamor, como detalla Juaco López. De hecho, sus primeras imágenes, de 1909, fueron tomadas en la Feria de la Ascensión. También las últimas, que hizo en 1937 (fortificaciones de la guerra y viviendas destruidas), las tomó en Oviedo. Tras la contienda civil colgó la cámara. “Sus fotografías constituyen un magnífico testimonio para conocer cómo era Asturias en aquellas primeras décadas del siglo XX. Fotografiaba sobre todo pueblos y paisajes rurales, espacios de montaña, villas asturianas, reuniones con amigos y la ciudad de Oviedo”, subraya del director del Muséu del Pueblu d’Asturies.

En estas dos páginas se muestran algunas de sus mejores instantáneas de la capital. En una de ellas, por ejemplo, aparece el polémico derribo de los Pilares, el acueducto construido en el siglo XVI. También se ven interiores del hospicio, hoy Hotel de la Reconquista. “Los que le conocieron recuerdan que en su casa siempre tenía dispuesto el visor de fotografías estereoscópicas para enseñárselas a los niños y a los amigos que lo visitaban”, apunta Juaco López.

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