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Éric Vu-An Director artístico del Ballet Nice-Méditerranée, que actúa el viernes 20 de mayo en el Festival Danza Oviedo con “Don Quijote”

“Hay que saber atraer a los jóvenes, a la danza llegan con curiosidad y salen impresionados”

“Excelencia y mestizaje son palabras clave para mí, encarnan mi carrera internacional y representan mis orígenes europeos, vietnamitas y africanos”

Éric Vu-An. LNE

Éric Vu-An (París, 1964) ingresó con diez años en la a Escuela de Ballet de la Ópera de París y a los 15 debutó en los escenarios. A lo largo de su carrera, primero como bailarín y luego como coreógrafo, ha colaborado con grandes personalidades de la danza, empezando por Rudolf Nureyev. Su encuentro con Maurice Béjart, que creó para él muchos papeles, fue crucial en su carrera como bailarín. Vu-An ha dirigido el Ballet del Grand Théâtre de Burdeos, el Teatro de la Ópera de Avignon, el Ballet Nacional de Marsella y desde 2009 el Ballet Nice-Méditerranée, que el viernes, 20 de mayo, retoma su actividad internacional en el teatro Campoamor con la representación de “Don Quijote” en el Festival Danza Oviedo, a las 20.00 horas y con la orquesta Oviedo Filarmonía en el foso. 

–¿Aún se puede crear algo nuevo a partir de una historia tan universal y revisitada como la del Quijote?

–¡Las obras maestras son obras maestras! Su mensaje universal atraviesa los siglos gracias a su atemporalidad. La humanidad del personaje de Don Quijote toca a todas las generaciones: la sublime búsqueda de un amor, un ideal, la persecución de un sueño, los obstáculos y batallas en el camino de la vida... Cervantes no necesita que se haga “algo nuevo” con su obra. El ballet todavía impresiona por su tecnicismo y las cualidades de interpretación requeridas. Es un himno a la juventud protagonizado por los personajes de Kitri y Basile. Lo inédito de esta coreografía es la presencia de Dulcinea, que adquiere toda la importancia que el personaje tiene a los ojos de Don Quijote.

–¿Percibe interés entre los jóvenes por la danza?

–Por un lado están los artistas, y las clases de baile siempre están llenas. Tenemos mucha demanda de jóvenes aprendices que quieren participar en nuestras producciones, de Europa y de fuera de Europa, y me hace muy feliz ayudarlos en su evolución en el entorno profesional y facilitarles su primera experiencia como profesionales. Por otra parte está el público; el público joven tiene interés por todo, pero hay que saber atraerlo. Nosotros diversificamos los programas tanto como nos es posible y tenemos uno, “Entrez dans la danse” (“Entrad en la danza”), que recorre diferentes universos coreográficos y musicales, y también diversificamos espacios, con actuaciones en el Conservatorio, al aire libre, en las salas de teatro…  

–¿El público se renueva?

–Desde que dirijo la compañía, cada temporada tenemos más representaciones. Ofrecemos repeticiones abiertas a los jóvenes y a los niños. Llegan con curiosidad y salen impresionados. En cuanto vienen una vez, todos piensan en regresar. Hay que contar tanto con grandes coreógrafos de renombre internacional como con jóvenes coreógrafos, esto suscita el interés de un público muy diverso. Nosotros organizamos clases de danza al aire libre, con fragmentos de ballets y debates entre el público y los artistas, gratis y sin reserva.

–¿Qué cualidades debe tener un buen bailarín?

–Para empezar, pasión; las cualidades estéticas y físicas que requiere la danza y musicalidad, que es la que marca la diferencia.

–Tras la etapa crítica del covid, ¿han recobrado la actividad normal?

–A nivel nacional sí, a nivel internacional comenzamos a girar en Oviedo y estamos muy felices. Nuestra próxima tournée es en julio, en Italia, concretamente en Cagliari, en la isla de Cerdeña.

–¿Qué efecto ha tenido la pandemia en la danza?

–Como en todas las grandes crisis, el arte es a la vez un espejo y una salida. Los bailarines de la compañía siguieron entrenando en casa, fueron ejemplares y pudieron volver a su mejor nivel muy rápido. ¡El reencuentro con el público fue fantástico! De esto ha surgido otra forma de trabajo, una complicidad y así han nacido varias coreografías hechas por los propios bailarines. 

–Tiene entre manos un espectáculo, “Black Dances Matter “. ¿En qué consiste ?

–Excelencia y mestizaje son palabras claves para mí, son la encarnación de mi carrera internacional y la representación de mis orígenes europeos, vietnamitas y africanos. Quería hacer un programa que rindiera homenaje a los artistas negros que han marcado las historias de la danza. Hice una coreografía,“Eden”, sobre la música de “Euridice y Orfeo” de Christoph Willibald Gluck, que es una oda a la tolerancia y el amor universal. Continua con «Chaka», de Maurice Béjart, en la que se reencuentra con sus orígenes africanos –la abuela de Béjart era senegalesa–, y sigue con creaciones de Dwight Rhoden, Alvin Ailey… “Black Dances Matter” ha tenido un gran éxito en Niza.

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